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domingo, 21 de julio de 2013

El fantasma de playa La Barrosa

Concurso Veraniego de Relatos Cortos número 6.

Nº 5, El mirón de la montaña
Nº 4, Un verano maldito
Nº 3, Un verano candente
Nº 2, EL REGRESO DE LOS DIOSES



En Chiclana (Cádiz), hay una bonita playa llamada La Barrosa con una loma coronada por una antiquísima torre de la que nadie sabe nada. ¿O sí? Esto se preguntaba Catalina desde que llegó del noreste a pasar unos días de vacaciones. Allí esperaba encontrarse con su amiga Anita que vendría de la otra punta de la piel de toro con su cocodrilo amaestrado. Nooo... Anita no trabaja en ningún circo ni iba a llegar con un saurio de 80 dientes, es que le encanta referirse así a su amor, je je je...

Estaba Catalina haciéndo unas fotos al torreón desde distintos ángulos, cuando notó un revuelo. Un hombre de aspecto un tanto raro se acercaba, seguido por chiquillos escandalosos que gritaban "¡El loco! ¡El loco!"
A veces, Catalina se preguntaba dónde coño estaba Hérodes... Y su amiga Anita solía hacérse la misma pregunta. A ambas les gustaban los niños, pero es que algunos...
Procurando disimular con su cámara, observó de reojo al hombre. No parecía muy cabal, no. Se plantó ante el torreón y levantó el puño gritando "¡La peña! ¡La peña! ¡Treason!". Los chiquillos prorrumpieron en carcajadas "¡Ya está con su peña y su treason!" y empezaron a tirarle piedras de las que se habían aprovisionado previamente al parecer. Catalina se cabreó ante el salvajismo y guardándose la cámara en el bolso, se fue derecha a ellos, afeándoles su conducta. Pareció que no estaban acostumbrados a esto, que nunca antes nadie había intervenido, así que primero se quedaron confusos, pero el cabecilla reaccionó y dijo muy puesto, por todo argumento: 
-¡Está loco!
-¿Os ha hecho daño?
-No, pero...
-No hay pero que valga. Es como si tiraséis piedras a vuestro abuelo porque ya no se acuerda de muchas cosas.
Los monstruos de patas cortas bajaron la cabeza porque algunos tenían este asunto en la familia y acabaron marchando sin dejar de mirar atrás de vez en cuando.
Catalina se giró, pero el hombre había desaparecido.

Al día siguiente llegó Anita con su cocodrilo y ambas se fusionaron en un largo abrazo, pues se habían conocido por internet y era la primera vez que se veían.
-¡Tengo tantas cosas que contarte, guapa!
-Y yo, Anita, y yo.
-Bueno, en este caso, creo que mejor me pierdo por ahí, chicas -dijo el coco-.
-Pero...
-¡Dejále! Él se pierde un rato y nosotras nos ponemos al día con pelos y señales. ¡Ja ja ja!

Después de ponerse al día, Catalina le contó lo sucedido el día anterior con "el loco". Tal como suponía, su amiga llamó a Hérodes a gritos, pero el tipo no respondió. Ése sólo va donde no debe: a guerras y matanzas de inocentes.
A mediodía comieron los tres unos pescaítos fritos de muerte y charlaron. Anita le comentó al coco lo del "loco". Aún estaba indignada, aunque Catalina no le daba más importancia porque sabía que niñatos así los hay en todas partes. Son como antaño el sarrampión, hay que pasarlo porque está ahí y no le puedes dar esquinazo.
Después de una pequeña siesta, Catalina los llevó al torreón. Contemplaron la edificación y ésta comentó el agujero que había en su mitad. ¿En qué época fue hecho ese boquete? ¿Cómo?
En eso que Catalina vió al hombre del día anterior y alertó a sus amigos con disimulo. Vestía unos harapos raros, no eran ropas de hoy día, aunque su porte era majestuoso. "Guerrero", pensó Catalina inmediatamente.
Hizo lo mismo que la otra vez, se plantó ante el torreón, desafiante y gritó "¡La peña! ¡La peña! ¡Treason!".
-Pobre hombre -murmuró Anita-, parece inofensivo, toda su ira la vierte sobre esas piedras viejas.
- Treason es "traición" en inglés, chicas -soltó el cocodrilo-.
Y la cabeza de Catalina empezó a echar humo. Se fijó bien en el rostro del "loco", lo memorizó. Esa noche, después de cenar con sus amigos, abrió su portátil y empezó a teclear. A las cinco de la madrugada se acostó con una dirección apuntada: calle Vega, número 6, la biblioteca pública García Gutiérrez de Chiclana. Había encontrado en internet lo suficiente, pero quería asegurarse con libros, algo palpable.

-¡Vamos a la playa, Catalina! -saludó gozosa Anita a su amiga por la mañana-.
-Id vosotros, yo tengo algo que hacer.
-¡No me digas! ¿Has ligado? ¡Ja ja ja!
-Sí, con un fantasma.
-¡Niña! Esto no está bien. Ligar con un cocodrilo es estupendo, pero los "fantasmas" siempre traen problemas.
-No es lo que tú piensas, Anita, je je je... Id vostros, que a mí la playa no me atrae demasiado. A mediodía os lo contaré todo.
-¡Uy!, qué misteriosa...

A las dos se reunieron en el restaurante La Sartén y Catalina acudió cargada con un par de libros. Abrió uno con una foto y la enseñó sin decir nada, atenta a la reacción de sus amigos. Éstos no hicieron mucho caso al principio, hasta que ella les preguntó "¿No os suena esa cara?"


-¡Joder, si es el hombre ese! Bueno, aquí está más joven, diría yo, pero es que son tan parecidos... -Anita alucinaba-.
-Es sir Thomas Graham, el general británico que luchó aquí, en Chiclana contra las tropas francesas de Napoleón, junto a las españolas y portuguesas.
-¿Qué quieres decir?
-Que en esta playa de La Barrosa hubo una batalla histórica en 1811, la independencia española de la invasión napoleónica.
Catalina abrió otra página, mostrando un cuadro pintado:



-¡Pero si es este torreón!
-Sí, pintado en 1812, y podemos ver el mismo boquete que hoy, causado por la artillería.
-¿Pero qué tiene que ver el loco que hemos visto con eso? -apuntó el cocodrilo-.
-"La peña" que grita siempre, es el general español Miguel de la Peña. Se negó a colaborar con los británicos a pesar de estar en el mismo bando y por su culpa perdieron esa batalla, al ir por libre. Era un fantoche ansiando medallas, uno de esos que llevan a la muerte a los soldados. En el bando británico perecieron más de 5.000 soldados por su traición, mientras que sólo 400 españoles al esconderse como ratas.
-Pero... pero... -Anita no atinaba a decir lo que sentía-. ¿No me digas que este hombre es el general ese traicionado por el español?
-Quien sabe, querida amiga, quien sabe... Abre tu ordenador y estudia las fuentes tecleando 'batalla de La Barrosa'.