Las personas que fueron testigos de aquel prodigio de la Naturaleza, jamás lo olvidarán. Algunos viven y aún se estremecen cada vez que lo cuentan porque fue el fenómeno más inexplicable, paranormal, absurdo, extraordinario, asombroso, maravilloso y alucinante de todos los fenómenos habidos sobre la faz de la Tierra. Desgraciadamente no existe ningún testimonio gráfico. Nadie en aquella mañana calurosa de Agosto de 1.958 tenía a mano una cámara fotográfica porque no era habitual pasearse por la calle con una cámara como hoy en día. Algunos poseían cámaras pero en aquel momento las tenían en sus casas. Tampoco se le ocurrió a nadie ir corriendo a por ella porque no existía la obsesión neurótica por fotografiarlo todo como en los tiempos actuales.
El que dio la voz de alarma fue Mister Preston, el arquitecto inglés que dirigía las obras de restauración de la iglesia románica. Entró en la taberna del pueblo como un ciclón y gritó:
- Is there a snowman in the beach!... Is there a snowman in the beah!
Nadie le entendió por la diferencia idiomática reinante y porque es muy difícil entender a los ingleses cuando se empeñan en hablar en inglés. Con lo fácil que es hablar en español, coño!
Mister Preston se dio cuenta al momento del error, evidentemente causado por el nerviosismo, y recurrió a su precario español:
- Hay un muñeco de nieve en la playa!
Lo primero que pensó la mayoría es que había bebido. Hablar de muñecos de nieve en una mañana tórrida de Agosto era la mayor estupidez que se le podía ocurrir a alguien, y más en un pueblo de la costa levantina en donde sólo tenían referencias de la nieve por el NODO.
Pero fue tal la insistencia del anglosajón que varios lugareños se dejaron arrastrar hasta la playa, entre ellos el Padre Glorialdo, párroco del lugar. (Aún faltaban varios años para que el venerable sacerdote se volviese loco ante la aparición de los primeros bikinis en el pueblo.
Ver relato "Bikinis")
Y, efectivamente, allí estaba el níveo muñeco, todo un clásico muñeco de nieve, de nieve auténtica como pudieron apreciar al instante, con su chistera, su bufanda roja y su zanahoria por nariz. Y lo vieron de chiripa porque el sol radiante ya estaba empezando a derritirlo.
"Esto es obra del Demonio!" - sentenció el Padre Glorialdo -
"Una cosa así va contra Natura"
Tocaron la nieve, la olieron y la saborearon para que no les cupiese ninguna duda.
Dicen que el tiempo todo lo borra. "Mentes juiciosas" de hoy en día sostienen que los lugareños y el inglés eran unos cachondos y se les ocurrió la broma de contar este cuento, y que el viejo sacerdote tenía la sesera derritida por el calor y le convencieron como a un primo.
Pues no, la historia es rigurosamente verídica, se lo aseguro a ustedes. The snowman was in the beach in that Summer.
- En español, cojones! (lector mosqueado)