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lunes, 10 de agosto de 2015

Concurso Veraniego de Relatos Cortos 2015. XIII

 Las bases del concurso aquí.

 RELATOS ANTERIORES:

Fábrica de Sueños 
Risa cantarina
¡Antes le pegaré fuego! 
El chuchete poseido por la nutria
MOSQUITO 
La playa de mamá 
DESTINO FINAL 
Descubrimiento y castigo 
VACACIONES EN EL MAR
LOS PROTOCOLOS NO SON PARA EL VERANO...
Posiblemente una historia triste 
LA OTRA CARA DEL VERANO



 Saque de honor. Iñaki Zurbano Basabe


 Resultado de imagen de antigua pelota de fútbolResultado de imagen de bandera anticonstitucional




Este relato no se lo recomiendo a las personas muy sensibles. Lo digo absolutamente en serio. No es un relato de humor.


18 de Julio de 1.937


Había transcurrido un año, justo un año, desde el día del "Glorioso Alzamiento Nacional" Los rebeldes ganaban posiciones, pero muy lentamente. La guerra se eternizaba. En la retaguardia tenían tiempo para todo.
En aquel campo de prisioneros era rara la noche que no sacaban a una docena de hombres de sus celdas, los trasladaban en un camión un par de kilómetros, los fusilaban y los arrojaban a una fosa común.
Pero aquella noche fue distinta porque no lo hicieron exactamente de noche y no "pasearon" a una docena de hombres. Un cielo amarillento y rojizo entre nubes dispersas anunciaba el nuevo día. Un día entre muertes y muertes en la España de los dos "bandos irreconciliables".
Solo sacaron a un hombre. Le obligaron a subirse al volquete del camión. Pero el camión tardó en arrancar porque los hombres que se llevaban al prisionero querían que amaneciese del todo.
Finalmente arrancó. Se dirigió a una playa. Detrás, en un par de coches, seguían al camión los hombres que iban a participar en algo incalificable cuyo perjudicado iba a ser aquel prisionero.
El camión se desvió del camino de tierra, llegando al linde de la playa y aparcando allí. Le hicieron bajarse a la víctima. Un republicano. Ellos eran falangistas.
El hombre lloró y suplicó por su vida, recordándoles a sus verdugos que tenía mujer e hijos y que nunca había empuñado un arma.
- ¡Eres un rojo de mierda!, ¡puta basura!, ¡puta basura!... ¡y tu mujer y tus hijos son tan mierdas y tan basuras como tú!
- ¡Me cago en tu puta madre roja! - le gritó otro que no tendría más de 16 años, un imberbe niñato con cara de odio, que hoy en día bien podría ser un ultrasur, un yihadista o vayan ustedes a saber qué otro tipo de monstruo.
El hombre siguió suplicando y, como respuesta, le tumbaron en el suelo y empezaron a propinarle patadas.
- ¡Alto ahí, hostias!, ¡lo quiero vivo!, ¡vivo!, ¡bien vivo!... ¡Me cago en mi puta madre si lo matais!, ¡os fusilo inmediatamente!
Era el que mandaba y nadie osó rechistar. Mientras tanto, otros cavaban un hoyo en la arena, un gran hoyo, o al menos lo suficientemente grande para enterrar al hombre en posición vertical. Cuando lo acabaron, arrojaron al hombre y volvieron a llenar el hoyo de arena hasta cubrirle entero, casi entero. Le dejaron la cabeza fuera. Ya no era un hombre, era una cabeza en el suelo.
La atención de los falangistas se desvió ahora hacia el vehículo que acababa de llegar, un citroen con emblemas del ejercito franquista, el mismo modelo de coche en el que se movía Hitler. El soldado conductor abrió una de las puertas traseras para que saliese su ocupante, un capitán legionario que había participado en la escabechina de Sevilla a las órdenes de Queipo de Llano. Los falangistas le aplaudieron y el sonrió complacido. Era el homenajeado. Después habría una paella en su honor. Ambos actos conmemoraban la gesta del 18 de Julio.
Se dirigió al lugar en donde estaba la "pelota" Él iba a realizar el saque de honor.
El hombre miró aterrorizado a aquellas botas porque intuyó lo que iban a hacerle. Preferiría haber perdido el conocimiento. Mejor aún: preferiría haberse muerto de un infarto. Pero su corazón estaba resistiendo durante todo el prolegómeno de la atrocidad. Seguía vivo y los segundos se le hacían eternos. Ya no le importaba la muerte, quisiera estar muerto, le importaban el dolor y la vejación. Cerró los ojos, pero volvió a abrirlos en un acto reflejo. Allí seguían las botas, grandes, lustrosas, ¡letales!
Retrocedió dos pasos para tomar impulso. Iba a ser un saque de honor, pero él quería que pareciese un penalti. ¡Un cañonazo! Eso iba a ser, un potente cañonazo que dejase boquiabiertos a los mierdecillas falangistas. Tomó impulso y...
Se paró en seco. De pronto había tenido una idea para que a la función no le faltase su pizca de suspense y los falangistas le aplaudiesen de nuevo. Sacó de un bolsillo del pantalón una petaca alcohólica y se echó al cuerpo un largo trago de coñac, mientras que con la otra mano se reajustaba los cojones en un gesto de muy macho español. Los falangistas prorrumpieron en una espontánea ovación, acompañada de gritos de "¡Viva España!" y "¡Viva la Legión!", entusiasmados ante aquel rasgo de campechanía y virilidad española del valiente soldado que había sometido a toda la población roja de Sevilla.
Tomó impulso y propinó un punterazo en aquella cara espantada, en aquella cabeza que se despegó del tronco desplazándose varios metros sobre la arena.
Los servidores de los salvadores de la patria volvieron a aplaudir al héroe de la Legión, esta vez con mayor frenesí.
Seguidamente comenzó el partido. Cuando la cabeza quedase inservible se sustituiría por una pelota de verdad.


( Dedicado a todos los que luchan porque se conserve la memoria histórica para evitar que se repitan hechos execrables como este )


jueves, 4 de septiembre de 2014

Concurso Veraniego de Relatos Cortos 2014 (13)

Pinchar aquí para ver las normas del concurso.
  Relatos anteriores:

1- Fieras en la playa. De Iñaki Zurbano Basabe  
2- Llegado el verano. De Enriqueta Jiménez Herrera  
3- Empanada gallega. De Iñaki Zurbano Basabe   
0- Sadismo en el hospital. De Leona Catalana (Fuera de concurso)  
4- El verano de Rupertina. De Enriqueta Jiménez Herrera   
0-2-  Un ángel veraniego. De Leona Catalana (Fuera de concurso)  
5- Un verano triste. De Enriqueta Jiménez Herrera   
6- Campo o playa. De Iñaki Zurbano Basabe   
7- VACACIONES SOÑADAS. De Jesús 
8- JESÚS JOSÉ Y MARÍA. De Enriqueta Jiménez Herrera  
9- Un final atípico. De Iñaki Zurbano Basabe  
10- Monjas viejas y curas guapos. De Enriqueta Jiménez Herrera
11- ¡Cuántas cosas se pierden! De Iñaki Zurbano Basabe
12- EL TIEMPO ENTRE LOS MEDIODÍAS Y LAS MEDIASNOCHES DE VERANO. De Golondrina


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 En los extremos del mundo

Autor: Iñaki Zurbano Basabe


Oriol Puchades, una bestia hercúlea tatuada con más de una docena de símbolos independentistas, se paseaba por la arena de la playa luciendo un bermudas de la "estelada" y una camiseta serigrafiada con dos rotundos "Puta Espanya, collons!", uno en el pecho y otro en la espalda. Le acompañaban, sujetos por una gruesa cadena, dos pitbulls entrenados para matar.

Don Jesús María Abad del Monasterio, antiguo militante de Fuerza Nueva y ex guerrillero de Cristo Rey, además de prestigioso ex empresario jubilado, observaba por la mirilla telescópica de su rifle, desde el ático de su casa, en un edificio alto situado junto a la playa, al maldito rojo de mierda que se atrevía a insultar a la sagrada patria.
Don Jesús María, a pesar de sus ochenta años recién cumplidos, conservaba un buen pulso y estaba dispuesto a disparar contra el repugnante separatista.

Sonó "Els Segadors" y Oriol pulsó la pestañita de respuesta de su móvil.
- Hola, Jordi!... Pues nada, dando un paeíto por la playa para ver si algún puto fascista español me mira mal y me doy el gustazo de reventarle la cabeza a hostias, o le suelto a mis "escoltas" para que lo destrocen a dentelladas, ja, ja, ja!
( Lo dijo en catalán, por supuesto. Espero haber sido fiel en la traducción )

Don Jesús María se congratuló por la ocasión que le brindaba el destino. El rojo se había detenido para responder al teléfono. Lo tenía en su punto de mira. "Dios mio, es un blanco perfecto!"
Oprimió el gatillo y...
Una fuerte sacudida del corazón hizo retorcerse del dolor al viejo patriota. Don Jesús María cayó al suelo de la habitación con el corazón ya inservible y los ojos espantados.
Había salvado su vida Oriol Puchades?... Ahora lo veremos.

Familiares, viejas amistades, algunos correligionarios ( otoñales guerrilleros de Cristo Rey y apergaminados falangistas ) acudieron a las exequias fúnebres por el alma del venerable difunto.
Don Borja Antonio, hijo del extinto, le comentó a su cuñado Luis Angel:
- Papá ya había perdido la cabeza, pobrecillo! En los últimos tiempos se creía que era un francotirador en el Madrid republicano. Fíjate, Luis Angel, al energúmeno ese que se pasea con dos perros, ya le había matado veinte veces.
- Jesús, Jesús, no somos nadie!
El féretro estaba cubierto por la bandera española del franquismo, la del aguila negra del Imperio, y sobre la enseña de aquella patria conocida por "una, grande y libre", alguien había puesto un pequeño rifle de mirilla telescópica. Era el homenaje de su nieto pequeño, Alvarito, el cual admiraba profundamente a su abuelo porque todos los días, al regresar del colegio, se lo encontraba matando rojos desde la ventana que da a la playa.
Quién le iba a decir a aquel glorioso nacionalista español que en sus últimas horas en este mundo iba a tener sobre su ataud un juguetito llamado "Rifle automático de vision telescópica de la Capitana Indestructible"