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viernes, 9 de agosto de 2013

Ganador del galardón veraniego de relatos cortos






¿Sorpresa? No, amigos míos, ya hace tiempo que vengo diciendo que no me apetece otorgarme un galardón a mí misma, edición tras edición.
Eso sí, os agradezco infinitamente vuestros votos, dado que todo es transparente y está a la vista, por ello os doy miles de gracias a todos, de corazón.

Y como ganadora última de este verano, os ofrezco el galardón a todos sin distinción, ya que sin vosotros, nuestro galeón no seguiría navegando y os lo merecéis sin duda alguna.

He decidido que mis siguientes relatos estén fuera de concurso, sin opción a votarlos. Dado que os gustan tanto, no voy a privaros de ellos, y Mencigüelo Mejillón, que me sigue los pasos (je je je...), ha optado por lo mismo. Ni él ni yo concursaremos a partir de ahora porque queremos participación y pensamos que así os sentiréis más libres, sin tener siempre a la coñazo de capitana como ganadora, ¡juas!



¡Un fuerte aplauso para todos!

Por supuesto, el galardón os lo podéis llevar cada uno a vuestro blog, que para esto está hecho. 
Y para quien no lo sepa, la imagen es propia, una foto que hice con arena -limpia- de mis gatos y estrellas de mar y una caracola que tengo en casa, así que el galardón es genuíno de nuestro blog, ¡NUESTRO!

Besos, abrazos y achuchones de vuestra capitana, mis bravos. ¡Hasta pronto!


miércoles, 31 de julio de 2013

¡A votaaar, mis bravos!




Damos por finalizada la participación en nuestro estupendo Concurso Veraniego de Relatos Cortos, el cual ha alcanzado su tercera edición.

A partir de ahora procederemos a las votaciones de cada relato. ¡Ojo al parche, tripulación!

- Cada tripulante puede otorgar tres votos, aunque no haya participado.
- Pueden ser a un mismo relato o a varios, a su elección.
- No se puede votar a un relato propio.

Aquí está la lista de relatos:

1- Golpe de calor justiciero
2- EL REGRESO DE LOS DIOSES
3- Un verano candente
4- Un verano maldito
5- El mirón de la montaña
6- El fantasma de playa La Barrosa
7- Amarillo, rojo y verde
8- La suerte de Poncio (Primer relato)
9- Gumersindo: El buen playero
10- La suerte de Poncio (Segundo relato)
11- El baño de Ernesto

Yo lo veo muy reñido, ¡rayos y truenos!
Que gane el relato que más guste a la mayoría, amigos míos, porque como siempre, estamos unidos y esto es un pasatiempo para pasarnos un buen rato escribiendo y leyendo.

¡Vuestra capitana os desea buen viento, sin mar en contra!


viernes, 26 de julio de 2013

La suerte de Poncio ( Segundo relato )

Concurso Veraniego de Relatos Cortos. Nº 10

Nº 9, Gumersindo, el buen playero
Nº 8, La suerte de Poncio (Primer relato)
Nº 7, Amarillo, rojo y verde
Nº 6, El fantasma de playa La Barrosa
Nº 5, El mirón de la montaña
Nº 4, Un verano maldito
Nº 3, Un verano candente
Nº 2, EL REGRESO DE LOS DIOSES
Nº 1, Golpe de calor justiciero 







( Alicante o Alacant, bellísima a cualquier hora del día )

Aquel hombre no sólo tenía un bañador antiguo adosado a su cuerpo de cuarentañero bien conservado, también tenía un nombre antiguo o un nombre de hombre antiguo: Poncio.
De niño había sufrido muchas chanzas: "Poncio Pilatos!, Poncio Pilatos!", le gritaban los demás niños; o la pregunta insolente: "Te has lavado las manos, Pilatos?" De todas formas, por eso de que el que no se consuela es porque no quiere, siempre le agradeció a su padre que no hubiese seguido la tradición familiar, porque en tal caso se hubiese llamado "Nicéforo", patronímico que suena mucho peor que Poncio. Está usted de acuerdo conmigo, señor Valdivieso?

- Te digo que fue en Stoke-on-Trent. - repitió una vez más y con gesto de cansancio Poncio.
- No te quieres apear de la burra, Poncio, pero digas lo que digas nació en Straford-upon-Avon. - machacó Vicente.
El resto de los reunidos en la taberna se limitaban a asistir como testigos mudos a la disputa, porque ninguno tenía ni zorra idea del lugar en el que había nacido William Shakespeare, y eso que algunos eran profesores de instituto, como los propios contendientes.
- Vale, hagamos una cosa, consultemos en google y santas pascuas, o quieres primero apostarte algo, Poncio? - inquirió Vicente.
- Sabes que tengo por norma no jugarme el dinero, lo considero un vicio nefasto.
- Bueno... podríamos apostarnos otra cosa.
Habían sido muchas las copas bebidas hasta el momento. Algunos sábados se reunían los profes en la taberna "La majorette catalana" como si fuesen jovenzuelos en una bulliciosa despedida de soltero. El que no estaba separado, estaba divorciado, y el que no era un soltero putero o un reprimido absoluto, se daban todas las variantes.
Y tras nuevos trasiegos de muy etílicos whiskys y gintonics, surgió la gran idea: el perdedor de la apuesta sufriría la humillación de lucir un bañador de la época del charlestón, alquilado en una tienda de disfraces, y pasearse con él a lo largo de la playa de San Juan, que es muy larga, a la hora de más concurrencia playera: la una de la tarde.



  

( Playa de San Juan y Castillo de Santa Bárbara, Alicante )

Y Poncio cumplió su promesa porque era un hombre de honor y porque el descrédito hubiese sido muy grande el caso de echarse atrás.
"Me cago en el infierno, ya se le podría haber ocurrido a Shakespeare nacer en donde yo dije!" - pensó con su extraño sentido del humor mientras soportaba las miradas hirientes de los bañistas y las risotadas de los adolescentes.
Su esposa, María Isabel, no intentó disuadirle de hacer este ridículo porque sabía muy bien que una palabra de honor era algo sagradísimo para Poncio.
Vicente le observaba desde el castillo con unos prismáticos, dispuesto a dar fe de que cumplía su promesa. Pero otros tertulianos de "La majorette catalana", los más cabroncetes, le hicieron fotos y grabaciones en video desde muy cerca. Hay que ver lo que le gusta a la gente simplona regodearse de la desgracia ajena!
Vicente quedó fascinado: Cuando Poncio había cubierto toda la distancia de la playa, fue abordado por una mujer morena con una anatomía de quitar el hipo. "Jo, que pedazo de gachí!", se dijo el muy puteril Vicente pasándose la punta de la lengua por el labio superior. Siguió observando durante un rato largo la inesperada escena. Aquella hermosura de larga melena negra y su colega Poncio no tenían ninguna prisa en despedirse. "Jo, es posible que haya ligado con esas pintas?!"


Varios días después

Poncio y María Isabel eran en ese momento la pareja más feliz de Alicante y sus alrededores, incluída Murcia. Aquella mujer aparecida en la playa había llevado la alegría a su hogar. Cristina Falconetti le dijo a Poncio que en su agencia de publicidad buscaban un modelo muy especial, alguien que luciese "con dignidad" los nuevos modelos de bañadores de la firma "Bañadores Océano", la que había contratado los servicios de "Imaginary and Entertaining Company"
Cristina mostró al cliente fotos de Poncio y les propuso una idea que aceptaron de inmediato: Se vería a Poncio con el bañador antiguo y con los nuevos bañadores Océano. Y el eslogan de la campaña ( porque se trataba de una gran campaña! ) vendría a decir algo así como: "El que puede lucir con tanta dignidad y prestancia un bañador de la época de nuestros abuelos, también puede lucir los innovadores bañadores Océano 2.013"
María Isabel y Poncio estaban locos de alegría porque la cifra era de locura para ellos: 20.000 euros, demasiado para un matrimonio con hijos que vivía del mísero sueldo de profesor del marido. La campaña incluía varios spots televisivos, vallas en las calles, marquesinas de autobuses, centros comerciales, folletos...
"Ja, ja, ya no se ríen el capullo de Vicente y resto de la pandilla!"
Los planes de Poncio y María Isabel eran tan prácticos como maravillosos: Pagar todos los pufos, comprar una cama nueva, empapelar la habitación del crío pequeño, cambiar la cocina, arreglar varios desperfectos del baño, cambiar de coche, comprarle la moto a su hija Merceditas, pedir la excedencia en el instituto para escribir una novela y hacer un viaje a las Bahamas.
El día siguiente iba a ser el gran día, Poncio estaba citado en Imaginary and Entertaining para firmar el contrato.

Sonó el teléfono.

- Siento darte una mala noticia, Poncio - era la voz de Cristina, pero sin el tono animoso de los días anteriores - al final has sido rechazado para la campaña. Siento que te hayas hecho ilusiones, Poncio, pero este mundillo suele ser así. Yo he luchado hasta el último momento para que fueses tú, pero...
- Pero... por qué? - balbució Poncio.
- El realizador se niega a utilizar un doble para los planos en los que apareces nadando. Dice que esos planos son muy importantes para él y que debe hacerlos un modelo que sepa nadar. Por lo tanto nos vemos obligados a convocar un casting. Este tío es un indeseable, pero nos tiene pillados por los huevos, hemos firmado varias campañas con él. Es un alemán muy cabrón, y ya sabes que hoy en día mandan los alemanes en Europa. Y la putada añadida es que los de los bañadores se han puesto de acuerdo con él - Hizo un silencio, suspiró. - Poncio, lo siento muchísimo, me has caído muy bien y yo te vi desde el primer momento como el modelo ideal para esta campaña. Poncio..., Poncio, sigues ahí?...

Seguía y no seguía. Estaba patidifuso, alelado, medio muerto... o muerto entero. Ya lo saben ustedes, la suerte se muestra cambiante, esquiva, remolona, jodedora,  caprichosa... Es muy suya.

martes, 23 de julio de 2013

Amarillo, rojo y verde.

Concurso Veraniego de Relatos Cortos Nº  7

Nº 6, El fantasma de playa La Barrosa
Nº 5, El mirón de la montaña
Nº 4, Un verano maldito
Nº 3, Un verano candente
Nº 2, EL REGRESO DE LOS DIOSES
Nº 1, Golpe de calor justiciero





Marciano y Ulpiana formaban una pareja sesentona en plena gresca matrimonial. Ahora les tocaba pelearse en la playita del pueblo , una diminuta playa formada en uno de los cuatro meandros del río Camarmillo en su curso por Alcalá de las Cigüeñas.
- Sólo a ti se te ocurre, Marciano, comprar una sombrilla amarilla. Es que no sabes que el amarillo atrae a los mosquitos?
- Pero estamos en la playa, leñe, no van a venir aquí los mosquitos, digo yo!
- Eres un tarugo, esta es una playa, pero de río, y los ríos están llenos de mosquitos en el verano.
Como si los odiosos dípteros les hubiesen escuchado en ese momento, les envolvió una nube de mosquitos.
- Eh, qué te estoy diciendo, Marciano?!, aquí los tienes!
- Mira, mira, también están en la sombrilla de ahí al lado - apuntó Marciano - y es azul oscura con rayas blancas. Además, qué puñetas, me dijiste que comprase una barata, y esta es la más barata que tenían en el chino.
- Pues te vas ahora mismo al chino y la descambias. Tráete una de un color más sufrido. Y sin protestar, Marciano!
Marciano se levantó a regañadientes, aunque también contentillo porque le ilusionaba la idea de tomarse una cervecita por el camino.
- Y no te metas en ningún bar!, vuelve pronto que me voy a achicharrar con este sol o me van a devorar los mosquitos!

El bazar chino estaba muy cerca, pero Marciano regresó diecisiete minutos después.
- Qué, has estado coqueteando con la china?
- Había mucha gente en la cola.
- Ya, si no fuese porque te conozco, Marciano!... Y por qué la has traído roja?
- Vaya, qué tiene de malo el rojo?
- Pues que es demasiado escandalosa, nos va a mirar todo el mundo.
- También las había rojiblancas, pero tú eres del Real Madrid, no?, je, je!
- Marciano, que no estoy para bromas, eh?
En ese momento apareció por el paseo el coche municipal de la megafonía, el que se utilizaba para anunciar las defunciones y los espectáculos.
"Atención, atención, se ha escapado un toro del corral de la plaza de toros. Salgan de la playa y refugiense tras los árboles del paseo!"
Varias mujeres empezaron a chillar.
"Que no cunda el pánico, señoras, a lo mejor el toro no viene para acá"
Pero el toro apareció cuando aún no había terminado de pronunciar la frase. Ahora el pánico lo tenían las mujeres, los hombres y los niños, que un toro impone mucho respeto, y además puede matar más rápido que el tabaco.


      

Y el toro se fijó precisamente en aquella sombrilla roja que portaba el infeliz Marciano. Se mascaba la tragenia playera!... El infeliz vio acercarse al cornupeta a gran velocidad y, cuando le tenía a pocos pasos, le lanzó a la cara la sombrilla para que se entretuviese mientras él intentaba llegar al paseo a toda leche, con la dificultad que suponía avanzar ligero por la arena y más a sus sesenta y tres años. Ulpiana ya había alcanzado el paseo y le esperaba con los nervios a flor de piel.

Afotunadamente se salvo todo el mundo. El cabo de la guardia civil, Don Tadeo, eliminó el peligro de un certero disparo, y el buen hombre se puso muy contento porque no había pegado un tiro en su vida. "Por fin puedo decir que me licencio habiendo utilizado mi arma reglamentaria, je, je!" Antes hubo que reducir al tonto del pueblo, Julito, que quería estoquear al astado con un cuchillo de cocina.
Cuando el personal regresó a la playa, después de deleitarse observando al toro muerto de cerca y aplaudir al cabo Don Tadeo por su heroicidad, fueron ocupando sus anteriores posiciones en la arena, aunque hubo algunas peleas por culpa de los aprovechados que querían ponerse en donde no les correspondía.
Ulpiana observó compungida los restos de la sombrilla. El bicho se había ensañado con ella.
- Madre mia, nos la ha destrozado!... Un sombrilla roja, por Dios, Marciano!, es que no se te pasó por la cabeza que podía venir un toro?
- Pues no, la verdad. Y menos mal que he salvado la vida, que si no es por la sombrilla me engancha a mi.
- No sé que hubiese sido mejor. - Murmuró la conyuge - Pues anda que ahora sí que no nos la cambian los chinos. Anda, vete a comprar otra, pero que sea verdecita. Una sombrilla verde es más discreta.
- Vale, y ahora viene una cabra del monte y nos la come.
- Marciano, no sé como todavía no te he matado después de cuarenta años de matrimonio.
- Será porque me amas.
- Vete a la mierda!
- Guapa!