Viene de Otro infiltrado
Así era la mujer del teclado fuera de la organización, tal como la conocían Nando, Alex, Josa y sus hermanos y Dori. De pequeña estatura, así como su constitución, pero tremendamente fuerte mentalmente, capaz de salir de cualquier atolladero, plantando cara incluso a la muerte, como su lugarteniente comprobó en su momento.
Nando, después de dejar a Lobo Gris a cargo de la sala de trabajo, se dirigió a la enfermería. Encontró a la mujer bastante recuperada.
- ¿Cómo estás?
- Bien, bastante bien.
- ¿Qué ha pasado?
- Un sonido, Nando, un sonido que me ha dejado fuera de combate.
- ¿Un sonido?
- Sí, si no es por Lobo Gris, al cual no ha afectado el tono...
- Ya veo, los malditos sonidos escondidos que no todos podemos oír...
- Sí, ellos los dominan -y añadió- ¿sabes una cosa? Creo que nos pisan los talones.
- ¿Por qué lo dices?
- Por Lobo Gris -y viendo la perplejidad de su lugarteniente le explicó- Se han infiltrado tanto, que saben que Lobo percibe los tonos de sonido distintos a los humanos, y tal vez esta acción iba dirigida a él, pero han errado y me ha afectado a mí.
- ¡Ja, ja, ja! -rió el lugarteniente- ¡Se han equivocado de espécie!
- ¡Calla, burro!
No había problema, la mujer podía llamar burro a su amigo sin que éste se ofendiera en absoluto. Cuando ambos jugaban antaño partidos de fútbol sala con sus respectivos alumnos, él la machacaba inmisericorde, tirándola al suelo o estampándola contra la pared del gimnasio y ella no se quejaba nunca, se revolvía y seguía marcándole para impedirle llegar a la meta.
- ¿Qué piensas hacer? -preguntó Nando-
- Primero, interrogar al nuevo prisionero. Si, como creo, no hay nada que hacer, será Lobo Gris quien actúe.
Continuará...