miércoles, 19 de agosto de 2015

Concurso Veraniego de Relatos Cortos 2015. XV

Las bases del concurso aquí.

RELATOS ANTERIORES:


Fábrica de Sueños 
Risa cantarina
¡Antes le pegaré fuego! 
El chuchete poseido por la nutria
MOSQUITO 
La playa de mamá 
DESTINO FINAL 
Descubrimiento y castigo 
VACACIONES EN EL MAR
LOS PROTOCOLOS NO SON PARA EL VERANO...
Posiblemente una historia triste 
LA OTRA CARA DEL VERANO
Saque de honor 
LA CHAPA


 Trueque de amor. Iñaki Zurbano Basabe











Ibrahim es un simpático y espabiladísimo zagal de 14 años. Es marroquí, pero le llamaremos zagal porque estamos en tierras murcianas y él llegó a estas soleadas tierras, tan soleadas como las de su país de origen, cuando tenía solo tres añitos.
Ibrahim estudia en un colegio de Murcia capital y ayuda a sus padres en verano. El negocio familiar es un puesto ambulante de frutas y verduras, un tenderete con toldo a franjas verdes y blancas que instalan cada día de la semana en un pueblo diferente.
Hoy es jueves y estamos en Santiago de la Ribera, un hermoso enclave turístico de La Manga del Mar Menor, cerca del aeropuerto de San Javier y a un paso de San Pedro del Pinatar, el último pueblo murciano costero en la carretera de Alicante.
Para hoy, después de recoger el tenderete del mercadillo, sobre las tres de la tarde, Ibrahim había pensado darse su primer baño de mar veraniego. La playa está a solo 300 metros del mercadillo. Pero hay un impedimento: su padre le ha aplazado la compra del bermudas que le había prometido, porque ayer, en el mercadillo de Alcantarilla, le dio mal las vueltas a un cliente. Le devolvió dinero como si este le hubiese dado para cobrar un billete de 50 euros, cuando en realidad le había dado uno de 20. Y se percató del error muy tarde, pues el espabilado cliente puso pies en polvorosa al verse favorecido por la Diosa Fortuna.
"¡Jo, cuánto dinero me han regalado por un kilo de plátanos, ja,ja,ja!"
"¡Menuda faena!, un día de sol precioso y sin bañador para poder darme el primer baño del verano, ¡y con lo buena que está el agua del Mar Menor!"
Pensó en Isabel, su amor, la niña más guapa de todas las niñas de todos los mercadillos semanales. ¡Oh, cuánto le gustaba Isabel!... Rubia de ojos verdes, sonrisa dulce, 13 añitos... Casi tan mayor como él. Y se había dado cuenta enseguida de que a ella también le gustaba él.
"Isabel será mi mujer cuando seamos mayores y haré que sea muy, muy, muy, ¡muy feliz!, y no como esos hombres malos que pegan a las mujeres"
De pronto tuvo una idea, ¡una gran idea! Había pensado más de una vez hacerle un regalo a Isabel, pero nunca se atrevió.
"¡Ahora es el momento!, espero que mi padre no tenga contadas las sandías"
- Ya está todo en la furgoneta, papá. ¿Puedo irme a dar una vuelta por la playa?
- ¿Y qué vas a hacer en la playa sin el bañador?
- Mirar.
- ¿Ya has comido?
- Sí, me ha puesto mamá un bocadillo grande de lomo y unas patatas fritas.
- A las cinco nos vamos. Estate aquí puntual.
Mohamed sentía el castigo que le había puesto a su hijo, pero el chico estaba allí para aprender a vender y a capear los problemas que se presentan en la vida, que el resto de las cosas ya se las enseñaban en el colegio.
Al primer descuido paterno sacó de la furgoneta una de las más grandes y hermosas sandías y se dirigió a la parada de su amada Isabel. Solo distaba unos 150 metros, pero empezó a acusar el peso de la apetitosa esfera verde.
"¡Uf, como pesa!, espero que no les haya dado por recoger antes de tiempo a los padres de Isabel. Yo no me la puedo comer entera, ni tengo cuchillo"
Pero, afortunadamente, en la parada de Isabel aún estaban haciendo ventas, e Isabel recibió a Ibrahim con una radiante sonrisa.
"Sí, sí, ella me quiere a mí tanto como yo a ella. ¡Jolines, y es guapísima!"
Cuando se fueron los útimos clientes, Ibrahim avanzó unos pasos y le ofreció la sandía.
- ¿Es para mi? - preguntó Isabel.
Ibrahim vio de reojo que se acercaba Don Ramón, el padre de Isabel.
- Sí, para... ¡para todos!
- ¡Muchas gracias, Ibrahim! - le dijo Don Ramón - Seguro que está riquísima. Mira, íbamos a comprar fruta para después de la comida, pero nos has solucionado la papeleta, ¡je,je!
- ¡Jo, que bermudas más chulis tienen!
- Sí, ¿te gustan?
- Claro, algunos, pero no puedo comprarlo porque mi padre todavía no me ha dado el dinero.
- Pues me lo pagas otro día. Bueno, no, te lo doy a cambio de la sandía. Eso es, en vez de dinero, hacemos un trueque, como nuestros antepasados.
- Vale, pero no se lo diga a mi padre, que este es un negocio mio.
- ¡Ja,ja,ja!... Tranquilo, no se lo digo. ¡Ja,ja,ja!, '¡menudo pillastre!
Ibrahim sabía hacerse querer y "entendía de negocios"
El día de la sandía y el bermudas no lo olvidaron jamás. Ella recordaba de aquel día el desparpajo de él, y él la sonrisa maravillosa que le tenía enamorado. Y siguen recordándolo a menudo quince años después. Isabel es trabajadora social e Ibrahim veterinario. Ambos vocacionales. Matrimonio feliz hasta la fecha, quinto aniversario. Y siempre aprovechan algún puente o las vacaciones de verano para acercarse a los mercadillos y echarles una mano a sus padres, pues a fin de cuentas también aprendieron ese oficio. Y una deliciosa sandía, compartida en familia, después de una suculenta paella en la playa de Santiago de la Ribera, es para ellos lo mejor de lo mejor en verano.
Y dentro de cuatro meses va a haber otro en la familia. ¡Enhorabuena, papá y mamá, por vuestro primer zagal!




miércoles, 12 de agosto de 2015

Concurso Veraniego de Relatos Cortos 2015. XIV

 Las bases del concurso aquí.

RELATOS ANTERIORES:


Fábrica de Sueños 
Risa cantarina
¡Antes le pegaré fuego! 
El chuchete poseido por la nutria
MOSQUITO 
La playa de mamá 
DESTINO FINAL 
Descubrimiento y castigo 
VACACIONES EN EL MAR
LOS PROTOCOLOS NO SON PARA EL VERANO...
Posiblemente una historia triste 
LA OTRA CARA DEL VERANO
Saque de honor


LA CHAPA. Jeromo Blombeer






Aquí me han dejado en el carro, los camareros, soy la primera, junto a estas dos botellas vacías.
Pero....y ese niño?? Para qué coge la botella ??
Y ese viejo que viene detrás ?
- La botella no se puede.- - La chapa sí, coge la chapa si quieres- Le dice el viejo.
¡Vaya manaza hermosota que tiene este niño! Tendrá un par de años el crio.
Para qué me querrá? Una triste chapa como yo?.
Pero bueno, por lo menos ya no me echan a la basura, los camareros.
-Ven, vamos a jugar- Le dice el viejo, poniéndose de rodillas en el suelo.
Y el niño me volea, y el viejo me recoge, me pone boca abajo en el suelo y me dá un repiquete con los dedos que me lanza deslizándome a los piés del niño, y el niño me vuelve a volear...
¡Qué bien se lo pasan jugando conmigo!
¡Qué importante ser un juguete!
¡Qué diver, del niño al viejo, del viejo al niño!

¡Cuanta gente comiendo y bebiendo! se ve que celebran algo, que así celebra la gente.

Ya se ha cansado de jugar con el viejo. Ahora se va por su cuenta.
Me volea muy alto y me recoge del suelo y me vuelve a volear.
¡ Vaya ! He rodado bajo la mesa y no me ve. con estos manteles tan largos porque están celebrando....
- Niñoooo estoy aquiíí ,,Soy tu chap.....
-SOY TU JUGUETEEEE-
-NIÑOOOO ESTOY AQUÍÍÍÍ
No me ve, se va en busca de su padre para que le ayude a buscarme.
¡ Qué suerte tienen los niños que tienen un padre super mega guay que les soluciona todo !
Pasan por aquí
-NIÑOOOO ESTOY AQUÍÍÍ
-NIÑOOOO
SOY TU JUGU...e t e e e
Soy tu chapa
No me han visto.
Se van al carro de los camareros. Ya hay un montón de chapas.
El padre coge dos y se las da al niño.
El niño se da cuenta que las chapas se amontonan para tirarlas. Ya no son juguetes.
Ya no le hace ilusión jugar con ellas.
Él me quería a mí.
Qué bonito era ser su juguete.
El niño se va a donde están los padres y pone las dos chapas encima de la mesa y se va a buscar nuevas aventuras por los pasillos entre las mesas.

Ahora a esperar aquí en el suelo a que vengan las limpiadoras y me echen a la basura.
¡Qué asco de vida!


lunes, 10 de agosto de 2015

Concurso Veraniego de Relatos Cortos 2015. XIII

 Las bases del concurso aquí.

 RELATOS ANTERIORES:

Fábrica de Sueños 
Risa cantarina
¡Antes le pegaré fuego! 
El chuchete poseido por la nutria
MOSQUITO 
La playa de mamá 
DESTINO FINAL 
Descubrimiento y castigo 
VACACIONES EN EL MAR
LOS PROTOCOLOS NO SON PARA EL VERANO...
Posiblemente una historia triste 
LA OTRA CARA DEL VERANO



 Saque de honor. Iñaki Zurbano Basabe


 Resultado de imagen de antigua pelota de fútbolResultado de imagen de bandera anticonstitucional




Este relato no se lo recomiendo a las personas muy sensibles. Lo digo absolutamente en serio. No es un relato de humor.


18 de Julio de 1.937


Había transcurrido un año, justo un año, desde el día del "Glorioso Alzamiento Nacional" Los rebeldes ganaban posiciones, pero muy lentamente. La guerra se eternizaba. En la retaguardia tenían tiempo para todo.
En aquel campo de prisioneros era rara la noche que no sacaban a una docena de hombres de sus celdas, los trasladaban en un camión un par de kilómetros, los fusilaban y los arrojaban a una fosa común.
Pero aquella noche fue distinta porque no lo hicieron exactamente de noche y no "pasearon" a una docena de hombres. Un cielo amarillento y rojizo entre nubes dispersas anunciaba el nuevo día. Un día entre muertes y muertes en la España de los dos "bandos irreconciliables".
Solo sacaron a un hombre. Le obligaron a subirse al volquete del camión. Pero el camión tardó en arrancar porque los hombres que se llevaban al prisionero querían que amaneciese del todo.
Finalmente arrancó. Se dirigió a una playa. Detrás, en un par de coches, seguían al camión los hombres que iban a participar en algo incalificable cuyo perjudicado iba a ser aquel prisionero.
El camión se desvió del camino de tierra, llegando al linde de la playa y aparcando allí. Le hicieron bajarse a la víctima. Un republicano. Ellos eran falangistas.
El hombre lloró y suplicó por su vida, recordándoles a sus verdugos que tenía mujer e hijos y que nunca había empuñado un arma.
- ¡Eres un rojo de mierda!, ¡puta basura!, ¡puta basura!... ¡y tu mujer y tus hijos son tan mierdas y tan basuras como tú!
- ¡Me cago en tu puta madre roja! - le gritó otro que no tendría más de 16 años, un imberbe niñato con cara de odio, que hoy en día bien podría ser un ultrasur, un yihadista o vayan ustedes a saber qué otro tipo de monstruo.
El hombre siguió suplicando y, como respuesta, le tumbaron en el suelo y empezaron a propinarle patadas.
- ¡Alto ahí, hostias!, ¡lo quiero vivo!, ¡vivo!, ¡bien vivo!... ¡Me cago en mi puta madre si lo matais!, ¡os fusilo inmediatamente!
Era el que mandaba y nadie osó rechistar. Mientras tanto, otros cavaban un hoyo en la arena, un gran hoyo, o al menos lo suficientemente grande para enterrar al hombre en posición vertical. Cuando lo acabaron, arrojaron al hombre y volvieron a llenar el hoyo de arena hasta cubrirle entero, casi entero. Le dejaron la cabeza fuera. Ya no era un hombre, era una cabeza en el suelo.
La atención de los falangistas se desvió ahora hacia el vehículo que acababa de llegar, un citroen con emblemas del ejercito franquista, el mismo modelo de coche en el que se movía Hitler. El soldado conductor abrió una de las puertas traseras para que saliese su ocupante, un capitán legionario que había participado en la escabechina de Sevilla a las órdenes de Queipo de Llano. Los falangistas le aplaudieron y el sonrió complacido. Era el homenajeado. Después habría una paella en su honor. Ambos actos conmemoraban la gesta del 18 de Julio.
Se dirigió al lugar en donde estaba la "pelota" Él iba a realizar el saque de honor.
El hombre miró aterrorizado a aquellas botas porque intuyó lo que iban a hacerle. Preferiría haber perdido el conocimiento. Mejor aún: preferiría haberse muerto de un infarto. Pero su corazón estaba resistiendo durante todo el prolegómeno de la atrocidad. Seguía vivo y los segundos se le hacían eternos. Ya no le importaba la muerte, quisiera estar muerto, le importaban el dolor y la vejación. Cerró los ojos, pero volvió a abrirlos en un acto reflejo. Allí seguían las botas, grandes, lustrosas, ¡letales!
Retrocedió dos pasos para tomar impulso. Iba a ser un saque de honor, pero él quería que pareciese un penalti. ¡Un cañonazo! Eso iba a ser, un potente cañonazo que dejase boquiabiertos a los mierdecillas falangistas. Tomó impulso y...
Se paró en seco. De pronto había tenido una idea para que a la función no le faltase su pizca de suspense y los falangistas le aplaudiesen de nuevo. Sacó de un bolsillo del pantalón una petaca alcohólica y se echó al cuerpo un largo trago de coñac, mientras que con la otra mano se reajustaba los cojones en un gesto de muy macho español. Los falangistas prorrumpieron en una espontánea ovación, acompañada de gritos de "¡Viva España!" y "¡Viva la Legión!", entusiasmados ante aquel rasgo de campechanía y virilidad española del valiente soldado que había sometido a toda la población roja de Sevilla.
Tomó impulso y propinó un punterazo en aquella cara espantada, en aquella cabeza que se despegó del tronco desplazándose varios metros sobre la arena.
Los servidores de los salvadores de la patria volvieron a aplaudir al héroe de la Legión, esta vez con mayor frenesí.
Seguidamente comenzó el partido. Cuando la cabeza quedase inservible se sustituiría por una pelota de verdad.


( Dedicado a todos los que luchan porque se conserve la memoria histórica para evitar que se repitan hechos execrables como este )


sábado, 8 de agosto de 2015

Concurso Veraniego de Relatos Cortos 2015. XII

  Las bases del concurso aquí.

RELATOS ANTERIORES:

 
Fábrica de Sueños 
Risa cantarina
¡Antes le pegaré fuego! 
El chuchete poseido por la nutria
MOSQUITO 
La playa de mamá 
DESTINO FINAL 
Descubrimiento y castigo 
VACACIONES EN EL MAR
LOS PROTOCOLOS NO SON PARA EL VERANO...
Posiblemente una historia triste



LA OTRA CARA DEL VERANO. Mar Almería





Marina odiaba el verano o más que odiarlo lo temía. Ahora que más o menos estaba la cosa tranquila, pronto otra vez estarían desbordados. La tensión se respiraba cada día en el trabajo, tratando de preparar todo y hacer hueco, inútilmente porque seguro que a pesar de todo faltaría, para acoger a esas nuevas criaturas asustadas y necesitadas de tantas cosas.

Aún recuerda cuando llegó, hace ya casi un año a trabajar a SOS Albergue de Perros Vagabundos. Más de 600 perros abandonados, 600 almas deseosas de recibir un poco de cariño y de cuidados básicos. Sabía que el trabajo no sería fácil, psicológicamente duro y físicamente agotador. Cargar y descargar sacos de pienso, limpiar  los pises y las cacas de los cientos de cheniles, tratar de evitar peleas y ataques inevitables en las manadas que, al fin y al cabo, se basan en la Ley del más Fuerte y en las que no tienen cabida los débiles. Pero ella veía más allá de todo eso. Para ella su trabajo no era “limpiar mierdas” como dirían algunos, para ella consistía en dar una vida medianamente digna a esas criaturas que esperaban cada día con impaciencia la llegada de los trabajadores que, como Marina, eran sus únicos dueños. Y así pasaban los días, con pesadillas cada noche y con sentimientos encontrados. Por un lado la satisfacción de dar una pizca de felicidad a esos perros y conseguir que, después de llegar allí asustados, acabaran por mover su cola en agradecimiento a lo poco o lo mucho que Marina podía darles. Por otro lado, la desesperación de ver cómo muchos de ellos no superaban su estancia allí, cómo la lucha contra los virus era a menudo infructuosa. Malditos virus que se agarraban sin compasión a los inocentes cachorros cuyo protocolo de vacunación era demasiado lento para superarlos. Malditos y repugnantes virus que en menos de dos semanas acababan con la vida de los pequeños que llegaban al albergue con sus caritas inocentes y ganas solamente de corretear y jugar.






Marina temía el verano. Cientos de perros nuevos llegarían al Albergue, tras ser abandonados por otros cientos de seres egoístas y desalamados, porque esos que no son capaces de ver en la mirada de un perro la bondad y la fidelidad no merecen ser llamados personas. Como siempre, Marina haría lo imposible por que pronto se sintieran lo más arropados posible. No sabía cuánto tiempo seguiría trabajando en el Albergue pero sí sabía que tendría que ser porque así lo decidieran los dueños, pues por sí misma, por muy duro que fuese el trabajo, no podría tomar esa decisión, de algún modo sería como traicionar a sus animales.

El verano llegará y el verano pasará, unos sobrevivirán y otros no ¿ley de vida o crueldad humana?.





martes, 4 de agosto de 2015

Concurso Veraniego de Relatos Cortos 2015. XI

 Las bases del concurso aquí.

RELATOS ANTERIORES:

 
Fábrica de Sueños 
Risa cantarina
¡Antes le pegaré fuego! 
El chuchete poseido por la nutria
MOSQUITO 
La playa de mamá 
DESTINO FINAL 
Descubrimiento y castigo 
VACACIONES EN EL MAR
LOS PROTOCOLOS NO SON PARA EL VERANO...


Posiblemente una historia triste. Iñaki Zurbano Basabe





 Posiblemente fue una historia triste o posiblemente no lo fue, pues mi imaginación se mezcla con el recuerdo de otra época en un torbellino de hechos reales y suposiciones.
Mi imaginación vuela sobre una pequeña playa del norte de España en Julio de 1.960. El calor ha animado a los bañistas a tomar posiciones en la arena y a los más osados a meterse en el agua. Muy pronto todos son osados y todos disfrutan del placer de chapotear como los patos, fingirse nadadores olímpicos o practicar la maldad de las aguadillas.
Esos tres niños que están colocados frente a la cámara Kodak que sostiene su tía, los tres con un flotador en la cintura, posiblemente seamos mis hermanos y yo. En ese caso yo soy el que está en el centro,  el del semblante enfurruñado. "¡Clic!" Ya está. Otra foto en blanco y negro que aparecerá al pasar una hoja de un álbum cincuenta años después. 
Oímos el motor de la avioneta publicitaria y miramos al cielo. NIVEA. Cuando la avioneta ya ha sobrevolado la mitad de la playa, lanza tres o cuatro pelotas azules muy grandes de NIVEA.
En la playa hay tres vendedores que hacen las delicias de la chiquillería y satisfacen también a los adultos. En el paseo que bordea la playa vemos el carrito de chucherías y al señor que las vende, aunque todavía no se llaman chucherías, son golosinas o porquerías. Es un señor mayor y en el carrito está muy bien expuesto el genero: pipas de girasol y de la calabaza, chupachuses, caramelos, gominolas, paloluz, regaliz, pan de higo, chicle Bazooka, chicle Dunkin... y también tebeos de Hazañas Bélicas y de El Capitán Trueno y El Jabato, y sobrecitos con cromos de futbolistas, de ciclistas, de la última película de Marisol y de Los Diez Mandamientos. Pero vamos a olvidarnos de este vendedor y de su mercancía porque no forman parte de nuestra historia.
El otro vendedor del paseo de la playa es un hombre fortachón de semblante tímido que empuja un carrito de helados cuando no vende y que se queda estacionado un largo rato cuando vende. Ofrece cucuruchus y cortes y los sabores son de mantecado, chocolate, limón y fresa. También vende polos de limón y de naranja. Piensa la gente que este hombre fue un gudari en la guerra civil y que combatió en las montañas de entre Bilbao y Santander contra los legionarios y moros de Franco. Piensa la gente que posiblemente le ha salvado de la cárcel o del fusilamiento la buena suerte o algún pez gordo o ambas cosas. La gente lo piensa pero no dice nada. No se habla ni en voz baja.
Bajamos ahora a la arena de la playa. Síganme. Ese señor que grita "¡El patateroooo!" es, como su grito indica, un patatero playero. Recorre la playa descalzo y con los pantalones arremangados. Colgando del brazo lleva una cesta de mimbre llena de bolsas de patatas, pero se vacía enseguida y vuelve a por más a cada rato. A los niños nos chiflan las "patatas de patatero", que así las llamamos para distinguirlas de las patatas fritas de nuestras casas. Son muy aceitosas y crujientes. También las llamamos "patatas a la inglesa" y nos las sirve en bolsas de papel porque el plástico todavía se usa poco. El señor patatero es muy moreno, morenísimo porque es un moro. Se ríe mucho y jamás pierde la sonrisa. La gente piensa que es uno de los moros que llegaron al norte de España con los legionarios para combatir contra los vascos y los cántabros. Lo piensan, no lo dicen. Hay miedo a decir lo que se piensa.
Por favor, síganme, volvamos al paseo. Dos guardias civiles muy serios están hablando con el heladero. La gente se aparta del carrito de los helados. Los guardias civiles dan miedo. Se lo llevan. No le esposan, pero se lo llevan. Es igual, si se escapa le aplican la ley de fugas: varios tiros por la espalda.
Posiblemente sea una historia triste y posiblemente no. Mucha gente piensa que el patatero delató al heladero y que a este le encarcelaron por mucho tiempo. Otros piensan que le fusilaron directamente. Pero también hay quienes piensan que solo le quitaron el permiso para vender helados y tuvo que buscarse la vida en otro pueblo.
Ya han pasado veintiun años desde el final de la guerra, ¡pero quién sabe!
Y, posiblemente, ni el heladero había sido gudari ni el patatero moro de Franco.


domingo, 2 de agosto de 2015

Concurso Veraniego de Relatos Cortos 2015. X

 Las bases del concurso aquí.


 RELATOS ANTERIORES:

Fábrica de Sueños 
Risa cantarina
¡Antes le pegaré fuego! 
El chuchete poseido por la nutria
MOSQUITO 
La playa de mamá 
DESTINO FINAL 
Descubrimiento y castigo 
VACACIONES EN EL MAR


LOS PROTOCOLOS NO SON PARA EL VERANO... Mar Almería






LUNES: Llamada de mi hermano "Mar, te recuerdo que el sábado es el bautizo del niño". Y yo pienso "pues claro que me acuerdo ¿no me voy a acordar? si llevo un mes intentando mentalizarme”. De nuevo mi hermano: "A la 1 y media en La Casa de la Espiritualidad""¿y dónde cojones estará eso? ¡vaya nombrecito!  ¿no podían haber bautizado al niño en otra fecha? El verano no es para andar de protocolos sociales, el verano es para ir a la playa a bañarse y comer sandía.
MIÉRCOLES: Abro el armario, para que no me pille el toro e ir pensando qué puñetas voy a ponerme para la ocasión...y entonces llega la cruda realidad (que por otro lado ya conocía), NO TENGO NADA SUFICIENTEMENTE APROPIADO PARA TAL EVENTO. Para variar, porque siempre me pasa lo mismo. Por más que busco y rebusco, solo encuentro shorts, faldas vaqueras, camisetas de manga corta (T-shirts que dirían los ingleses), pareos para la playa...Me agobio, me cabreo, cierro el armario y me digo "ya lo decidiré el viernes".
VIERNES: Abro de nuevo el armario, con la esperanza de que haya ocurrido un milagro, que los dioses se hayan apiadado de mí y que por arte de magia aparezca en algún rincón ese estupendo vestido monísimo y perfecto para los bautizos. Pero nada, todo sigue exactamente igual que el Miércoles (los shorts, los dichosos “T-shirts”, los pareos...). Al final opto por un vestido de hilo heredado que más o menos puede valer aunque está ya un poco descolorido por el uso. Menos mal que hay parte de la familia que de vez en cuando piensa en estas cosas y se compra ropa decente, incluso de marca, que luego me toca a mí heredar. Bueno, y ahora la segunda cuestión: el calzado. Rebusco… sandalias de cuero, alpargatas, chanclas de andar por casa…De pronto me acuerdo de que mi hermana me había dado unas sandalias negras con alguna pedrería, que podrían quedar bien con el vestido y entonces bendigo a mi querida hermana que siempre me saca de este tipo de apuros y bendigo, además, que Dios le diera el mismo número de pie que a mí. Bueno, pues ya está casi todo, a falta de los complementos. ¿Pendientes? ¿pulseras? ¿anillos? por ahí tendré algunos de bisutería que dan el pego.¿gargantilla?..."paso de gargantilla".  Menos mal que no hay que ponerse medias porque eso sería otro problema añadido.  Y ¿bolso? Pufff, complicada la cosa. Rebuscaré a ver, y si no siempre queda el recurso de pedirlo prestado a alguna fiel amiga. Qué alivio, parece que podré salir del paso una vez más....
SÁBADO: 20:15 horas. Estoy de vuelta ya del bautizo. Estoy segura de que alguno o alguna se habrá dado cuenta de que el color de mi vestido no era el original o tal vez de algún pelo de perro, del asiento del coche, que se habrá quedado flotando por ahí. Pero al menos me queda un consuelo: seguro que mi sobrinito, que no llega a los 6 meses de edad, no se habrá dado cuenta de nada de eso y no me criticará.

ODIO LOS PROTOCOLOS Y MÁS EN VERANO. MAÑANA SIN FALTA ME VOY A LA PLAYA CON EL BOCATA, LA SANDÍA Y UN PAREO.