jueves, 9 de agosto de 2012

Gumersindo: el buen playero





   Llegado el día 1 de julio de 2012, Gumersindo pudo descansar al fin de su sufrido trabajo como funcionario en el Ayuntamiento de Altea  (Alicante).
   Tenía dos meses de vacaciones por delante, y, tras mucho pensarlo mientras expedía certificados de empadronamiento, decidió que, al menos, las primeras semanas de sus vacaciones las pasaría en su ciudad, disfrutando de las playas que existían en Altea.
   Gumersindo era un hombre un tanto ingenuo (por supuesto, su cargo en el ayuntamiento lo había conseguido gracias a su sobrino, que era concejal, y no gracias a sus logros y esfuerzos). Por ese mismo motivo, tuvo varios problemas en las playas, debidos siempre a los demás playeros, intolerantes y pacientes ellos.. Mencionaré también que Gumersindo tenía una gran facilidad para ofenderse, y que cuando se ofendía, era muy propenso a abandonar sus propósitos.
   El día 1 de julio, en torno a las 18:00 PM, Gumersindo se dirigía a la playa que le pillaba más cerca de casa. Gumersindo caminaba con la nevera, las toallas y la sombrilla, con todo ello cogido en brazos y puesto delante de la cara, de tal forma que carecía de ángulo de visión central. Milagrosamente, llegó a su destino sin percances, a pesar de haber tenido que atravesar varias calles muy transitadas y cuatro pasos de peatones. Dado que  tenía sombra, comida y con qué secarse, su estancia en la playa también transcurrió sin percances. No obstante, quiso el destino, a veces tan bienhechor, a veces tan injusto, que cuando volvía a su casa, y estaba ya cerca de aquélla, al doblar una esquina, chocase de frente con una niña a la que no vio por culpa, en concreto, de la nevera. Por ir Gumersindo bastante rápido rápido, y por no tener la niña en ese momento más que ocho años, ocurrió que ésta cayó al suelo, quedando tendida en plancha. Aunque Gumersindo notó la colisión, no se detuvo, y como la niña se había había alzado un poco en el suelo para levantarse, Gumersindo tropezó con ella y también se cayó, escapándosele la nevera vacía, que por eso mismo era muy liviana. Cayó en medio de la calzada en el preciso instante en que pasaba un tráiler, que la arrolló, haciéndola pedazos.
   La niña, de nombre Lucía, y Gurmesindo, se pusieron en pie, y se miraron. Gumersindo tenía una gran nariz aguileña, y el pelo negro y rizado. La niña, por su parte, era de piel bastante blanca, los ojos de color azul grisáceo y el pelo liso y rubio con un lazo rojo a la izquierda, a la derecha viéndola de frente. 
   A pesar de que la niña era consciente de que la culpa era de Gumersindo, por ir como iba, en una muestra de honradez y educación, cosas ambas hoy día escasas, le dijo a Gumersindo:
   —Perdón, lo siento muchísimo...
   Pero Gumersindo no la dejó seguir:
   —¡Me has roto la nevera! ¡Vete a donde no te vea, y no te vuelvas siquiera para mirarme!
   Con gran remordimiento y pesar, Lucía siguió su camino. Gumersindo, por su parte, se sintió profundamente ofendido y dolido por aquello.
   Durante los dos días siguientes, los hechos que siguieron requieren menos explicaciones, si bien marcaron a Gumersindo bastante más que el encontronazo con Lucía.
   El día 2 de julio, soplaba un viento espantoso. Aun así, cuando llegó a la playa, Gumersindo clavó su sombrilla inclinada hacia el lado contrario del que soplaba el viento. Luego se fue a recorrer la playa en busca de bebidas, pues, al haber perdido la nevera, no podía llevar él las suyas. Intentó robar a dos negros vendedores ambulantes, a varias familias y en tres chiringuitos, pero en vano. En todos los casos fue agredido de forma física y/o verbal, y eso, por supuesto, hirió su sensibilidad, así que volvió a por sus cosas, dispuesto a irse. Pero cuando llegó, sólo encontró las toallas, pues la sombrilla se la había llevado el viento a varios hectómetros de distancia, pero Gumersindo pensó, por supuesto, que se la habían robado. Eso lo enfadó aún más.
   El día 3 de julio, Gumersindo llegó a la playa sin percances, sólo con sus toallas, las cuales dejó casi en el rompeolas. Gumersindo nadó hasta que ya fue de noche, y cuando salió del agua... ¡sus toallas no estaban! Su las había llevado la marea, pero Gumersindo pensó que se las habían robado.
   Gumersindo regresó a su casa en bañador, y por el camino, a la luz de las farolas, reflexionó sobre lo que había pasado. Al final, llegó a la conclusión de que el problema estaba en la gente de la playa a la que él iba, que era incapaz de aceptarlo y comprender sus problemas y necesidades.
   «Mañana mismo», pensó, «me voy a otra playa».
   ¡Malditos playeros!

miércoles, 8 de agosto de 2012

De veraneo con un chalado al volante




¡Brrrrrrrrumb! ¡Brrrrrrrumb!
Elena estaba harta del mismo camino anual, sentada junto al esquizofrénico del volante que no paraba ni para mear.



- Pepe, para, que tengo pis.
- Espera. Un poco más.

Y Elena se retorcía en el asiento del copiloto, tal que si intentase provocar sexualmente al majadero que sólo veía kilómetros.
Respiraba con jadeos, como si estuviera dando a luz. "Sopla, sopla". Tenía en la mente los consejos de las comadronas después de dos partos y pensó que tal vez fueran eficaces para impedir una salida no deseada de momento, hasta que el tocacosas se cerciorase de que todo iba bien y no había cordón umbilical arrollado al cuello.
"¿Pero qué idioteces estoy pensando?" se dijo. "¡Que me meo, coño!".

- ¡Pepe, para! ¡Que no me aguanto más!
- Espera cariño, un poco más adelante.
- ¡O paras o pido auxilio a los picoletos del cruce!

Y Pepe, sabiendo que Elena era capaz de esto y mucho más, puso el intermitente y se desvió dulcemente a la derecha, ante uno de los bares de carretera que la jalonaban constantemente.
Elena salió disparada como si la quisieran violar. Entró en el establecimiento y echando un entendido vistazo, se dirigió directa a los servicios.
Al salir (con una cara que daba muuuucho miedo), encontró al psicópata del volante en la barra, degustando una cerveza fresquita.

- ¿Qué quieres tomar, cariño?
- Te lo diré en el coche. Vamos.

Perplejo el Fernando Alonso de Sevilla, la siguió. Sabía que más le valía cuando Elena estaba así.
Una vez dentro del coche, Pepe quiso chulear.

- ¿Y ahora qué te pasa?

Se calló al recibir en todos los morros un paquete húmedo y de olor no agradable precisamente.

- ¿? Pero... pero...
- ¡Esto son mis bragas, cretino! Y como no pares cuando te lo diga, vas a conocerlas más a fondo.

Pepe enfiló de nuevo la carretera en silencio. Pero como era como era sin remedio, recibió más impactos de esos a lo largo del viaje.

Los hay que no aprenden ni a la de tres. Ni cinco. Ni cincuenta.

martes, 7 de agosto de 2012

La Tortuga Matilde




 
Este cuento lo escribi en octubre, para mi sobrina que estaba en P3 del Ramón Llull, precisamente en las Tortugues


La Tortuga Matilde

Había una vez una tortuga que se llamaba Matilde. Siempre estaba triste por que era la más lenta de sus amigos, era la que menos fuerza tenía, era muy fea, verde  y encima con aquel caparazón que debía llevar de un lado a otro de la tierra.
Matilde le habría gustado ser rápido como la liebre, tener la fuerza de un buey, ser tan hermoso como el pavo real, poseer los colores de  las mariposas,  o por que no volar como sus amigos los pajaritos del bosque que rodeaban su casa  y no llevar esa coraza que era su caparazón.
Sus amigos la intentaban animar, pero ella cada día estaba más triste no había nada que pudiera animarla. ¿Que podían hacer ellos para hacerla feliz?
Un día sus amigos se reunieron en secreto en el establo del buey, debían hacerla feliz por lo menos por un día, para que viera que ella también era un ser vivo con sus bellezas y que no debía sentirse infeliz, por no verlas… Ella tenía muchos amigos. Por ello decidieron darle una fiesta sorpresa, estarían todos allí e intentarían concederle todos los deseos… Podría ser rápida como la liebre, podría poseer la fuerza de un buey, podría ser tan hermosa como el pavo real, tener los colores de las mariposas y su verdadero sueño… Volar.
Matilde absorta en sus pensamientos no sospechaba nada cuando Marta, la mariposa le dijo que Pablo, el buey, estaba enfermo y que los demás amigos iban a su establo para hacerle una visita.  Claro que conociendo que el establo estaba lejos, habían decidido que la visita seria para el día siguiente. Matilde a regañadientes acepto esa invitación, no quería que se rieran de ella.
Por eso se acostó temprano y madrugó, quería estar en el establo a la misma hora que sus amigos, debían dar ánimos a su amigo Pablo. Por ello se puso en camino y poco a poco fue avanzando hacia el establo…
Cuando llegó no vio a nadie. ¿Dónde estaban los demás? Le habría engañado su amiga Marta o tal vez, esta vez había ido demasiado rápido. Poco a poco Matilde se acerco a la puerta y toco. Nadie le respondía. ¿Dónde están los demás? Se preguntaba Matilde y volvió a tocar la puerta esta vez más fuerte, tan fuerte que la puerta que solo estaba entreabierta se abrió… Miro y el establo parecía vacio. ¿No habían llegado?

Bueno ya que estaba allí, se llegaría a ver a Pablo, que si estaba enfermo estaría en su cuarto, posiblemente solo, le podría acompañar hasta que llegasen los demás amigos, avanzo lentamente por el establo, el heno caído acariciaba sus patas y era algo que siempre le había gustado le hacía cosquillas…
Llamo a Pablo…
-          Pablo, Pablo… estas aquí
-           Si, Matilde estoy en mi cuarto, no puedo salir. El amo me ha atado, por que no puedo salir, debo descansar.
Matilde llego hasta la puerta y vio a su amigo Pablo, allí atado a la puerta, no parecía que estuviese grave, así que le pregunto.
-          ¿Cómo te encuentras hoy?
De pronto de entre la paja, del techo y de todos los rincones salieron sus amigos que le gritaron…
-          ¡Sorpresa!
Matilde no daba crédito a lo que veía, sus amigos estaban allí, y le habían dado una sorpresa. Pero si no era ni su cumpleaños, ni su santo… ¿a que se debía ello?
Pablo le dijo:
-          Matilde sabemos que no es tu cumpleaños, pero queremos darte unos regalos, para que veas que tus amigos, te quieren.
Carla, la liebre, se acerco y le dijo…
-          Matilde, toma un patinete con el podrás ser tan rápida como yo
Raúl, el pavo real…
-          Yo también tengo un regalo, mira este sombrero hecho con mis plumas podrás ser tan hermosa como yo…
Karina, Sabrina y Nuria… las mariposas se acercaron con unos pinceles…
-          ¿Matilde, nos permites pintarte tu casita?
Y  comenzaron a pintar su caparazón con vivos colores, rojos, rosas, azules… su caparazón era un autentico arco iris de colores. Ella miraba a todos, estaba sorprendida con ese regalo.
Pedro, Nuria, Samanta, José y Carlos, el búho, la paloma, la lechuza, el pato y el ganso respectivamente, se acercaron con un cesto con flores…
  Matilde, sube en la cesta… veras que bello es volar


Cuando Matilde subió a la cesta, sus amigos cogieron con sus picos las cuerdas que sujetaban el asa y salieron a la calle… Comenzaron a mover las alas y poco a poco comenzaron a volar. Matilde no daba crédito a lo que veía, la cesta comenzaba a levantarse del suelo… ¡Estaba volando! Sus amigos le dieron un paseo increíble. Veía las copas de los arboles, veía incluso el rio, y veía su casa.
Al rato la posaron el tierra… ahora ella estaba satisfecha, sus amigos le habían concedido la mayoría de sus deseos.
Pablo, el buey, le dijo…
- Parece que estas contenta, pero te falta un deseo… Ser tan fuerte como un buey. ¿Verdad? Y lo eres, cada uno de nosotros es tan fuerte como su naturaleza le permite. Y tu fuerza de voluntad te ha hecho caminar hasta aquí, solo para visitar a un amigo enfermo, tu fuerza te ha ayudado a no tener miedo mientras volabas. La fuerza no solo radica en el peso que levantas, sino en hacer aquello en lo que crees… Muchas veces has sido de gran ayuda a todos nosotros.
Matilde miraba a sus amigos…
- Como ves –comenzó Karina, todos los sueños se pueden cumplir por muy difíciles que sean si tienes perseverancia, siempre estarán al alcance tuyo
Matilde tenia los ojos llorosos, había cumplido todos sus deseos, pero había descubierto algo más importante, tenía los mejores amigos que una tortuga pueda tener…

FIN

domingo, 5 de agosto de 2012

Concurso veraniego de relatos cortos. 'Sueño de una noche de verano'




No, no me refiero a la comedia romántica escrita por  William Shakespeare, ni tampoco a la obra musical Ein Sommernachtstraum, escrita por el compositor alemán, Felix Mendelssohn, es simplemente eso, un sueño, en una noche de verano.
Llegaron las vacaciones  “mami”, (aclaro, >mami es mi esposa, y yo soy el papi<, desde que hace ya mas de 25 años que nuestros hijos eran pequeños, y empezaron a llamarnos papi y mami) este año te voy a dar una sorpresa, dentro de unos días cuando el trafico este mas calmado iremos a visitar el “país de los cátaros”,  sé que te gustara.
-“Mami”- No me lleves lejos que sabes que a mi no me gustan los viajes largos, como mucho a Benidorm o Caravaca, a ver a tus hermanos, o a Bailen unos días a casa de mi prima.
Pasado unos días, le dije:  “Mami” prepara la maleta. 
-"Papi" donde me vas a llevar,  solo me distes la pista de un país “tártaro” o algo así, y te lo advierto que no me salgas con Turquía. Que no me apetece, que para ver musulmanes, solo tengo que pasearme por Barcelona o alrededores.
-No “mami” te dije “país de los Cátaros”,  iremos a Francia, visitaremos Carcassonne y algunos pueblos mas en la zona del Languedoc, es todo precioso, digno de ver, te encantara, será como pasear por las calles en la época del siglo XIII.
Salimos del Prat destino Carcassonne, unos 400 km, entramos en la autopista hasta la porta catalana, donde comimos a eso de las 14,30 h, mal y caro, (los dos, 60 €) la comida con sabor a catering de dos días por lo menos, pensaba que seria mejor comer en España, pues en Francia después de las 14 h, no te sirven salvo cosas frías de la barra, y en algunos sitios ni eso.
Por la tarde llegamos al Hotel Clarine-Aragón, dentro de la ciudad amurallada, muy bonito y confortable, dimos un paseo por la cité, y a cenar en un restaurante muy romántico y agradable. Por la mañana, visitamos mas “tranquilos” la Catedral de San Nazario, el Castillo Condal y la Casa de la Vila, y como no, un sinfín de tiendas de “souvenirs” de la cité. Además de ser una de las mayores fortalezas de Europa, la Cité es un ejemplo vivo de lo que era una gran ciudad fortificada medieval, se conserva tal y como era en el siglo XIII, con sus 52 torres de vigilancia y defensa, con maniquís vestidos como en la época, colocados como si estuvieran defendiéndose de un ataque enemigo, con fosos y la doble muralla, a pesar de la aglomeración de visitantes, (sobre todo en verano) es digna de ver, sobre todo, todas las tardes del mes de agosto, podremos revivir lo que era una autentica fiesta medieval.
Después, alojándonos en un hotel de Béziers, hicimos visitas a Montpellier y diferentes pueblos, Millau, donde destaca mas que sus construcciones antiguas, el fabuloso puente de la autopista, a gran altura y muy largo, desde él se ve el pueblo como si fuera una aldea de pitufos, Ladève, visitamos la catedral de Saint Fulcran.
Aparte de Carcassonne, la que mas le gusto a “mami” fue la ciudad amurallada en la costa al sur de Nimes. La Ville Fortifiée, Aigues-Mortes, es preciosa totalmente rodeada por unas murallas, en su plaza principal, la place Saint Louis, en cuyo centro esta la estatua a Luis IX ,  el que dio fin a la disputa de los territorios entre él, Rey Luis IX de Francia, y el Rey Jaime I de la Corona de Aragón, cediendo esta, los territorios occitanos que poseía en Francia, a cambio de lo que el Rey francés Luis IX, tenia en este lado de los pirineos.
“Mami” compro dos alcachofas, como jamás en su vida había pensado que existieran, eran casi del tamaño de una coliflor, pesaban dos kilos cada una, vio unos caracoles enormes, como puños de gordos.
En la brasserie la Citadelle, comimos una docena de ostras, dos langosta de mas de 6 centímetros de grosor y un surtido de los frutos del mar, todo vivo y preparado delante de nosotros, regado con chapagne y un vino blanco de la zona extraordinario, a un precio mas que razonable, 120 € los dos, (en otras comidas parecidas pero sin ostras, aquí en Barcelona con vino del penedés he llegado a pagar casi el doble) “mami” quedo encantada dimos unos paseos antes de inicial el regreso a casa pues era el ultimo día.
Esto no es un sueño, ha sido real, la he llevado a ver algunos de los sitios donde yo, por razones de trabajo he estado varias veces, y que ahora jubilado, como el país siga así, si que será un sueño de verano el poderlo repetir, este o cualquier otro viaje, aunque sea dentro de España………
Un fuerte abrazo amigos.

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Relato de ADOGI

sábado, 4 de agosto de 2012

Concurso veraniego de relatos cortos. 'Un día en la playa'






Adalberto Barrientos decidió un buen día ir a la playa.
- Qué caramba- se dijo- la última vez que fuí no tenía pelos en las piernas y creo que está llena de tías buenas...

Y allá que se fue, pedaleándo en su bici.
Cuando las ruedas tocaron arena se apeó, la dejó apoyada en una especie de poste que se elevaba sobre una superficie de cemento con agujeritos, y se dirigió a la arena, recostándose en ella, más feliz que una perdiz.


Nuestro hombre disfrutaba del sol y de las vistas, abuelas socarrimadas como lonchas de panceta y con el tetamen al aire. Quedó un poco perplejo, pero se recuperó prontamente al observar que nadie prestaba atención a lo que él atribuyó un fenómeno paranormal. "Los tiempos cambian", pensó frotándose la nariz y dispuesto a no dejarse sorprender por nada.
En esas estaba, con sonrisa bobalicona, que recibió un impacto en el cogote y no pudo evitar dar un tremendo bote al tiempo que buscaba al agresor mientras aferraba el arma con manos temblorosas.
- Tío, dame la pelota- le dijo un chaval de unos diez años. Y Adalberto se quedó pensando si tenía algún hermano o hermana. Cuando llegó a la conclusión de que era hijo único, el pequeño monstruo ya estaba lejos y se había llevado consigo el arma mortifera de destrucción masiva.

Volvió a tenderse en la arena, aunque con cara de vinagre. Al fin y al cabo, era la suya habitual y poco le había durado la supuesta felicidad playeril.
Se durmió. Y soñó.
¡Dioses de los sueños!



Se vió siendo el capitán Jack Sparrow, terror de los Siete Mares. Y un puñado de islotes desiertos sin nada que ver ni comer, ni vacaviejas grasientas untadas en salsa china ni .
Le despertó de sus ensoñaciones un tremendo ¡CHUNDA CHUNDA! que le hizo saltar sobre la arena.

- ¡Dios mío! ¿Ya es el fin del mundo? ¿No era el nosécuántos de diciembre del 2012? ¡Confié en el director de El Periódico de El Prat y me ha engañado! 

Un somero vistazo alrededor le indicó que, que no se acababa el mundo. Al contrario, los jóvenes del aparato del ¡CHUNDA CHUNDA! estaban la mar de vivos y culebreantes, aunque nuestro Adalberto lo dudase un poco en principio, pensando que eran espéctros de Satanás, pero como el resto de bañistas no se inmutaban...

Volvió a tenderse. Pero... Su mente bullía. "¿Y si toda la gente de la playa es zombi o algo así?... ¡Dios mío!". 
Estaba que no podía más, así que se obligó a pensar en cosas agradables, felices y...



- ¡Ooooh! ¡Qué preciosa es! Así, provocándome con su gracia y salero, sobándose el chocho... Ah... ¿que no era esa?

Y Adalberto decidió irse de la playa, que todavía no se había mojado ni ganas, no fuera que un patín de esos le atropellara y le cortara el cuello, o aún peor, ¡lo matara!
Se bajó las perneras de los pantalones tan concienzudamente como si se hubiera desnudado y corrió a buscar la bicicleta. Pero no la encontró. En donde creyó haberla dejado sólo había un enjambre de bañistas duchándose alegremente.

Nueva actividad




La ministra Teresa Coscojuela ha cortado la cinta inaugural con su gracia habitual y aunque ha estado a punto de partirse los piños como Su Majestad, ella es más joven y goza de mayores reflejos, conque no ha sido nada, un mero trastabilleo que nuestro flamante director de El Periódico de El Prat ha evitado que fuera a más al tomarla firmemente del brazo. Aunque creo que ella le decía "¡Sueltame, que no me caigo!", pero no estoy segura, oigan.

Bueno, pues muchas gracias a la señora ministra por dedicarnos unos minutos de su precioso tiempo, el cual le cuesta un pastón. No sé, lo digo por todos los ministros y ministras que parece sentarles muy mal eso de trabajar media hora a la semana.

Venga, vayamos al grano.
A partir de hoy, todos los miembros de la Comunidad ya pueden publicar sus relatos como 'nueva entrada'. Y que a nadie se le ocurra publicar un debate o un artículo, que me lo como con patatas. ¡Ojo!

CONCURSO DE RELATOS CORTOS VERANIEGOS

1- Cada participante podrá publicar su relato directamente en el blog, como entrada, no comentario.

2- Se admiten -y agradecen- imágenes, aunque sin pasarse.

3- Lo de relatos "cortos", esta vez lo dejo a la elección de los participantes porque con la anterior edición me marearon más que las correas de la pata de un romano. Recordad que lo bueno, si breve, dos veces bueno.
Según las bases, eran más o menos 60 líneas, lo que considero suficiente para un "relato breve", pero bueno.
4- No hay límite de relatos. Cuántos más mejor para divertirnos.
5- Los votos serán otorgados por todos los miembros de la Comunidad, quedando claro que nadie puede votarse a sí mismo y que sólo se votará una sola narración por autor.

6- Los votos deberán dejarse en forma de comentario en el relato elegido.

7- Se pueden comentar los relatos, pero los votos no se  dejarán hasta nuevo aviso, una vez clausurada la actividad.

Si alguien tiene cualquier duda que lo pregunte aquí.

¡Avante toda, mis bravos marinos!

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RELATOS PUBLICADOS

- Un día en la playa.
- Sueño de una noche de verano.
- La tortuga Matilde.
- De veraneo con un chalado al volante.
- Gumersindo: el buen playero.
- ¿Playa? ¡Nunca más!
- El duendecillo del sandcastle.
- Vicentín en la playa.
- Bikinis.
- Pesadilla de muchas noches de verano.
- Una madre.
- El último verano.
- Verano entre montañas.
- A snowman in the summer.
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jueves, 2 de agosto de 2012

Hay que conocer y respetar las normas

Por favor, que los nuevos integrantes recuerden que la Comunidad de Blogs de El Periódico de El Prat es un blog participativo para actividades conjuntas regladas y planeadas.
Nadie puede publicar lo que le parezca, todos deben atenerse a la actividad del momento y actualmente estamos en este DEBATE.

Ruego que nadie vuelva a publicar una entrada sin permiso porque perjudica a la vigente al hacerla desaparecer de los blogrolls de actualizaciones, se sustituye por la nueva y permanece ahí, públicamente, aunque yo la elimine y no se pueda leer dicha entrada. Por esto me veo obligada a publicar otra dejando claro que seguimos con el debate emprendido.


Gracias.