Nº 6, El fantasma de playa La Barrosa
Nº 5, El mirón de la montaña
Nº 4, Un verano maldito
Nº 3, Un verano candente
Nº 2, EL REGRESO DE LOS DIOSES
Nº 1, Golpe de calor justiciero
Marciano y Ulpiana formaban una pareja sesentona en plena gresca matrimonial. Ahora les tocaba pelearse en la playita del pueblo , una diminuta playa formada en uno de los cuatro meandros del río Camarmillo en su curso por Alcalá de las Cigüeñas.
- Sólo a ti se te ocurre, Marciano, comprar una sombrilla amarilla. Es que no sabes que el amarillo atrae a los mosquitos?
- Pero estamos en la playa, leñe, no van a venir aquí los mosquitos, digo yo!
- Eres un tarugo, esta es una playa, pero de río, y los ríos están llenos de mosquitos en el verano.
Como si los odiosos dípteros les hubiesen escuchado en ese momento, les envolvió una nube de mosquitos.
- Eh, qué te estoy diciendo, Marciano?!, aquí los tienes!
- Mira, mira, también están en la sombrilla de ahí al lado - apuntó Marciano - y es azul oscura con rayas blancas. Además, qué puñetas, me dijiste que comprase una barata, y esta es la más barata que tenían en el chino.
- Pues te vas ahora mismo al chino y la descambias. Tráete una de un color más sufrido. Y sin protestar, Marciano!
Marciano se levantó a regañadientes, aunque también contentillo porque le ilusionaba la idea de tomarse una cervecita por el camino.
- Y no te metas en ningún bar!, vuelve pronto que me voy a achicharrar con este sol o me van a devorar los mosquitos!
El bazar chino estaba muy cerca, pero Marciano regresó diecisiete minutos después.
- Qué, has estado coqueteando con la china?
- Había mucha gente en la cola.
- Ya, si no fuese porque te conozco, Marciano!... Y por qué la has traído roja?
- Vaya, qué tiene de malo el rojo?
- Pues que es demasiado escandalosa, nos va a mirar todo el mundo.
- También las había rojiblancas, pero tú eres del Real Madrid, no?, je, je!
- Marciano, que no estoy para bromas, eh?
En ese momento apareció por el paseo el coche municipal de la megafonía, el que se utilizaba para anunciar las defunciones y los espectáculos.
"Atención, atención, se ha escapado un toro del corral de la plaza de toros. Salgan de la playa y refugiense tras los árboles del paseo!"
Varias mujeres empezaron a chillar.
"Que no cunda el pánico, señoras, a lo mejor el toro no viene para acá"
Pero el toro apareció cuando aún no había terminado de pronunciar la frase. Ahora el pánico lo tenían las mujeres, los hombres y los niños, que un toro impone mucho respeto, y además puede matar más rápido que el tabaco.
Y el toro se fijó precisamente en aquella sombrilla roja que portaba el infeliz Marciano. Se mascaba la tragenia playera!... El infeliz vio acercarse al cornupeta a gran velocidad y, cuando le tenía a pocos pasos, le lanzó a la cara la sombrilla para que se entretuviese mientras él intentaba llegar al paseo a toda leche, con la dificultad que suponía avanzar ligero por la arena y más a sus sesenta y tres años. Ulpiana ya había alcanzado el paseo y le esperaba con los nervios a flor de piel.
Afotunadamente se salvo todo el mundo. El cabo de la guardia civil, Don Tadeo, eliminó el peligro de un certero disparo, y el buen hombre se puso muy contento porque no había pegado un tiro en su vida. "Por fin puedo decir que me licencio habiendo utilizado mi arma reglamentaria, je, je!" Antes hubo que reducir al tonto del pueblo, Julito, que quería estoquear al astado con un cuchillo de cocina.
Cuando el personal regresó a la playa, después de deleitarse observando al toro muerto de cerca y aplaudir al cabo Don Tadeo por su heroicidad, fueron ocupando sus anteriores posiciones en la arena, aunque hubo algunas peleas por culpa de los aprovechados que querían ponerse en donde no les correspondía.
Ulpiana observó compungida los restos de la sombrilla. El bicho se había ensañado con ella.
- Madre mia, nos la ha destrozado!... Un sombrilla roja, por Dios, Marciano!, es que no se te pasó por la cabeza que podía venir un toro?
- Pues no, la verdad. Y menos mal que he salvado la vida, que si no es por la sombrilla me engancha a mi.
- No sé que hubiese sido mejor. - Murmuró la conyuge - Pues anda que ahora sí que no nos la cambian los chinos. Anda, vete a comprar otra, pero que sea verdecita. Una sombrilla verde es más discreta.
- Vale, y ahora viene una cabra del monte y nos la come.
- Marciano, no sé como todavía no te he matado después de cuarenta años de matrimonio.
- Será porque me amas.
- Vete a la mierda!
- Guapa!



