Las bases del concurso aquí.
RELATOS ANTERIORES:
Fábrica de Sueños
Risa cantarina
¡Antes le pegaré fuego!
El chuchete poseido por la nutria
MOSQUITO
La playa de mamá
DESTINO FINAL
Descubrimiento y castigo
VACACIONES EN EL MAR
LOS PROTOCOLOS NO SON PARA EL VERANO...
Posiblemente una historia triste
LA OTRA CARA DEL VERANO
Saque de honor
LA CHAPA
Trueque de amor
KUNG FU de verano


Verano de 2.055
Las playas estaban anunciadas en muchos
idiomas, como cortesía de la ciudad de Alicante a sus numerosos visitantes:
playa, beach, platja, hondartza, praia, plage, spiaggia, strand... Pero cuando
uno ya se encontraba al pie del imponente rascacielos, los anuncios eran más
concretos: "playas en plantas 59, 60, 61, 62, 63, 64 y 65"
La abuelita Irma y sus nietecitos Tino, Rosi y
Vero, cruzaron el amplio hall de la "Gran Torre de Alicante" o
"Gran Torre d'Alacant" en dirección a la zona de ascensores. Una vez
en el interior del elevador ultrarrápido "Apolo 11" ( Cada ascensor
tenía el nombre de una gloriosa astronave ) pulsó el botón de la planta 61,
"playas exclusivas para niños de hasta 12 años acompañados de sus padres
actuales o responsables legales" ( lo de "responsables legales"
tenía su justificación porque la pederastia se había propagado como el
alzheimer en aquella sociedad enfermiza y corrupta de mediados del siglo XXI )
La abuelita Irma y sus pequeñuelos se
encontraron en el ascensor con Conchi, una antigua amiga de la abuela, aunque,
tratándose de la abuela, todas sus amigas eran antiguas. Se dieron un par de
besos tan sonoros - ¡muach!, ¡muach! - que llamaron la atención de una pandilla
de jovenzuelos. Algunos incluso se rieron.
- ¡Uy, Conchi, querida, cuánto tiempo sin
vernos!, ¿también vienes a la playa?
- Sí, hija, sí, pero no coincidimos. A mi me
corresponde la playa de la planta 65, "mayores de 60 años sin niños ni
mascotas" ¡Uy, pero que monos son tus nietecitos!
- Son mis tesoros más preciados, hija mía.
- Ya te digo, son guapísimos. Y la pequeñita es
un encanto, ¡¿verdad, chiquitina?!, ¡tiki-tiki-tiki!
Los jóvenes estaban escandalizados ante tanta
payasería de aquellas carrozas seniles.
- ¡Ay, Conchi, hija, que ya no es un bebé!...
Vero tiene tres añitos.
- ¡Cómo pasa el tiempo, hija! Pues en mi playa
de la planta 65 han puesto un sol que es como el de Andalucía, ¡qué hermosura
de sol!
- Eres una exagerada, Conchi, jamás podrán
igualar al sol natural de Andalucía... ¡ni al de Alicante!, es decir, al sol
verdadero.
- Oye, me acuerdo ahora de una canción que solía
cantar mi madre, una de su época: "¡Vamos a la playa, calienta el sol!,
¡chiri-biri-bi, porom-pom-pom!", no me acuerdo de más.
No hubo tiempo para más charla ni viejas canciones
de verano. El elevador se detuvo en la planta 61 y las dos amigas se
despidieron con otro par de besos escandalosos.
Irma y sus tres nietecillos disfrutaron de lo
lindo en aquella mañana playera. Los niños se dieron al gozo del baño entre
olas y remolinos especiales para niños, y montaron en barquichuelas de pedales,
y corretearon por la arena, un tipo de arena especial para hacer castillos y
otras figuras.
La abuelita Irma y sus nietecitos almorzaron a
media mañana en el chiringuito playero, sentados ante una mesa ubicada junto al
gran ventanal desde el que se veía una panorámica impresionante de la costa.
La abuelita no pudo reprimir que un par de
lágrimas resbalasen por sus mejillas al ver ahí abajo la Playa de San Juan, su
playa, la playa de su infancia y juventud, ahora convertida en un vertedero de
inmundicias tóxicas, cadáveres de peces mutantes, basura arrojada desde los
"cruceros de placer", ballenas y delfines en descomposición... Estaba
rigurosamente prohibido el acceso a las "playas antiguas" La
Humanidad aún no había resuelto sus graves problemas relativos a la ecología y
el medio ambiente. La Amazonia ya era casi un páramo. Pero avanzaba mucho en
tecnología punta para crear edificios altísimos e inteligentísimos, así como
barcos, trenes y aviones que surcaban el mundo a velocidades escalofriantes. Y
el hombre ya había llegado a Marte. El planeta rojo estaba habitado ahora por
rusos, estadounidenses, chinos e iraníes y ya se avecinaban los primeros
conflictos bélicos interplanetarios.
Regresó a la mente de la abuelita Irma la
canción que le había recordado su amiga Conchi y se sintió estúpida al
llenársele la cara de lágrimas.
"¡Vamos a la playa, calienta el sol!,
¡chiri-biri-bi-porom-pom-pom!"