El carné de actor
Me hacía mucha ilusión contar con el carné de actor porque ser actor era mi vocación y porque el mero hecho de disponer de un cartoncillo en el que figurase como discípulo de Talía con carácter oficial, enriquecía mi vanidad de comediante jovenzuelo. Vamos, que me hacía sentirme importante. Y, qué coño, porque me lo merecía.
Y tropecé con la puta burocracia a la que aprendí a odiar desde entonces. Ya fuese aquel rancio sindicato vertical o los que vinieron después, ninguno me sirvió para solucionar mis problemas laborales.
Bueno, el caso es que anhelaba aquel pequeño documento acreditativo de mi oficio, aunque estuviese ornado con el yugo y las flechitas de la Falange. ( El "cangrejo" aparecía por todas partes, lo mismo en ciertos documentos que en los edificios del régimen: Viviendas Sociales XXV Años de Paz, por lo cual lo consideré un mal menor )
Y me presenté en el Sindicato del Espectáculo, que cuando aquello estaba en la Cuesta de Santo Domingo, entre Callao y Opera ( del centralizado Madrid, por supuesto ) Recuerdo que los actores que se hacían cargo de estos trámites eran German Cobos y Tina Sainz. No he olvidado sus nombres porque ya eran famosos y porque para mi esta gestión era importantísima. Planteé mi problema: Yo no disponía de "contratos de meritoriaje", los cuales se exigían para conseguir el carné de actor. ( Los actores meritorios trabajaban gratis en papeles insignificantes "haciendo méritos" para el carné. A los universitarios se les pedía seis meses de meritoriaje y a los demás un año ) Y yo no disponía de tales contratos porque en los dos años que llevaba trabajando en el teatro lo había hecho en calidad de profesional.
Después de dudar un rato, me preguntaron si podía demostrar los trabajos que había hecho como actor. Naturalmente, les dije, contentísimo porque ya veía acercarse mi anhelado carné. Volví otro día con todo el dosier que corroboraba mi deambular teatrero, que me envió mi madre en un paquete desde el pueblo: programas de mano que editaba el Teatro Popular Español en cada pueblo y en los que aparecía mi nombre junto al resto del elenco; críticas en el periódico local de mis funciones como aficionado ( El Inocente de Calvo Sotelo, Las Manos de Eurídice de Pedro Bloch y un festival ) un bellísimo reportaje que me hicieron en la prensa asturiana por un recital que di en Candás; propaganda de otro recital en Avilés y un montón de papeles más que no recuerdo ahora, pero que abultaban bastante.
La cosa es que me fui de gira una temporada más con el Teatro Popular Español, y las giras de las carpas duraban cuando entonces unos seis o siete meses: de Abril o Mayo a Octubre o Noviembre. Cuando regresé a por mi "carné de actor", el sindicato estaba ahora en la Avenida de America, donde nace la carretera de Barcelona, edificio que después pasó a ser de la UGT ( foto de arriba ) y los sindicalistas seguían siendo gente de UGT y Comisiones camuflada.
Pregunté ilusionado por mi carné, no sin nerviosismo, y esperé un buen rato porque no lo encontraban. Recuerdo que allí estaba el gran actor José María Prada conversando con otros compañeros y echando pestes porque en algunos pueblos los empresarios de las compañías todavía acudían a pedir permiso a la Policía para poder actuar.
Finalmente regresó la persona que andaba buscando mi carné y me mostró un papel con una nota que alguien había escrito: "No se le puede dar el carné porque no ha presentado contratos de meritoriaje"
Ni que decir tiene que no conseguí nada con mis protestas, que elevé respetuosamente porque de sobra es sabido el temor que teníamos a los organismos oficiales, en los que cualquier chupatintas se sentía poderoso, y yo, a fin de cuentas, era un chaval. ( Hablo de un año o dos antes de la muerte de Franco) Y aquellos sindicalistas de la Izquierda habían heredado la abulía de los temibles verticalistas.
Me he alargado demasiado para el poco tiempo del que dispongo en Internet. Así que dejo para mi próximo post el encuentro que tuve con los "grises"... en el que algo tuvo que ver un carné.