sábado, 22 de diciembre de 2012

Galardón I Concurso de Relatos Cortos Navideños




Amigos míos, no miento si digo que no esperaba ganar, pensaba que sería el relato de CASASREALESDESNUDAS, '¡Queridos Reyes Magos! He sido....', pero ha saltado la sorpresa por un voto.
El relato de El Periódico de El Prat también ha sido de los más votados, pero para mí -y estoy segura de que para todos-, no hay ni uno solo que desmerezca y por este motivo en esta ocasión he proporcionado tres votos a cada miembro de la Comunidad en vez de uno solo, para tener ocasión de expresar nuestras preferencias más extensamente.

A continuación pongo la lista de los relatos y los votos obtenidos, congratulándome de que todos han sido votados, en mayor o menor medida, pero votados.

1- El calendario maya y los joíos maderos.
1- Noche Buena de 2011 en Santa María de las Nieves.
2- Purita y el paje real.
3- LA VERDADERA HISTORIA DE LA NAVIDAD.
5- Noche de Reyes.
2- Feliz Noche Buena, Claudio!
4- ¡Queridos Reyes Magos! He sido.....

Me habría gustado otorgar el galardón a alguno de vosotros, pero de nuevo no ha sido posible. Menos mal que todo es transparente, a la vista. Espero poder hacerlo en la próxima ocasión, que no tiene por que ser en verano, pues se me ha ocurrido algo que estoy segura os gustará.

Una vez más os doy las gracias por participar de un modo u otro y lograr que nuestra Comunidad avance aunque sea lentamente, pues lo importante es estar juntos y pasarlo bien.

¡Os deseo unas felices fiestas 
y que el nuevo año nos sea más propicio a todos!
Nos reencontraremos después de Reyes

Abrazos y besos




viernes, 21 de diciembre de 2012

Votaciones I Concurso de Relatos Cortos Navideños

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Una vez más nos lo hemos pasado muy bien con una de nuestras actividades y aunque lamentamos la baja participación de algunos miembros, ello no es óbice para que los habituales sigamos adelante con ganas.
En el último momento del I Concurso de Relatos Cortos Navideños se nos ha unido un viejo amigo, CASASREALESDESNUDAS, al cual damos la bienvenida entre nosotros.

Ha llegado la hora de las votaciones, mis bravos, releed las normas en la entrada del anuncio y tened en cuenta que puede votar cualquier miembro de la Comunidad, aunque no haya presentado ningún relato.
Cada miembro dispone de tres votos y en caso de empate se procederá a nueva votación, peró sólo entre los relatos que hayan sumado coincidencia.
Cada voto se dejará en el relato elegido con la frase DOY UN VOTO A ESTE RELATO, o DOS o TRES VOTOS, puesto que se pueden usar los votos para repartirlos o destinarlos a uno o dos relatos.

A continuación pongo los enlaces a los relatos presentados.

- Purita y el paje real. Bonifacio Bombaredonda
- LA VERDADERA HISTORIA DE LA NAVIDAD. El Periódico de El Prat
- Noche de Reyes. Leona Catalana
- Feliz Noche Buena, Claudio! Bonifacio Bombaredonda
- ¡Queridos Reyes Magos! He sido......... CASASREALESDESNUDAS


¡Adelante! 

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 AVISO

El plazo para votar finalizará esta noche a las 0 horas y a continuación se publicará el ganador, a no ser que en caso de empate haya que repetir la votación exclusivamente entre los relatos empatados.

 

miércoles, 19 de diciembre de 2012

¡Queridos Reyes Magos! He sido............

I Concurso de Relatos Cortos Navideños






A pesar de aquel gélido frio y la humedad reinante que calaba hasta los huesos,  Germán, junto a su hermana  Sandra , algo menor que el,  habían salido del refugio ofrecido por aquella chabola que su padre había construido a base de desperdicios de madera y chapa que había ido recogiendo por los vertederos . Desde donde se encontraban,  debido a la orografía del terreno, ya que el solar donde les habían permitido al menos de momento instalarse estaba situado a las afueras de la población y  unos metros por encima de ella, podían ver perfectamente  la gran avenida por la que dentro de unos minutos iban a pasar aquellos tres reyes a la grupa de sus gigantescos camellos y acompañados de aquellos pajes que les servían de ayudantes. También podían ver el final de esta, que terminaba en una plaza donde se habían instalado  tres tronos bellamente engalanados sobre un estrado construido ex profeso para aquel acontecimiento.
.- ¿Qué nos van a traer a nosotros?.- Preguntó la niña ilusionada.
.- No creo que nos traigan nada, estamos muy altos y los reyes no podrán subir hasta aquí.- Germán sin mirarla, pero sin soltar la manita de su hermana, intentó que Sandra no se llevase una desilusión al esperar que la colmasen de regalos como había ocurrido en el  pasado.
.- ¿Y la carta que les mandamos?.- Se refería a una carta que habían escrito y que el muchacho lanzó al aire tras haberle dado forma de avión.
.- No se, a lo peor no la han recibido, no me salió muy bien.
No quiso explicarle que los estúpidos  Reyes Magos, al igual que Papa Noel y Santa, solo te regalan cosas cuando tienes dinero.
Sin pretenderlo su mente retrocedió apenas un  año, solo un año. 
Se habían levantado de la cama el día de reyes y habían encontrado toda la habitación llena de regalos, no era lo que ellos habían pedido, pero aunque mas modestos a ellos les había producido una gran satisfacción, en especial a su hermana. Por supuesto, el a sus diez añitos  ya sabía quienes  eran los verdaderos responsables de tal evento. Había sido en el colegio, donde Rubén el niño mas rebelde pero que era su amigo, lo había estado explicando dándoselas de importante al estar rodeado de un grupo de compañeros. También les había dicho como se hacen los niños, y que el, había pillado varias veces a sus padres haciendo a su hermanito en diferentes posturas, por lo visto debía doler mucho porque los dos gemían según el .
Apenas un par de meses después de terminar aquellas navidades oyó a sus padres hablar, el paro se  había acabado, ya no iban a recibir ni un euro más. Su madre se había puesto a llorar y su padre apenas si podía contener las lágrimas. Unos meses después había llegado un hombre acompañado de la policía y les habían echado de casa. Parecía que había pasado un siglo. 

Después de tirarlos de muchos lugares donde habían pretendido montar su chabola, al fin la policía parecía haber hecho la vista gorda y les permitían seguir allí. Su padre, gracias a esos desechos mencionados, había construido para ellos una pequeña residencia donde poder  estar mas o menos confortables, dentro de lo delicado de la situación. Disponían de un pequeño comedor, un rinconcito que hacía las veces de  cocina y dos pequeños dormitorios donde dormir sus padres y ellos. Incluso disponían de ventanas, que Julián su padre, había hecho con unos trozos de un material que había encontrado y que tenía un nombre muy difícil de pronunciar, metaquilatro, al fin había aprendido a pronunciar aquello que parecía plástico. Con un cable enterrado en el suelo hasta el  poste eléctrico mas cercano se abastecían de electricidad, con la que podían alimentar un frigorífico y un televisor, que alguien, en mejor situación que ellos había abandonado junto al contenedor de basura, posiblemente los habrían renovado por otros mas modernos. También tenían una estufa de leña que el hombre había encontrado en el derribo de un chalet.
Su madre, Laura,  lograba no sin esfuerzos que la casa estuviese lo mas limpia de tierra posible, e incluso había puesto algunas plantas en la ventana y en la entrada de lo que ahora era su hogar.

.-¡Mira, mira! ¡Ya llegan!.- Sandra se puso a dar saltos de alegría al ver aparecer a los Magos. German por su parte intento sonreir al ver a su hermana, pero en sus labios apenas si se dibujo una mueca.

Habían pasado casi dos horas y el acto de reparto de regalos en la plaza  llegaba a su fin. Laura había salido un par de veces a decirles que se iban a quedar helados y que la cena estaba sobre la mesa, pero Sandra no había querido entrar y su hermano no estaba dispuesto a dejarla sola.

.-Bueno, esto ya se ha acabado, vamos para adentro.- 

La niña agachó su cabecita compungida pero sin soltar un lamento, aferrando la mano de su hermano entró junto a este en la choza. Enseguida sintieron un agradable calorcito , la estufa de leña que Julián había encendido hacía que aquel refugio fuese mas acogedor.
Se hallaban cenando al tiempo que veían el televisor cuando un tumulto se escuchó fuera de la morada.
Sus padres se miraron entre contrariados y asustados durante unos instantes que fué los que tardó Julian en reaccionar. Se levantó, fue hacia la puerta y salió al exterior con un palo que pensaba utilizar en la estufa. Los dos niños corrieron junto a su madre y esta les cobijo junto a ella sin perder  de vista la entrada.
No había transcurrido un minuto cuando el hombre volvió a entrar por la puerta, su rostro estaba resplandeciente con una amplia sonrisa que le llegaba de oreja a oreja.
.- ¡Salid fuera!¡De prisa salid fuera!.- Gritó a su familia que le miraban sorprendidos.
Los cuatro salieron fuera y la escena les dejo helados, pero no de frío.
Los tres reyes, sus monturas y cuatro pajes, todos ellos precediendo a un centenar de personas del barrio mas cercano se estaban acercando hacia ellos. Entre ellos el señor Joaquín, el tendero del barrio que aún resistía a pesar de la presión que los supermercados ejercían sobre los pequeños comercios. Doña Antonia, una anciana mujer que vivía sola y a la cual su nieta visitaba con frecuencia para ayudarle. La señora Enriqueta, harto refunfuñona pero con un grandisimo corazón, acompañada de Claudio, su esposo, quien no hablaba por no pecar. Así hasta un centenar de personas aproximadamente. Las mismas que meses atrás habían evitado que les echasen de aquella chabola, las mismas que dentro de sus posibilidades les ayudaban con alimentos, ropa e incluso algún dinero todas las semanas. Las mismas que no habían dejado a las asistentas sociales mandar a  los niños a un centro estatal.
Todos ellos tenían en gran estima a aquella familia que debido a la situación estaban pasando malos tiempos, y ahora, se habían unido para que German y Sandra tuviesen aquel año sus regalos de reyes. Para Julian y Laura también había una grata sorpresa. A don Severino, uno de los vecinos mas pudientes de la barriada, le había quedado vacío uno de los cuatro pisos que tenía alquilados, entre todos le habían convencido para que lo alquilase a la familia sin ningún tipo de entrada y a un precio casi simbólico.

Los García siempre recordarían aquel día de reyes como el mejor día de sus vidas.

Feliz Noche Buena, Claudio!

I Concurso de Relatos Cortos Navideños





Doña Purita y su amiga Teresita, dos respetables damas otoñales de la Villa y Corte, salieron de compras en la tarde de Noche Buena de unas navidades muy frías.
Toparon con un mendigo que estaba acurrucado en el suelo junto a un vaso de cartón cortesía de McDonald's, en el cual había más monedas que de costumbre, dado que en estas fechas "señaladas" muchas personas de las casas se obligan a ser bondadosas con las personas de las calles.
- Tome usted, buen hombre, para que pase una Noche Buena mejor - Le dijo Doña Purita al mendigo dejando caer un billete de cinco euros en el vaso petitorio. ( Sólo cobraba una pensionciata para ir tirando, pero en Navidades se permitía alguna generosidad de este tipo )
El hombre sonreía pero no dijo una palabra.
- Ay, hija, seguro que nadie le ha echado tanto dinero como tú, - explayose Teresita - se ha quedado mudo de la emoción.
- Sí, hija, pero sonríe, a lo mejor le hemos hecho feliz. Adios, buen hombre, adios!
Y allí quedó el buen hombre con su sonrisa congelada, su vaso de McDonald's y su gorrito de Papa Noel, uno de esos gorritos que se ponen casi todos los mendigos al llegar a estas fechas, como si formase parte de un uniforme de mendigos navideños.
La sonrisa congelada, un moco congelado, el corazón congelado y la vida congelada. La vida azarosa de un hombre que fue descendiendo a las cloacas de la sociedad hasta convertirse en un pordiosero o mendicante, el mismísimo rumbo que siguen tantísimos otros por desgracia.

Doña Purita y Teresita regresaron.
- Mire, buen hombre, hemos pensado en obsequiarle con más cosas, aquí tiene una cajita de higos pasos y una botella de Quina Santa Catalina, que es medicina y es golosina. Que lo disfrute, amigo!
- Ay, hija, vamos! - Se inquietó Teresita - esa sonrisa está empezando a preocuparme. Creo que este hombre necesita un médico o algo así; vamos a ver si encontramos un guardia municipal. - Y tiró de Doña Purita calle arriba.

Nada más marcharse las buenas samaritanas apareció una pareja joven de voluntarios con su termo de café galletas y algunas mantas.
- Qué tal Claudio, cómo van esos ánimos?... Quieres café?... Claudio, quieres café?
Intervino su compañero:
- No te molestes, María, me parece que Claudio ya nunca más va a tomar café.
A la joven voluntaria se le encogió el corazón y unas lagrimitas brotaron en sus ojos, y aún así encontró fuerzas para decir.
- Feliz Noche Buena, Claudio... también para ti.

Cuando Doña Purita y Teresita encontraron un guardia municipal, ya no se acordaban en que calle habían visto al mendigo.
- Tu crees que le gustarán los higos pasos, Teresita?
- Ay, pues no lo sé, hija, a lo mejor hubiese preferido un bocadillo, que sé yo!
- Pobre gente!




lunes, 17 de diciembre de 2012

Noche de Reyes

I Concurso de Relatos Cortos Navideños



La tía Angelita estaba en la cocina preparando la cena.
- ¿Dónde están los papás? -preguntó Pepito.
- Han ido a ver a un señor enfermo. -respondió la tía mientras freía unas patatas para hacer tortilla española.
- Venga, Pepito, -dijo Carmencita a su hermano- vamos a poner el cubo de agua, el pan seco y los zapatos en el balcón, como cada año.
Y allá que fueron los dos, seguidos por la más pequeña, Conchita.
A Carmencita se le ocurrió hacer un dibujo con unas palabras y dejarlo junto al cubo y el montoncito de pan que llevaban días guardando para la noche más mágica infantil, esa que llena de ilusión a los niños acostumbrados a recibir las egregias visitas anuales. Se sentó a la mesa del comedor y empezó a dibujar. Pepito no quiso ser menos y también tomó una hoja y los lápices de colores. Pero cuando hubieron terminado y se mostraron mutuamente su obra, empezaron a discutir.
- ¡Que no, que eso no lo puedes poner, Pepito!
- ¿Por qué no? -inquirió su hermano a la defensiva.
- Porque has escrito "Para Sus Majestades, los Reyes Magos de Oriente".
- ¡Pues qué! ¿No es así?
- ¡No, burro! El pan seco y el agua son para los camellos, no para los Reyes. Mira que si se enfadan por tu culpa y no nos dejan nada...
Ambos fueron a la cocina discutiendo, para que la tía Angelita ejerciera de juez, ya que Pepito no se apeaba de encontrarlo totalmente adecuado.
La tía estaba volteando la tortilla y resopló ante la furiosa irrupción de Pepito que le tiraba del delantal. Miró su papel, miró el de Carmencita que había escrito "Para los cansados camellos de Sus Majestades de Oriente, Melchor, Gaspar y Baltasar" y sin más miramientos le dió la razón a esta, al tiempo que les mandaba poner la mesa.
Después de cenar se acostarón sin que los padres hubiesen llegado. Carmencita se durmió pronto, con la ilusión del despertar mañanero.

Abrió los ojos sin saber qué hora era, pero por los bordes de los porticones de la ventana se filtraba una tenue claridad. Con el corazón bríncandole en el pecho se acercó a la puerta de la habitación y sigilosamente abrió una rendija. ¡Oh, el comedor estaba lleno de paquetes y bultos imprecisos! Pero... ¡Alto, alto!, había alguien.
Sin atreverse ni a respirar, Carmencita observó a dos personas de espaldas, inclinadas sobre los bultos, colocándolos aquí y allá. ¡Los Reyes! Y qué elegantes vestían con sus túnicas. No había luz en el comedor, la única se filtraba por la puerta del balcón, muy tamizada.
La niña cerró la puerta con cuidado y volvió a acostarse. La espera se le hizo eterna, no se atrevía a volver a levantarse. Finalmente la puerta se abrió con estrépito "estilo Pepito" y entró su hermano gritando que ya habían venido los Reyes.
Alborozados, fueron abriéndose paso en el mar de regalos. Carmencita se llevó a su habitación la caja de Anatomía Humana Desmontable, quitándola del alcance de Pepito antes de que éste tuviera ocasión de trocear las costillas una a una o algo semejante. La muñeca nueva, la ropita para la del año anterior... ¡Montones de cosas! Y en el recibidor encontraron algo más, de mucho bulto. Al quitar los papeles que lo cubrían apareció un jeep militar a pedales y una cuna de muñecas.
Entonces Carmencita ató cabos con lo visto desde su habitación.
- ¡Mamá, esta noche he visto a los Reyes!
- ¿Qué dices?
- ¡Sí! Eran ellos, pero sólo vi a dos, a Melchor y Gaspar.
La madre no sabía qué pensar y estaba un poco alarmada.
- Melchor llevaba una túnica corta, oscura, con unas cositas pequeñas de color claro y Gaspar una larga, rosa, muy brillante. A Baltasar no lo he visto porque debía estar en el recibidor poniendo el coche y la cuna.
- ¡Mentirosa! -bramó Pepito, siempre celoso de su hermana.
Los padres se miraron con una expresión que a Carmencita se le antojó algo extraña, nunca se la había visto.
- Venga, id a vestiros, que vamos a casa de los abuelos y las tías a ver qué os han dejado allí.

Esa noche, antes de cenar, el padre no se puso su batín azul marino con flores de lis beige ni la madre su bata rosa de satén.


domingo, 16 de diciembre de 2012

LA VERDADERA HISTORIA DE LA NAVIDAD

 I Concurso de Relatos Cortos Navideños

 
Corría el año setecientos y pico de la fundación de Roma, el 7 u 8 antes de lo que se conocería como era cristiana. Cuando por los polvorientos caminos de Judea discurría una numerosa caravana, auspiciada por un rico constructor, promotor inmobiliario de la época, llamado José.
El tal José había hecho una fortuna en Egipto, con el boom inmobiliario que sucedió a la guerra entre Cleopatra y Marco Antonio por un lado y Augusto por el otro. Aunque anteriormente ya había medrado en la construcción de los destruidos barcos de la real pareja en la batalla Actium. Un gran comerciante este judío afincado en Alejandría.
Resultole que habiendose quedado viudo y sin hijos y de visita en su tierra natal de Nazaret, su sobrina de 14 años habíase quedado embarazada de un desconocido. Y fue convencido por su hermano para que la desposase librando de la vergüenza a la familia, a la vez que le daba un heredero.
Y en el regreso a sus posesiones y negocios en Egipto, su flamante nueva esposa se puso de parto en las cercanías de la ciudad de Belén. Allí acampó la importante comitiva, ocupando las habitaciones más lujosas de unos de los caravasares de la ciudad.
Allí estaba la niña María, teenager mother, que se diría ahora. Gritando los dolores del parto, en su lujoso lecho. Sabanas de seda y limpisimo lino, atendida por multitud de criadas y esclavas. Que como suelen decir las enfermeras y comadronas de hoy en día no dejaban de recordarle que poco le dolió cuando lo estaba concibiendo. María se acordaba de aquellas horas y días en compañía de su primo, revolcandose por pajares y prados. Que lejanos quedaban aquellos gozos. Quizás no volvería a ver a su primo Juan. Mas tarde sería conocido por la historia como Juan el Bautista.
Aconteciese que en el mismo caravasar estabán alojados tres sabios caldeos. Conocedores de todas las ciencias de la época, entre ellas la incipiente medicina. José no pudo por menos que rogarles atendiesen a su recién esposa. Pagándoles por sus servicios, oro, incienso y mirra.
Y en aquel lujoso establecimiento nació el niño Jesús.
Enterado Herodes, que tan importante empresario estaba en al ciudad, mando llamar a José. Que presto se apresuro a acudir, ya que avieso, olio el negocio. Efectivamente Herodes quería recalificar unos terrenos y construir un palacete para su favorita Herodias, madre de la que fuera Salomé. Del total el se quedaría el tres por ciento. Firmado y sellado, los dineros se transfererían a la lejana Helvetia.
Así era José, en todos lados conseguía oportunidades. Salió viudo de Egipto y volvió casado con una mujer joven  y todavía mas rico. Y con un hijo, que daría que hablar.

viernes, 14 de diciembre de 2012

Purita y el paje real.

I Concurso de relatos cortos navideños.

De este relato yo sólo he escrito el título. Dado que ando escaso de ideas ultimamente, le he pedido a mi amiga Doña Purita que nos cuente algo interesante de su vida relacionado con la Navidad. Una mujer de su edad ha de tener por fuerza muchas vivencias interesantes en la memoria. Y Doña Purita a accedido a mi petición. He aquí el relato:


Purita y el paje real.  ( Narración basada en un hecho real vivido por Doña Purita en su alegre mocedad )





Hola, amigos de la Comunidad de Blogs del Periódico del Prat!... Me llamo Purificación Castro Allendelagua, pero todo el mundo me dice Doña Purita.
A mis doce o trece años yo era una mocita con toda la inocencia de las chiquillas de entonces. Y lo que les cuento sucedió a principio de los años cincuenta.
Mis papás me llevaron un día de Diciembre a ver al paje de los Reyes Magos. El paje estaba en una gran tienda que se llamaba Sepu - hoy ya no existe - en la Gran Vía madrileña, cerca de Telefónica.
La cosa es que yo tenía que entregarle al paje la carta para los Reyes Magos. Había una gran cola de niños y niñas y yo estaba muy nerviosa. Fíjense, con doce o trece años!... A esas edades las niñas de hoy en día saben más que Lepe, Lepijo y su hijo.
Cuando llegó mi turno me sentaron sobre el paje, que estaba acomodado él en un trono dorado de esos que se ven en las películas. Y el paje me hizo preguntas: "Cuántos añitos tienes?; "Cómo te llamas?"; "Estudias mucho?"... Y también me dijo que era muy guapa, que tenía unos ojos muy bonitos... Y yo empecé a notar extrañada algo así como un palo o un hierro entre las piernas del paje. Y con los besos que me dio me manchó de saliba la cara. Y también me tocó las piernas y un poco una de las tetitas por encima del vestido. Yo pensaba: "Caray, qué tocones son los pajes reales!", pero no lo relacionaba con nada sexual porque las niñas de cuando entonces éramos inocentísimas. Mis papás no me podían ver muy bien porque los padres quedaban algo atrás, casi ocultos por la barrera de niños que esperaban su turno.
Y como era tan inocente, pues esa noche les hablé a mis padres con toda naturalidad, les dije que el paje tenía entre sus ropas algo muy duro, que me manchó de babas la cara y que me tocó un poco una tetita. Y entonces me llevé una gran sorpresa, mi padre se enfadó y empezó a decir tacos, y recuerdo que mi madre le hizo callar. "Cállate, Venancio, que esas cosas no las tiene que oír la niña", eso fue lo que le dijo.

Al día siguiente me encontré a mi amiga Teresita y me dio una noticia. Me dijo que había venido otro paje de Oriente porque al que yo conocí le había pegado un hombre y ahora tenía los ojos morados y la nariz rota.

Mi amiga Teresita y yo, que seguimos siendo muy amigas, hemos recordado muchas veces esta anécdota. Teresita suele decir que si le llega a ocurrir a ella, su padre, que era un coronel de caballería muy serio, le hubiese cortado el cuello con el sable. Hay que ver las cosas de bombero que se le ocurren a Teresita!

                                                                      Fin