jueves, 16 de agosto de 2012

Bikinis







Esta historia que les cuento sucedió en un tórrido verano de los años sesenta del pasado siglo en un país del sur de Europa llamado España.
El padre Glorialdo, septuagenario sacerdote ensotanado, fue a hacer su habitual caminata por el paseo de la playa y se llevó un susto morrocotudo: sobre la arena había dos mujeres casi desnudas!
Nadie fue capaz de convencerle que aquello era una moda procedente de Europa y que las prendas mínimas que cubrían mínimamente el cuerpo de aquellas mujeres formaban una unidad llamada bikini.
- No puedo detenerlas, padre, eso está autorizado - le dijo el cabo Modesto, que era el que mandaba en el cuartelillo de la guardia civil - El gobierno quiere que vengan turistas, traen dinerito, y las turistas se ponen bikinis en la playa.
- Qué horror, a dónde ha ido a parar la decencia!... Esto ha dejado de ser la España de la Gloriosa Cruzada! - se quejó el venerable sacerdote. Y en los siguientes días, para desquitarse, se mostró más inquisidor que nunca en su cruzada particular de censurar metros y metros de las películas que llegaban al cine local, una potestad que aún gozarían unos cuantos años más los párrocos de los pueblos. Y al mismo tiempo pasó por varios bares arrancando los calendarios que mostraban mujeres en traje de baño. "También las hay en bikini, Cielo Santo!"
El cabo Modesto le dejaba hacer porque sabía que los pueblerinos le respetaban y porque le quedaban ya pocos telediarios. Además, al cabo Modesto le gustaban mucho las mujeres en bikini. Era un progresista!
Y en la playa, a medida que avanzaba el verano, aumentaba el número de bikinis. Constató horrorizado, cierta mañana sabatina, que ya sumaban siete las mujeres con bikini. "Siete hijas de Satanás!" Y se horrorizó mucho más al comprobar que una de ellas era su sobrina Felisín, la hija de Obdulia.
Aquella tarde acudió a confesarse la beata oficial del pueblo, Doña Anunciata.
- Ave María Purísima.
- Sin pecado concebida, hija. Qué pecados tienes?
Era una pregunta tonta porque ya se la sabía de memoria, pero en esta ocasión hubo sorpresa.
- Padre, me siento avergonzada y arrepentidísima. Ayer estaba sola en casa y cometí un pecado muy gordo contra el sexto mandamiento.
"Caray! - se dijo para sus adentros - esta mujer está desvariando"
- Me puse el bikini de mi nieta para ver qué tal me sentaba.
La sentaba como a Ghandi un kalashnikov porque el bikini es para llevarlo con tetas, pero el padre Glorialdo se escandalizó y la puso una penitencia muy gorda: rezar el Rosario en la playa al mediodía, cuando más apretaba el sol.
Mediado el mes de Agosto se contaban catorce mujeres en bikini sobre la arena caliente de aquella playa degenerada.
El sufriente padre empezó a sentirse mal y tuvo que ser internado. Falleció una semana después y fue muy llorado por toda la gente mayor, pero en el funeral apenas hubo mujeres jóvenes.
Ese día, en la playa, se podían contar, hasta veintiuna mujeres en bikini.
                                                               

                                                Fin

( Directamente de fábrica al consumidor, sin pasar por el archivo intermediario)               

8 comentarios:

  1. Usted y sus archivos tienen una relación de amor-odio inquietante, je je je...

    Igual el cura la palmó de tanto hacerse pajas. O fue la visión mental de Doña Anunciata en bikini, ¡juas juas!

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  2. A lo mejor, ja,ja,ja,ja!
    Ahora recuerdo la escena aquella de una peli de Berlanga de la saga La Escopeta Nacional. El cura preconciliar a las órdenes del marqués, interpretado por Agustín González, estaba presenciando "escandalizado" La Corte del Faraón, diciendo que no había derecho a tanta obscenidad y tal y cual, y de pronto exclama: "Pero si hasta yo mismo tengo una erección!" De lo mejorcito del tandem Azcona-Berlanga.

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  3. Muchas gracias, Atonau, eres el primero que tiene en cuenta el punto número 3, uffffffffffffff...

    Lo paso a la entrada de las votaciones para que no se pierda nada ;D

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  4. ¡Oído cocina!

    Directo a la entrada a la vista.
    Bueeenooo... a la verdadera.

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Lamentamos que exista moderación de comentarios, pero es necesario debido a ciertos anónimos muy persistentes.