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sábado, 19 de diciembre de 2015

Concurso de Relatos Cortos Navideños 2015. IV

Las bases aquí.
 
RELATOS ANTERIORES

El Espíritu de la Navidad
Sin Navidad
Amor y paz

Tradición y gloria mediática. Iñaki Zurbano Basabe





 
Prólogo.


Cuentan las crónicas que nunca el abuelete Faustino se había sentido tan enormemente ilusionado como en aquella ocasión. Y ya verán como en esta historia se mezclan la tradición navideña y el afán narcisista y exhibicionista de sentirnos famosos y admirados por la masa humana desconocida. Aunque, a decir verdad, el abuelete nunca soñó con este tipo de fama. El simpático abuelete Faustino solo quiso darles una alegría a los suyos, especialmente a sus queridísimos nietos. La parte mediática corrió a cargo de su hija Alicia. Pero empecemos por el principio, que es por donde suele empezar todo, incluso los relatos.


La rebeldía del abuelete.

Faustino empezó a dejarse barba y a no cortarse el cabello. "¿Síntomas de chochura?", pensó enseguida su esposa Mercedes, que era una mujer muy seria. "¡Ay, Dios!, ¡Ay, Dios!, ¡que este hombre ya chochea!" Y se encaró con su marido: "Estás horrible con esas greñas y esa barba de mendigo o de político comunista. ¡Ya estás cortándote la barba y el pelo, Faustino!" "Mujer, te he dicho que es una sorpresa y que os va a encantar a todos", respondió el abuelete sonriendo pícaramente como un niño, un Don Faustino que empezaba a dar la imagen de personaje para dejar de ser persona real. El siempre había llevado la cara limpia y el pelo corto, por eso su conducta alarmaba a los que le conocían de toda la vida. Solo había una excepción, su nieto mayor, Iñaki. Este chiquillo estaba encantado con la nueva imagen del abuelete.


La gran noche.

Ya todos lo sabían. Ahora solo había que esperar al show. Toda la familia se hallaba reunida en el salón: papá, mamá, los niños, la abuela, una hermana viuda de la abuela y un hermano soltero de papá. El día anterior el abuelo había llegado a casa con el flamante traje de Papa Noel recién adquirido en Almacenes Coscojuela. Se lo probó y quedó maravillado de sí mismo. Con su aspecto de hombre rollizo y coloradote y aquella barba natural daba una imagen más papanoelesca que el Papa Noel de la Coca Cola.


¡Fatalidad!

Todos esperaban el ansiado momento en el salón, un espacioso salón presidido por el árbol navideño y el Nacimiento. El Papa Noel iba a llegar de un momento a otro. Sus tres nietos preadolescentes también sabían que el archipopular Santa Claus no era otro que el abuelete. A la abuela Mercedes le seguía pareciendo aquello una patochada, pero se lo perdonó a cambio de que no se olvidase ningún día de tomar sus medicinas y se duchase más a menudo. Y, en lo alto de la escalera que comunicaba con el primer piso del bungalow, apareció por fin la figura de traje rojo, cara sonrosada, larga melena y luenga barba del último Papa Noel conocido, el abuelete Faustino, el cual cargaba con unos cuantos paquetes de regalos, unos bajo un brazo y otros en un enorme saco.
"¡Jo,Jo,Jo,Jo!", exclamó el Papa Noel con toda la teatralidad exigida al personaje. "¡Madre del Amor Hermoso, qué patochada!", pensó Doña Mercedes. Reían los nietos como acostumbran a reír los chiquillos ante las ridiculeces de los viejos. Sonreían condescendientes los adultos. Y entonces surgió lo inesperado. Don Faustino sintió un calambre en la pierna derecha, cosa que no le ocurría desde hacía mucho tiempo, pero el cuerpo humano suele dar fastiosas sorpresas en la senectud. Su extremidad se dobló y perdió el equilibrio, cayendo escaleras abajo y dándose un tremendo cabezazo contra la arista de uno de los peldaños. El hostión fue de película.


Epílogo.

No fue necesaria la autopsia. El doctor firmó la defunción y enseguida llegó a casa un precioso féretro y demás ornamentación fúnebre, más el consabido séquito de deudos y vecinos. A pesar de la reticencia de la abuela se impuso el criterio de su nuera Alicia, y el difunto abuelete fue introducido en el ataud con el mismo ropaje del personaje que acababa de interpretar. ¡Jamás un ser vivo contemporáneo lució una mortaja más alegre! "Es lo más justo", argumentó Alicia, "el quiso hacernos felices con su interpretación del Papa Noel y nosotros le rendimos este agradecidísimo homenaje" Pero, en realidad, lo que Alicia pretendía era que el abuelete se hiciese famoso en las redes sociales. Y consiguió su objetivo, pues no faltaron vecinos y familiares que le grabaron con sus móviles, e incluso se hicieron divertidos montajes en los que se le veía aparecer en lo alto de la escalera y acto seguido pegarse el hostión, para después vérsele reposando en la caja mortuoria. Estos planos se combinaban con otros de los concurrentes a la fiesta y al óbito, primero jubilosos y luego tristes. Y habíanlos muy tristes pero sin dejar de grabar. El único que mostró todo el tiempo un semblante feliz fue Iñaki, el nieto mayor del difunto. Por su mente satírica rondaba una idea: "Algún día escribiré un relato fascinante sobre el tragicómico final de mi estupendo abuelete"
 


martes, 21 de julio de 2015

Concurso Veraniego de Relatos Cortos 2015. IV

Las bases del concurso aquí.

RELATOS ANTERIORES: 

Fábrica de Sueños 
Risa cantarina
¡Antes le pegaré fuego!


El chuchete poseido por la nutria. Leona Catalana







Allá en las bellas playas de Calabardina retozaba un chuchete llamado Chiki. Fue regalado a su dueño cuando cabía cómodamente en su mano, una bolita de pelo que inspiraba ternura y ganas de comérselo a besos, a pesar de que no le dejaba dormir, ¡el joío!
Sus amigas, con su mejor intención, lo inundaron de consejos. Consejos más apropiados para un bebé humano, je je je...
Y él, bonachón, con una tremenda paciencia, contaba como se le comía el dedo gordo del pie, con la fruición de estar royendo un trozo de queso, ¡juas! ¡Y los zapatos! ¡Horror, no ganaba para zapatos!

Pero Chiki fue creciendo y descubriendo el mundo que le rodeaba. Le encantaba correr por la arena de la playa y descubrió las olas. Las desafiaba, las atacaba cuando retrocedían y huía cuando subían. Su dueño y los amigos de éste se divertían mucho viendo sus andanzas playeriles sin fin, día tras día.

Llegó el buen tiempo y Chiki descubrió algo nuevo. El agua no estaba fría y había resquicios entre las rocas donde las olas no llegaban con su fuerza avasalladora. Ya no hubo manera de sacarlo de allí.

- Este bicho se ha convertido en una nutria -decía su dueño con ironía, pero feliz, a pesar de que al llegar a casa se lo dejase todo perdido de arena.




Un atardecer, el dueño lo llamó, "¡Chiki! ¡Chiki! Es hora de marchar a casa. ¡Ven aquí, joío!".
Pero no había rastro del chuchete.
Alarmado, el dueño miró en el agua. La luz crepuscular dificultaba la visión. Insistió en llamarlo una y otra vez. ¡¡¡Chikiiiiiiiiii!!! 
Al cabo de dos o tres minutos, cuando el dueño ya estaba más muerto que vivo, vió avanzar una sombra en el agua, directa a él.
¡Era una nutria! "Ay, joder, no, no puede ser Chiki", se dijo. Completamente aturullado, algo en los ojos del animal le dijo que sí, que era Chiki.




Lo sacó del agua casi sin saber lo que hacía porque evidentemente, un perrito no es igual a una nutria y era consciente del cuerpo que sujetaba, nutria sin duda alguna. Lo envolvió en una toalla y se apresuró a ir a casa, esperando que nadie lo viera. Chiki se revolvía dentro de la toalla pero su amo no lo soltó.

Al llegar a casa y dejar el envoltorio en el suelo... ¡salió Chiki, el Chiki de cuatro patas y cola, el roedor de zapatos!
El hombre estaba alucinado. "A ver, no me he pasado con las cervezas, seguro... Yo he sacado del agua una nutria... Esa nutria tenía la mirada de Chiki...".
Decidió consultarlo con una amiga que suele andar en cosas raras, visitantes del Más Allá y cosas así.
Cuando le contó lo sucedido, esta le dijo que metiera a Chiki en la bañera y le contara el resultado. "Ya está la pesada esa, como si Chiki no se hubiera mojado bastante por hoy...". Pero lo hizo. "Mejor, hay que sacarle la sal del pelo". Y...

- ¡Oye, oye! ¡Que se ha convertido en nutria otra vez!
- Lo suponía. Sácalo y secálo.

Así lo hizo, y la nutria desapareció para dar paso a Chiki.

- Pero... pero... pero...
- ¿Has visto la peli '1, 2, 3, Splash'?
- ... ¡¿Y ahora qué?!
- Ahora ya sabes lo que toca, llevar encima varias toallas para que nadie descubra el secreto y te birlen a Chiki para usarlo de cobaya de laboratorio.

De momento nadie lo ha descubierto y Chiki y su dueño siguen siendo felices en Calabardina.

miércoles, 23 de julio de 2014

Concurso Veraniego de Relatos Cortos 2014 (4)

Pinchar aquí para ver las normas del concurso.
 
Relatos anteriores:

1- Fieras en la playa. De Iñaki Zurbano Basabe 
2- Llegado el verano. De Enriqueta Jiménez Herrera
3- Empanada gallega. De Iñaki Zurbano Basabe 

0- Sadismo en el hospital. De Leona Catalana (Fuera de concurso)


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Autor: Enriqueta Jiménez Herrera

El verano de Rupertina



Celia es una señora con 92 años, cuando llego a su casa, lo primero que hago es la comida y una vez lista, preparo el baño para Celia. Subo la persiana me acerco a su oído, y le digo ¡buenos días! Me mira y sonríe y ahí empieza las preguntas. ¿Como te llamas? ¿Cuantos años tienes? ¿Qué vas  hacer de aviar?...

Siempre todos los días las mismas preguntas, y yo las mismas respuestas, con mucha paciencia y tranquilidad, pues es muy mayor y no escucha muy bien. Cuando estoy con Celia se pasan las horas volando, pues nos reímos mucho y estamos muy agustico, le preparo el desayuno y se lo doy.

Cuando estoy recogiendo y haciendo su cama me llama, ¡Rupertina, Rupertina! Que quieres Celia que quieres. Que te vengas aquí conmigo. Espera un poquito ya voy. Me acerco y le digo: cuando termine de hacer las cosas me vengo contigo. Cuando termino me siento a su lado le acaricio y la lleno de besos, porque Celia siempre me dice: te da un bezo, ven aca que te lo de, que no te da ningún bezo, guapa que eres muy guapa, yo ya soy fea y vieja, Rupertina que no le gusta escuchar las palabras que le dice, se acerca y le explica que todas las personas por muy mayores que seamos tenemos nuestra belleza, me mira sonríe y sube los hombros, como si hubiese entendido lo que le digo, llega la hora y me despido. 

Ahora me voy a casa de María. ¡Buenos días, María! ¿Como estas? Un buen abrazo besos chirriantes, y a la faena.También hago de comer y muchas veces desayunamos juntas. María es educada y muy buena, le gusta coser y colaborar en todo conmigo. Rupertina es muy silenciosa cuando esta haciendo las tareas de casa, María cuando lleva rato que no me escucha se acerca y me dice: Rupertina hijamia que a veces parece que no estas aqui. Cuando terminamos nos sentamos en su jardín, y le leo historias del señor bichejo y algunas anécdotas de Leona, y le gusta mucho, cuando llega la hora de irme nos despedimos. Hasta mañana si Dios quiere que pases un buen día. María esta deseando que llegue mañana para seguir contando historias.