jueves, 16 de mayo de 2013

Anécdotas de un mejillón y una leona ( XXVII )




En los juzgados y por los suelos.

Aquí les cuento mi pequeño paso por Turno de Oficio, aquella memorable serie que protagonizaron Juan Luis Galiardo y Juan Echanove. Lo mio fue en la segunda época de la serie. El casting lo dirigía el propio Echanove, que no fue un casting al uso sino más bien una entrevista cordial. Galiardo y él eran los productores en esta segunda época.
Me dio un papelito de policía nacional y la cosa tenía que hacerse en los famosos juzgados de Plaza de Castilla, en Madrid. Me encargaba de custodiar a un delincuente.
Hago un inciso: Fue mi admiradísimo comediante Fernando Fernán Gómez el que dijo aquello de "a los actores no nos pagan por actuar, sino por esperar" Otro colega, no recuerdo ahora quién, dijo que "no nos pagan, nos indemnizan por las desesperantes esperas"
La cuestión es que mi espera fue infinita, es decir: no llegué a trabajar. Iban tan apretados de tiempo que finalmente optaron por suprimir mi parte, algo que es más habitual de lo que el público pueda imaginarse.
Obviamente, cobré lo estipulado, pues en los contratos se dice que si al actor ya le han vestido y maquillado tiene derecho a su sueldo aunque no trabaje, y yo pasé toda una santa tarde disfrazado de "madero" y esperando la ocasión que no llegó.
Pude ver de cerca, aunque no llegué a hablar con él, al gran Juan Luis Galiardo ( ya desaparecido ) un hombre que empezó haciendo de galán en las españoladas y que, con la madurez, se convirtió en un excelente actor con múltiples registros.




( Juzgados de Plaza de Castilla, objetivo de todos los telediarios y programas "del corazón" )

La anécdota en los juzgados

El director hacía señas al equipo técnico y a los actores para indicarles que iba a empezar a rodarse un plano. Se habían suprimido radicalmente las voces de "motor!, silencio! y acción!", y esta drástica medida fue motivada porque en los primeros días de rodaje, cuando los presos preventivos del juzgado ( los calabozos estaban en la planta inferior ) escuchaban tales voces, montaban un follón de tres pares de pelotas para fastidiar. Cualquier cosa con tal de matar el aburrimiento.


El detalle de Echanove

Aunque, como ya he dicho, no había ningún problema para cobrar el "trabajo" ( la "espera" ) el bueno de Echanove, sabiendo que lo que le jode más a un actor es no poder mostrar su talento, prometió darme otro personaje en otro episodio. Creí que era palabrería, cosa muy corriente en este oficio de promesas incumplidas y proyectos abortados. Pero me sorprendió a los pocos días llamándome para firmar un nuevo contrato. Hice el padre de un chico dieciochoañero, un padre que le echa una broca tremenda a su hijo porque este ha ocultado a la policía que sus amigos son los que han asesinado a un homosexual en la Casa de Campo. Como todas las historias de Turno de Oficio, estaba basada en un hecho real. Lo rodamos ( se hacía en el sistema de cine ) en una casa antigua de la Corredera Baja de San Pablo.


Por los suelos.



( El Corte Inglés de la Calle Goya )

Fue una cámara oculta para Tele Madrid, uno de estos "experimentos" para captar la reacción de la gente. Me tumbaba en el suelo boca arriba, con los ojos cerrados, como si me hubiese pasado algo, unas veces vestido con normalidad y otras de andrajoso, y siempre en un punto requerido por las cámaras ocultas. Lo hicimos cerca de la plaza de toros de Las Ventas, en la plaza de Manuel Becerra y en Goya, junto al Corte Inglés. Este último era el lugar de más tránsito de gente y enseguida se arremolinó el público en torno a mi. Oí las típicas expresiones: "Apártense, que le de el aire", "Oiga, qué le pasa?!", "Estará muerto", "No habrá comido", etc. Y ahora viene la gran anécdota.

El poli desinformado y el médico puteado.

Es sabido que para montar estas "bromas" en la calle se requieren los debidos permisos de la autoridad, por lo cual los policías municipales de esa zona están avisados. Pues de pronto oigo una voz con tono imperativo: "Oiga, qué le sucede?... No puede levantarse?!" E inmediatamente escucho otra voz que le habla bajito al primero: "Déjalo, coño, que es una cámara oculta" Eran dos "munipas", uno "avisado" y el otro "no avisado" Descoordinación entre los gloriosos miembros de la policia municipal madrileña, je, je!... Y lo más cachondo es que, cuando estábamos grabando en Manuel Becerra, apareció una ambulancia del Samur, y el médico nos dijo que una hora antes también le habían comunicado que había alguien en el suelo en Goya y que al llegar no encontraron a nadie. Para morirse de risa con la efectividad de los "guindillas" de la Villa y Corte.
Resultado del "experimento": En ambas situaciones, tanto cuando me mostraba de ciudadano normal como de andrajoso, hubo gente que se interesó por mi estado. Naturalmente, fueron muchísimos más los que pasaron de largo
Ni imaginaba ese día que tiempo después me iba a convertir en un "provocador" fijo del programa "Ta Tocao" de Antena 3, en el cual surgieron un montón de divertidas anécdotas de las que daré cumplida cuenta en su momento.





martes, 14 de mayo de 2013

Anécdotas de un mejillón y una leona ( XXVI )




Un tontolaba herido en su amor propio

La anécdota gira en torno al actor Jesús Guzmán, aquel que se hizo famoso como "el cartero de Crónicas de un pueblo", una serie televisiva ancestral que dirigió el siempre eficaz Antonio Mercero. ( "La cabina", "Farmacia de guardia", "Verano azul" y un largo etcétera de éxitos )
Colaboraba yo en la revista satírica "Sal y Pimienta", de la que se había desentendido Editorial Zeta y ahora pertenecía a la barcelonesa Editorial Cumbre. Mi redactor jefe era Pepe Rodríguez, que años después se convertiría en un escritor de fama ( "Dios nació mujer", "Masonería al descubierto", "Mentiras fundamentales de la Iglesia Católica"... )
Mi colaboración con Zeta había consistido en una columna de humor a base de pullas contra los famosos de entonces, pero ahora hacía una entrevista de varias páginas titulada "Sal y Pimienta acusa", en la que "machacaba" a los famosos a base de duras acusaciones. Me acompañaba la fotógrafa María José Cruces y yo aparecía en las fotos con una toga de abogado.
Los famosos a los que entrevistaba-acusaba eran siempre super famosos ( Pedro Ruiz, José Sacristán, Paco Umbral... ) pero en cierta ocasión nos falló el famoso requerido y no hubo más remedio que hacer un parcheo para solucionar el problema. ( Creo que el ausente fue Santiago Carrillo, pues andábamos desde hacía tiempo detrás de él, y aunque era un hombre accesible - no olvidemos que en ese tiempo, 1.983 o 1.984, ya iba de capa caída en la política y empezaba a brillar en lo mediático - su agenda estaba siempre muy apretada. Así que recurrimos en último momento a un famoso de segunda fila, o de tercera, je, je!, el señor de la foto de arriba.

Jesús Guzmán nos citó en la discoteca o disco pub Long Play, de la plaza Vázquez de Mella ( Madrid ) De entrada fue extraño porque todos los famosos nos citaban en sus lujosas casas o grandes chalés, a excepción de José María García que lo hizo en Antena 3 Radio, en donde trabajaba entonces, y José María Rodero en la cafetería del Teatro María Guerrero, y dos entrevistas se realizaron con público en la sala de fiestas Verde y Plata: Agata Lys y Bigote Arrocet. Pero lo dicho, Jesús Guzmán era un famosote de medio pelo.
Estuvo muy locuaz y un tanto achispado, ya se había tomado algunos bebestibles antes de llegar nosotros. Me comentó en la charla previa a la entrevista que no le gustaban aquellos entrevistados que repetían mucho la palabra "yo" porque se revelaban como egocéntricos.

Segunda parte

Tiempo después de publicada la entrevista acudí a ver a un compañero al Teatro Progreso, Emilio Guardeño, con el que trabajé en la compañía de Paquito de Lucio ( el de la superstición del amarillo, se acuerdan? ) La función era "Habitación para cinco" y su protagonista, primer actor y empresario Jesús Guzmán. El cómico locuaz llevaba haciendo la misma comedia un montón de años porque no creo que recibiese muchas ofertas para hacer otras cosas. Por cortesía llamé al camerino de Guzmán para saludarle, y la que se lió!...
Me recibió con una bronca de órdago. Resulta que yo había contado 28 "yoes" en sus respuestas a la entrevista y se lo hice ver a los lectores. Pues me dijo el muy mentecato que le había tergiversado la entrevista. Imposible meter mano a la entrevista, le contesté, y en efecto, así era, me limitaba a transcribirla integramente, con pequeñas correcciones de estilo, para su publicación en Sal y Pimienta, y la cinta de cassette se pasaba por una emisora de radio de Cataluña, no recuerdo ahora cual, pero me parece que era Radio Cadena. Jamás manipulé ninguna de las entrevistas, pero al cómico de pacotilla  le jodía que le hubiese hecho quedar como a un gilipollas. Y eso no fue todo. Me reprochó el tono de la entrevista, las palabras fuertes empleadas, y me soltó la siguiente perla: "Qué van a pensar mis hijas, que son muy católicas!" Enseguida me di cuenta de cual era el motivo del cabreo: En un momento de la entrevista le acusaba de lanzar los tejos a todas las actrices que trabajaban en su compañía. Mis palabras eran "Me han dicho que se vuelve loco por las bragas de las actrices" Y esta acusación estaba fundamentada en una información que me había pasado un actor y amigo mio que trabajó con él: Paco Barea. ( Ver el post "Desnudos integrales sí, pero no para la censura" ) Esa era la explicación: El hombrecillo de doble moral se había puesto en evidencia ante sus muy católicas hijas. Pero a mi me hizo pasar un mal rato con su ataque de "amor propio" A pesar de todo me quedé a ver la función para no hacerle un feo a mi amigo, la cual no me hizo ni pizca de gracia porque su protagonista era sólo una mala caricatura de un actor cómico.


sábado, 11 de mayo de 2013

Anécdotas de un mejillón y una leona (XXV)

Aventuras majoreteriles en Murcia. Tercera parte y final.




La foto no corresponde a las Majorettes de Barcelona. Nuestras bragas de uniforme eran las llamadas mitukas, que no dejaban nada a la vista, pero se la dedico a Don Mencigüelo con un guiño, je je je...
La foto de nuestras mitukas, mostradas por Milagros ya la pondré cuando toque narrar la actuación de aquel día en Martorell (Barcelona), un día de Navidad.

Seguimos en Murcia. Nos dieron fiesta durante la tercera mañana, mientras en la ciudad se celebraban otros actos. Salí a pasear con unas cuantas compañeras y un coche con tres ocupantes me invitó a acompañarles. Ya los conocía de la cafetería del colegio, estuvieron allí la noche anterior.
Hay que tener en cuenta que yo era más adulta y ellas unas niñas. Hubo una pequeña charla, debatiendo si debía acceder o no. Una de ellas convenció a las demás de que podía ir con ellos, eso sí, memorizando la matrícula del coche por si acaso.

Fui y me llevaron por lo más granado de la ciudad. Yo iba haciendo preguntas del tipo "¿No hay Metro?". "No. Murcia es pobre...".
Luego fuimos a tomar un apertitivo y finalmente me dejaron en el colegio. El que conducía el coche era mayor, otro algo menos, y el tercero era joven, el que más se interesaba por mí.

Aparentemente no tuve problemas por mi acción, nadie me preguntó dónde había estado ni con quien. Juanito y Roberto no dijeron nada.

Por la tarde recuperé mi condición de solista. Finalizamos por la noche, y como era costumbre, montamos en el autocar sin cambiarnos de ropa, directas a Barcelona.
Estaba sentada en el vehículo, cuando mi hermana me llamó la atención, señalándome a unos militares, uno de ellos haciéndome señas. Vaya, era un usuario habitual de la discoteca 'Dragón Rojo', en mi barrio. Me llamaba para que bajara. Calibré el tiempo que aún nos quedaba para poner el motor en marcha, ya que nos podíamos dormir allí hasta que lo hiciera, y bajé. Total, no me movi de al lado del vehículo, si zarpaba, mi propia hermana podía decir que estaba en tierra.
El paracaidista me besuqueó y fardó ante sus compañeros. "Qué morro", pensaba yo, ya que en la discoteca nunca me prestó atención, je je je... Lo que hace ir de uniforme, ¡juas!
Charlamos un rato y me citó en el 'Dragón Rojo' para la semana siguiente en que tendría permiso.

Finalmente subí al autocar y éste arrancó. Hicimos una breve parada en el colegio para cargar nuestras maletas, preparadas desde la mañana y por fin pusimos rumbo a Barcelona.
Iba ensoñada, mirando la carretera oscura, pensando en mi camita para descansar, cuando un coche de la Guardia Civil nos hizo luces y acabó parando delante nuestro cuando nos detuvimos.
Todas nos levantamos de nuestros asientos, deseosas de saber qué pasaba. Juanito habló con uno de los agentes y luego subió al autocar, ladrando algo a la capitana. Esta pasó lista nuevamente (ya lo había hecho cuando nos detuvimos frente al colegio para que cargasen las maletas). Pues sí, nos faltaba una. Estaba en el colegio, el personal fue quien llamó a la Guardia Civil para avisar.

Otro error de la empresa Carrera. Aquella chica había pedido permiso a la capitana para ir al baño y esta se lo concedió, pero no se preocupó de constatar que había vuelto. Burros por aquí, burras por allá...
Encima, a la pobre chica le cayó un palo de reproches, cuando la culpa era de la capitana y de Juanito, inútiles totales.

¿Y la SS femenina? Pues sí, hizo su tarea a conciencia. Le contó a mi madre un montón de burradas. Recuerdo que mi madre me dijo una frase que le había soltado esa: "¡Señora, su hija sabe más que yo...!".
Pues vale, eso seguro que sí, aunque no en el sentido que la carcelera le daba.
Lo gracioso es que mi señora madre quiso acoquinarme, asegurando que el señor Carrera tenía intención de echarme del grupo por mi comportamiento. Mami era tonta, evidentemente, no contó con que yo, creyendo que era verdad lo que me había dicho, envié una carta al viejo, explícando todo lo que había pasado en Murcia y mostrándome asombrada por su decisión.
Entonces fue a mi madre a quien le cayó un palo, reprochándole utilizarle, puesto que él no sabía media palabra de nada y no tenía intención de prescindir de mí.
Nunca vi a mi madre tan avergonzada. Y la carcelera pronto desapareció. La sustituyó la madre de otra majorette, ambas muy simpáticas.

¡La Rueda, amigos míos!


jueves, 9 de mayo de 2013

Anécdotas de un mejillón y una leona (XXIV)





Aventuras majoreteriles en Murcia. Segunda parte

No he encontrado ninguna foto de las Majorettes de Barcelona en los buscadores. Curioso, porque las hay muy antiguas, en blanco y negro y de todo el mundo. Sólo está la mía que publiqué aquí, enlazada a este blog.

Sigamos con Murcia. La madre de Milagros era la carabina habitual que solíamos llevar. Una mujer obesa y de muy mal humor, siempre fiscalizando y gruñendo, parecía una de esas nazis uniformadas de las pelis, crueles hasta el paroxismo. Así salió la hija, creyéndose con derecho a todo por llevar a su madre como carcelera de las demás.
Nos alojamos en un Colegio Mayor de chicos, tanto nosotras como las francesas y su banda. Uy... uy... uy... La SS femenina no estaba acostumbrada a la libertad de las francesas. Había parejas entre ellos y compartían el dormitorio, así que la doña no dormía, no comía, no vivía... ¡Juas! Claro que ella no tenía nada que hacer con las francesas, pero temía que su ovejitas se desmandasen con el mal ejemplo.

Por las noches nos reuníamos en la cafetería del colegio para charlar un rato antes de acostarnos y entablé conversación con el director del grupo francés. En francés, por supuesto. Ese hombre me preocupaba, tenía aspecto de enfermo, a punto de sufrir una apoplejía, gordo, coloradote y con dificultades para moverse. Estaba siempre rodeado de su gente, tanto las chicas como los chicos le mostraban mucho afecto. Me dijo su nombre y que tenía 66 años, y algo de la historia del grupo. Fue una breve charla porque mi francés no era para tirar cohetes, ya que mi familia francesa quería hablar en catalán y castellano cuando venían de vacaciones.
Bueno, eso ya supuso un pecado gordo por lo que pasó a la vuelta. Hablar con desconocidos y en un idioma que la vieja no entendía... ¡Puf! Porque claro, no me limité al director y charlé con algunos de los integrantes, contentísimos de que una española hablara francés.

Noté que a uno de los chicos de la banda lo tenían marginado. Era tímido y muy educado, no participaba de las bromas y risotadas de los demás. Al día siguiente pregunté a una de las francesas qué pasaba con él. Hizo un gesto de desprecio, asegurando que sólo era un borracho. Pues vaya, no creo que Henry lo mantuviera en la banda si no tocaba bien...
El último día, en los pasillos atestados, llevando las maletas, me tendió una nota y se fue inmediatamente. Me daba las gracias por haber sido amable con él. La arpía estaba a la vista y tomó buena nota.

Pero no adelantemos acontecimientos. Milagros consiguió que en la siguiente actuación fuera relegada a tropa. Menudas, ella y su mami...
Empezaron los problemas con el equipo. Encontraron un uniforme que podía soportar mis tetas, aunque demasiado aprisionadas, ¡uf! Las botas. No había de mi número, todas eran demasiado grandes y tuve que usar las mías, negras, cuando las de la tropa eran blancas. Me dieron el bombín como todas. Demasiado grande. Me pasé no sé cuánto tiempo delante del espejo, intentando hacerme el moño bajo que sobresale del sombrero. Narices, no había manera. Un sombrero demasiado grande es eso, se mire como se mire. Me avisaron de que ya salíamos, así que, harta, me hice una "castaña" prieta en lo alto, dentro del sombrero. Al menos su bulto evitaba que me tapara los ojos.
Pero... ese día hizo un ventarrón de miedo. Todos los bombines volaban de nuestras cabezas, incluso el flamante sombrero de copa de pedrería dorada de Milagros. Me fastidió mucho por como llevaba recogido el pelo. No importaba no llevar sombrero si el peinado era bonito, pero por culpa de la inútilidad de la empresa y la envidia de su capitana más antigua, unido a la imposición de la mami SS, era un horror. Parecía uno de esos chiquillos pakistanís que se hacen la castaña en lo alto, a la espera de crecer, ellos y su pelo y poder usar el turbante.
Juanito, Roberto y los agentes de la Urbana andaban locos recogiendo sombreros por la calle, hasta que el primero nos dijo que lo lleváramos bajo el brazo izquierdo. Una actuación de lo más cutre y Milagros se jodió al no poder usar las dos manos para su exhibición.
La Rueda sube y baja... Quiso anularme y quedó anulada ella por intervención del dios Eolo, je je je...

Tendremos que esperar a mañana porque todavía falta bastante.


miércoles, 8 de mayo de 2013

Anécdotas de un mejillón y una leona (XXIII)

Aventuras majoreteriles en Murcia


La foto no está hecha en Murcia, pero es que de allí no tengo ninguna.
El vestido y el sombrero los confeccioné yo. Sí, el sombrero de copa también; tenía un compartimiento secreto para guardar el tabaco, el encendedor, el DNI y dinero. Después de lo que ocurrió en Igualada, que narro en la entrada anterior, toda precaución era poca. El tabaco era porque solíamos tener frecuentes paradas deshaciendo la formación, descansando un rato, ya que los desfiles duraban varias horas y no era plan pedir un cigarrillo a los agentes locales, ¡juas!

Podía hacerlo, me dieron permiso por dos motivos: que ya era capitana y solista, y que tenía problemas de talla con los uniformes habituales, pensados para palos de escoba como Esther, je je je...
A Juanito le encantó el vestido: "Pareces una vedette".

Las solistas hacíamos una exhibición al margen de la formación, tirando la vara al aire y con coreografía propia, marchando delante de la capitana de turno y su tropa. Normalmente era una por unidad, aunque a menudo una sola para todo el desfile.
Las unidades eran grupos con distintos uniformes y tareas, como las abanderadas, y en las Fiestas de la Mercé, a caballo y en moto.
Incluso unas navidades, se formó una unidad haciéndo rodar unos enormes balones. El viejo Carrera me llamó a su despacho para adjudicarme mi puesto: "Tú irás delante, "en" pelotas" (en vez de "con" las pelotas)". Y soltó su risita de viejo verde. No me inmuté, una vez ya le amenacé con partirle encima el asta de una bandera que empuñaba cuando intentó tocarme en ese despacho, aprovechando que estábamos solos.
En esta ocasión, con lo de las pelotas, estaba Roberto. Hizo un gesto de desagrado y le dijo al jefe que lo dejara estar, no fuera a insistir y se ganara un zarpazo. Roberto ya me conocía y sabía que yo no era una ovejita...

Volviendo a Murcia, fuimos para tres días, lo habitual en las fiestas mayores. Nos alojaron en un Colegio Mayor de chicos, vacío entonces por las Fiestas.
No éramos las únicas Majorettes, también habían contratado a un grupo francés, 'Violet Toulosiane', con su propia banda de música. Nosotras no teníamos banda propia y tuvimos que usar la de los franceses, que tocaban enmedio de ambos grupos.
Dada mi carencia de audición, ignoro si fue bien el apaño, ya que yo no oía la música y me movía dando vistazos a mis compañeras, más rápida o más lenta, según lo hacían ellas.
Mientras formé parte de la tropa no había problema al ir en formación, pero claro, otra cosa es estar delante de todas y no enterarte de nada. Afortunadamente, como podía moverme libremente y girar constantemente, lo mantenía controlado vistazo a vistazo.

El primer día de estar allí, vino Juanito por la tarde con un periódico local. Se nos llamaba "Las chicas soldado", aunque no recuerdo más del artículo, ya que no pude leerlo detenidamente, sólo este titular.

Al día siguiente, después de la actuación de la mañana, se nos concentró en unos jardines y el alcalde soltó su discurso delante nuestro, en formación.
Como no me enteraba de nada de lo que decía aquel hombre delante del microfóno y en su tribuna, andaba yo pensando en mis cosas. En esto que veo que mi hermana, unos metros más allá, como tropa, saca su cara de la formación y me dice sin voz: "¡Sonríe!". No entendía nada, pero era grave que se me dirigiése de esta manera, así que solté una esplendorosa sonrisa. ¡Un atronador aplauso, solicitado por el edil, fue la respuesta!
Luego me contó que el alcalde creyó que yo era la capitana absoluta por ser mi uniforme distinto a todos, ya que los de las capitanas y solistas eran de la empresa y tenían reminiscencias de los de la tropa.
El pobre hombre decía en su discurso "La capitana está muy seria... ¿No sonríe la capitana?". Y mi hermana se descuajeringaba diciéndome que Milagros, la capitana de ese día, se estaba partiendo la boca con una sonrisa desesperada que parecía el cuadro del arlequín con la boca tajada de un cuchillazo, ¡juas juas juas!

Su venganza fue terrible. Cuando Juanito quiso hacer una foto de todas en la escalinata de los jardines, le dijo que nos colocara a su gusto para el grupo. Primero me colocó arriba, entre las capitanas y solistas, lo normal, pero... de pronto me sacó de allí y me colocó al final, abajo de todo, debajo de la tropa.
¡Gracias, tonta Milagros!, así me significaste completamente: era única, ni tropa ni capitanas de chichinabo, celosas, envidiosas y vengativas, porque con un uniforme como el mío, era obvio que no formaba parte de la tropa y en la foto aparecí delante de todas, con el grupo completo detrás mío. Jefa absoluta, je je je...
La Rueda gira y muchos desconocen el significado de arriba y abajo ;D

Mañana continuaré con las andanzas de Murcia, que no es bueno soltar un tocho de golpe.



lunes, 6 de mayo de 2013

Anécdotas de un mejillón y una leona (XXII)

Majorettes custodiadas en Igualada



Foto: la leona de la historia en la terraza de su habitación del hotel en Igualada.

Todavía seguimos en mi paso por las Majorettes de Barcelona, antes de que creara mi propio grupo, hasta el moño de lo mal que lo hacía la empresa familiar de los Carrera.
Es que no había manera, oiga, no se hacían ensayos, no se enseñaba nada, las capitanas y solistas llegamos a esto por superación, autodidáctas, el resto era tropa de marcar el paso y mover la vara en tres o cuatro movimientos básicos, de relleno.

En Igualada nos contrataron para tres días, en su Fiesta Mayor. En la primera actuación íbamos vestidas de brasileñas, bailando. ¿Bailando? Eso era como a cada una le parecía que debía moverse... Un horror, en dos filas, como siempre. Hasta que en un descanso, a la capitana de ese turno se le ocurrió que a una señal suya nos cruzáramos, por aquello de un mínimo de coreografía, coño.
Entonces fue mejor, ya se podía decir que era un poco de espectáculo, aunque pobre. Siempre por falta de planificación y total ausencia de ensayos. Caramba, cuando tuve mi propio grupo, los ensayos eran dos días a la semana, hubieran actuaciones previstas o no, y mis chicas hasta daban volteretas en el suelo sin perder la vara, en una coreografía perfecta.

Pero... andábamos tan contentas con nuestro baile, cuando Juanito, el hijo de los empresarios y Roberto, que trabajaba con ellos en plan "gorila", nos hicieron señas de parar y seguir a varios agentes de la Guardia Urbana que nos llevaron a sus dependencias.
Naturalmente, no entendíamos nada, nunca habíamos terminado una actuación de manera tan brusca. Los agentes fueron muy amables y quitaron importancia al incidente, dándonos conversación muy simpáticos.
Luego, una vez en el hotel, supimos por Juanito que unos cuantos igualadinos se habían subido por las paredes ante lo que calificaban de "bochornoso espectáculo indecente". ¡Atiza!, pues si hubieran estado en casa del marqués aquél, con tetas al aire y el desnudo integral de la inglesa...

Se habla mucho de la censura pasada, de los "hombres de negro" en los espectáculos, pero desgraciadamente, cierto sector del público tenía mucha culpa de ello.

Por la tarde y los dos días siguientes actuamos como majorettes, con uniformes distintos en cada ocasión, pero uniformes cerrados hasta el cuello. O esto les gustó más a los exaltados, o la Guardia Urbana los neutralizó. No llegué a saberlo.

Tuve dos incidentes poco agradables. Compartía habitación con una de las capitanas más veteranas, Esther. No durmió en su cama y cuando pedi la llave en recepción, me dijeron que no la tenían, que se la habían dado a "otra majorette". Busqué a Juanito, alarmada, pues tenía dinero y documentación.
Se montó un cipostio de tres pares, primero, porque Esther no hubiera dormido donde le correspondía, y luego por saber quien tenía la llave.
Resultó que Esther se había ido a la habitación de sus amigas y pasó la noche allí. (Tres en dos camas) Juanito y Roberto tuvieron un cabreo de tres pares al haberles burlado una de sus ovejitas. En cuanto a la llave... Esther se la dió a una de sus amigas con la indicación de que se la diera a "la majorette gordita"... Gordita. Esther era un palo de escoba, sin tetas, caderas ni muslos, así que yo, para ella era gordita. Bonito calificativo, aunque no tuvo en cuenta que había otra compañera que me superaba y a ella fue a parar la llave. Cuando Juanito y Roberto aplicaron el tercer grado a la escoba, luego a su amiga y finalmente llegaron a la poseedora de la llave, esta admitió que se la habían dado, pero que no sabía para qué. Joder, coge la llave de una habitación así, sin más, y se la guarda sin preguntar nada.

El segundo incidente desagradable fue el último día. Nos habían dado instrucciones de hacer las maletas y depositarlas todas en la habitación número tal, pues marcharíamos a Barcelona nada más terminar la actuación. Sí, sin cambiarnos de ropa.
Resultó que cuando fui a depositar la maleta en dicha habitación, esta estaba cerrada y no había un alma a la vista.
Fui a recepción, a preguntar. El autocar había partido ya al lugar de la actuación. Me habían dejado abandonada. Jodidos Juanito y Roberto, incapaces de controlar nada, inútiles totales.
No me arredré, pregunté si sabían dónde era la actuación y al afirmarlo les pedi que llamaran a un taxi. Afortunadamente, después del incidente con la llave de mi habitación, llevaba el dinero dentro del sujetador. Vino el taxi, el empleado le dió la dirección y este me dejó en el lugar adecuado. Aún no había empezado la actuación y cuando Juanito me vió llegar en taxi palideció.
No intercambiamos ni media palabra. No hacía falta. Otro grave error de la empresa Carrera.

Por cierto, mi maleta se quedó en el pasillo, ante la puerta cerrada, nadie la metió dentro y suerte tuve de que no desapareciera.


jueves, 2 de mayo de 2013

Anécdotas de un mejillón y una leona ( XXI )

Dos imbéciles en mi vida artística

A veces la gente que me veía en la tele me preguntaba: "Cómo son los famosos?" Una pregunta imbécil porque los famosos son de todos los pelajes, como los no famosos. Y voy a hablar precisamente de dos imbéciles o de dos famosos que tuvieron conmigo una conducta imbécil en determinado momento de sus vidas. ( Esto no excluye, por supuesto, que yo también haya sido imbécil para otros en alguna ocasión. "Nadie es perfecto" como dijo Billy Wilder por boca de uno de sus divertidos personajes )

Primer imbécil: Carlos Larrañaga



Me tocó una escena con él en mi primer trabajo en "Farmacia de Guardia" ( Antonio Mercero para Antena 3 ) Era de noche y él ( su personaje: "Adolfo" ) sustituía a su mujer en la guardia, y lo hacía jugando al poker en la rebotica con varios amigos. Y yo era un hombrecillo que se acerca a comprar condones y se lleva... catorce cajas!, creándose la lógica situación cómica entre el farmacéutico y yo. La cosa fue muy bien, apenas hubo que  repetir, sólo por cuestiones técnicas; Don Carlos irradió todo su carisma de cómico muy ducho en sus menesteres histriónicos.
Y su otra cara, la de la persona amarga, la conocí en mi viaje de regreso a casa. Resulta que me tocó viajar con él en el vehículo que nos puso el departamento de producción, una furgoneta bastante espaciosa. Pues a pesar de mis intentos de hacerle agradable el viaje, no le arranqué una palabra. Ni a mi ni al conductor, un universitario que se pagaba los estudios de esta manera, nos dedicó un monosílabo ni media sonrisa. Se agazapó en el asiento, casi en posición fetal y con la cara ceñuda, ajeno a la conversación que mantuvimos el conductor y yo desde Antena 3 ( San Sebastián de los Reyes ) hasta el centro de Madrid.
Segunda parte: Cuando regresé a esa casa a hacer otro episodio de Farmacia, le comenté lo sucedido con Larrañaga al chofer que me tocó en esta ocasión, y lo que me contó no tiene desperdicio: El día aquel estaba indignado porque él era la estrella rutilante de la cadena televisiva y tenía derecho a un coche de producción o taxi de manera exclusiva, sin que ningún actor mindungui le contaminase con su presencia. ( El precisamente, fíjense, que poco antes había estado condenado al ostracismo, ya que nadie le quería contratar por sus declaraciones mongoloides en favor del regimen de Franco. Y el bueno de Antonio Mercero, que también es un hombre de derechas, pero moderado e inteligente, se apiadó de su desgracia contratándole para Farmacia )
Y ahora viene lo bueno. Este conductor me contó que un día, llevando al "divino" de regreso a su casa, no se le ocurre a este otra cosa que poner los pies en donde hubiese puesto las patas una bestia de carga, con las pezuñas casi pegadas al parabrisas del coche. El conductor le afeó su conducta y el ídolo de multitudes se puso tonto. Total, visto que no rectificaba, el currante le dio a elegir entre sentarse como las personas o abandonar el vehículo. Y en tierra se quedó el pendejo, a la entrada de San Sebastian de los Reyes, medio kilómetro más arriba de Antena 3.


Segundo imbécil: Arturo Fernández.




Otro histrión estúpido es Arturo Fernández, un tontolaba que suele decir lindezas como que no le gusta rozarse con los pobres.
Tenía yo una escena con él en "Truhanes", la serie que se hizo a raiz del éxito de la película del mismo título. Nos dirigía en esta comedia de situación el director Miguel Hermoso. Bueno, pues el "millonetis" no se sabía su papel, y cada vez que el realizador se acercaba, trataba de disimular diciendo que yo no estaba bien colocado, y me ponía las manos sobre los hombros para hacer como que me corregía la posición.
Nada que ver con Don Paco Rabal, con el que compartí el coche de producción viajando hacia el plató y disfruté de una agradable conversación. Ni con la esposa de este, Asunción Balaguer, con la que mantuve una entretenida charla en el coche que nos llevó desde Antena 3 hasta el supermercado de la calle Príncipe de Vergara en donde grabamos una secuencia de Médico de Familia. ( Ella se encuentra con un antiguo amor, "Paco Peña", el abuelete de "Médico de Familia", y yo soy el pollero que les sirve unos filetes de pollo )

Pero el más imbécil de los cómicos imbéciles me lo demostró ser "Jesús Guzmán" Le dedico un capítulo aparte.