lunes, 7 de septiembre de 2015

Concurso Veraniego de relatos Cortos 2015. XX

Las bases del concurso aquí.

RELATOS ANTERIORES:



Fábrica de Sueños 
Risa cantarina
¡Antes le pegaré fuego! 
El chuchete poseido por la nutria
MOSQUITO 
La playa de mamá 
DESTINO FINAL 
Descubrimiento y castigo 
VACACIONES EN EL MAR
LOS PROTOCOLOS NO SON PARA EL VERANO...
Posiblemente una historia triste 
LA OTRA CARA DEL VERANO
Saque de honor 
LA CHAPA
Trueque de amor
KUNG FU de verano
¡Vamos a la playa, calienta el sol! 
Un triángulo feliz
Boca a boca


El Patito Feo triunfó. Iñaki Zurbano Basabe






Era la más pequeña de cuatro hermanas e hija no deseada. Sus hermanas se llamaban Estrella, Gracia y Loreto, pero con ella ya no hubo inspiración, la bautizaron como Josefa, el nombre de la abuela materna.
Josefa, para más inri, era feucha. Bueno, lo era para unos. Para otros, sencillamente, era fea o muy fea.
Sus hermanas nadaban muy bien y a ella le daba miedo el agua, el agua de las piscinas y playas, que no de la bañera y de la ducha, ni el agua que muchos días cae de forma torrencial en su adorada Asturias. Josefa y su familia vivían en el avilesino barrio de La Maruca.
A Josefa le gustaba mojarse con el agua de la lluvia y jugar a echar carreras o a pelearse con los chicos.
"Es un desastre, - comentaban sus hermanas - parece una marimacho - siempre está con guajes, y con diez años y todavía nada con manguitos o flotador"
"¡Qué niña más tonta y más fea!" La llamaban El Patito Feo.
"¡Pobruca!, - decía su madre - "¿a quién habrá salido esta tontina?" 
Pero la "tontina" demostró un gran afán de superación al llegar a la adolescencia. Era la mejor del cole en todos los deportes y tanto su cara como su cuerpo adquirieron los rasgos y las proporciones de una mujercita hermosa.

En todo esto piensa Pepa Zamalloa cuando las televisiones de medio mundo les ofrecen a millones de telespectadores en directo un primer plano de su rostro llorando. Suena el himno nacional de España y se alza en el mastil la bandera. Es la número uno en natación. ¡Tres medallas de oro!... la feucha que no sabía nadar.





domingo, 6 de septiembre de 2015

Concurso veraniego de Relatos Cortos 2015. XIX

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RELATOS ANTERIORES:



Fábrica de Sueños 
Risa cantarina
¡Antes le pegaré fuego! 
El chuchete poseido por la nutria
MOSQUITO 
La playa de mamá 
DESTINO FINAL 
Descubrimiento y castigo 
VACACIONES EN EL MAR
LOS PROTOCOLOS NO SON PARA EL VERANO...
Posiblemente una historia triste 
LA OTRA CARA DEL VERANO
Saque de honor 
LA CHAPA
Trueque de amor
KUNG FU de verano
¡Vamos a la playa, calienta el sol! 
Un triángulo feliz





 



Se llamaba Justino, como Justin Bieber, pero en español, lo cual significaba que era una persona mayor, pues desde hace unos cuantos años no es normal que se bautice a las criaturas con ese nombre u otros como Nicéforo, Abundio o Alcibiades. Los más respetuosos le llamaban Don Justino, aunque nunca había tenido dinero. Pero cierto día le sonrió la suerte en forma de pellizco del Gordo de Navidad. Vale, pues teniendo en cuenta este ascenso social, yo también le voy a llamar Don Justino en el relato. 
Fue el día más feliz de su vida, no tuvo que decir eso de "mientras haya salud" Y el primer gasto que hizo fue una dentadura postiza. Estaba contentísimo. El día en que estrenó la dentadura comió turron del duro y almendras garrapiñadas. Y todo gracias a Dios o al Azar, o a ambas realidades abstractas.
Llegó el verano y diose en pasear por los muelles como todos los veranos, sintiendo la brisa fresquita del mar al atardecer, el olor del salitre, saludando a los viejos conocidos y a los guardias, observando a las chillonas gaviotas y, sobre todo, babeando ante el paisaje de chavalas en topless que tomaban el sol sobre la arena de la playa. "Mira, por ahí viene Millonetis a darnos un repaso", solía decir alguna cuando se aproximaba el abuelete.
Pero ese día, el día en el que empieza a centrarse este relato, decidió acercarse al puente romano que hay entre el final de la dársena y la iglesia de Santa María. Desde él se arrojan los chavalines al agua, compitiendo por atrapar las monedas que les lanzan los turistas.
Don Justino estornudó con tanta potencia que la dentadura le salió disparada de la boca, cayendo en el agua. Un crió que lo vio le dijo: "¿Me da cinco euros si se la traigo?!"; "Si, si", contestó sin pensárselo Don Justino, visiblemente nervioso por haber quedado en ridículo y por miedo a perder su más preciado tesoro. Pero, para su asombro, se arrojaron al agua veinte chiquillos, ¡veinte!
"Pues vaya, puede originarse un conflicto gordo si se pelean entre ellos por mi dentadura, ¡madre mía!"
Pero no ocurrió tal incontingencia porque no apareció la dentadura. ¡Increible!, ¡no podía ser verdad que ninguno de ellos hubiese localizado la dentura!, ni siquiera dio tiempo a que esta llegase al fondo. Algunos mayores les increparon:
"Podeis ver una moneda de euro dentro del agua y no podeis ver una dentadura que es mucho más grande. ¡Vaya un atajo de mamarrachos!"

La casa en donde vivía Angelín con su madre Angela y su abuelo Facundino era la más pobre del pueblo porque sus moradores eran pobretones como perros callejeros. Bueno, no tanto, pero muy pobretones sí.

- Abuelito, te traigo un regalo, ¡toma! - Le dijo Angelín a su abuelo colocándole en la mano la ex dentadura de Don Justino. - ¡Venga, pruébatela!
Facundino recibió el regalo con una sonrisa de esas grotescas de los que no tienen dientes. Y al momento se metió la dentadura en la boca.
No le quedaba tan perfecta como un guante, pero podía apañarse. Aquella noche masticó unas rodajas de chorizo que le compró su hija Angela para que celebrase el acontecimiento.
- Ummm... ¡qué rico!, ya me había olvidado de lo bien que sabe el chorizo.
- Pero ya sabes que no puede ser todos los días, eh, papá. - dijo Angela.
- Y no te olvides de quitarte la dentadura para salir a la calle, no sea que se entere Don Justino. - le recordó Angelín.
- Es solo para comer. - remachó Angela.





sábado, 5 de septiembre de 2015

Concurso veraniego de Relatos Cortos 2015. XVIII

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RELATOS ANTERIORES:



Fábrica de Sueños 
Risa cantarina
¡Antes le pegaré fuego! 
El chuchete poseido por la nutria
MOSQUITO 
La playa de mamá 
DESTINO FINAL 
Descubrimiento y castigo 
VACACIONES EN EL MAR
LOS PROTOCOLOS NO SON PARA EL VERANO...
Posiblemente una historia triste 
LA OTRA CARA DEL VERANO
Saque de honor 
LA CHAPA
Trueque de amor
KUNG FU de verano
¡Vamos a la playa, calienta el sol!



Un triángulo feliz. Iñaki Zurbano Basabe













Érase dos niños vecinos que casi eran amiguitos, y no lo eran del todo porque a menudo andaban a la greña por culpa de sus nombres propios. Uno se llamaba Calcetín y el otro Caracolo. A Calcetín le era muy fácil hacer hacer bromas con el nombre de Caracolo, le bastaba con cambiar la primera O del nombre de su amigo por una U para sembrar la discordia, y no reproduzco aquí el resultado porque suena muy feo, feísimo. ¿Verdad que suena muy feo?; ¿Verdad que la mayoría de ustedes se han escandalizado?
Pues así de perverso era Calcetín, pero no lo era menos Caracolo, puesto que se reía de Calcetín diciéndole que era "un calcetín sin pareja"
"¡Oye, tú, ¿en donde has dejado al otro calcetín?, jajajaja!"
Y ahora os cuento la segunda parte de esta historia:
Ambos estaban enamorados de la misma niña, una niña rubita muy guapa que se llamaba Braga. A la niña le gustaban los dos, pero le era muy difícil decidirse por uno.
Cierto día de verano los tres se encontraron en la playa de Santa Playolanda, una playa muy famosa por prodigiosa, pues en ella crecían los castillos de arena y otras figuras artísticas sin intervención humana. Eran arenas milagrosas. También había palmeras con dátiles sin azúcar para diabéticos, duchas de agua fría y caliente y chiringuitos en donde vendían regaliz, helados, cerveza, marihuana y preservativos.
Braga, que era una niña muy generosa de padres ricachonísimos porque eran supercorruptos, invitó a sus dos pretendientes a whisky con cocacola y preservativos perfumados de la marca Pocholoco, los mejores, e hicieron el amor en las cálidas y cristalinas aguas de Santa Playolanda, felices y contentísimos en la felicidad de su triángulo amoroso novieteril.
- Pues nada, ya lo he decidido, os elijo a los dos como novios. Dos mejor que uno, ¿no? - argumentó Braga.
- ¡Sí! - repuso contentísimo Calcetín.
- ¡Has hecho la mejor elección! - exclamó felicísimo Caracolo.
Y fueron superfelices del todo y comieron un día sí y otro también ostras, caviar, langosta, fabada asturiana Litoral, paella al estilo Coscojuela y butifarra sin independizar poque los padres de Braga nunca dejaron de ser corruptos, ya que les iba bien con todos los gobiernos.
Moraleja: Si Enriqueta tiene una teta es que también tiene otra.




viernes, 4 de septiembre de 2015

Concurso Veraniego de Relatos Cortos 2015. XVII

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RELATOS ANTERIORES:



Fábrica de Sueños 
Risa cantarina
¡Antes le pegaré fuego! 
El chuchete poseido por la nutria
MOSQUITO 
La playa de mamá 
DESTINO FINAL 
Descubrimiento y castigo 
VACACIONES EN EL MAR
LOS PROTOCOLOS NO SON PARA EL VERANO...
Posiblemente una historia triste 
LA OTRA CARA DEL VERANO
Saque de honor 
LA CHAPA
Trueque de amor
KUNG FU de verano



¡Vamos a la playa, calienta el sol! Iñaki Zurbano Basabe











Verano de 2.055

Las playas estaban anunciadas en muchos idiomas, como cortesía de la ciudad de Alicante a sus numerosos visitantes: playa, beach, platja, hondartza, praia, plage, spiaggia, strand... Pero cuando uno ya se encontraba al pie del imponente rascacielos, los anuncios eran más concretos: "playas en plantas 59, 60, 61, 62, 63, 64 y 65"

La abuelita Irma y sus nietecitos Tino, Rosi y Vero, cruzaron el amplio hall de la "Gran Torre de Alicante" o "Gran Torre d'Alacant" en dirección a la zona de ascensores. Una vez en el interior del elevador ultrarrápido "Apolo 11" ( Cada ascensor tenía el nombre de una gloriosa astronave ) pulsó el botón de la planta 61, "playas exclusivas para niños de hasta 12 años acompañados de sus padres actuales o responsables legales" ( lo de "responsables legales" tenía su justificación porque la pederastia se había propagado como el alzheimer en aquella sociedad enfermiza y corrupta de mediados del siglo XXI )
La abuelita Irma y sus pequeñuelos se encontraron en el ascensor con Conchi, una antigua amiga de la abuela, aunque, tratándose de la abuela, todas sus amigas eran antiguas. Se dieron un par de besos tan sonoros - ¡muach!, ¡muach! - que llamaron la atención de una pandilla de jovenzuelos. Algunos incluso se rieron.
- ¡Uy, Conchi, querida, cuánto tiempo sin vernos!, ¿también vienes a la playa?
- Sí, hija, sí, pero no coincidimos. A mi me corresponde la playa de la planta 65, "mayores de 60 años sin niños ni mascotas" ¡Uy, pero que monos son tus nietecitos!
- Son mis tesoros más preciados, hija mía.
- Ya te digo, son guapísimos. Y la pequeñita es un encanto, ¡¿verdad, chiquitina?!, ¡tiki-tiki-tiki!
Los jóvenes estaban escandalizados ante tanta payasería de aquellas carrozas seniles.
- ¡Ay, Conchi, hija, que ya no es un bebé!... Vero tiene tres añitos.
- ¡Cómo pasa el tiempo, hija! Pues en mi playa de la planta 65 han puesto un sol que es como el de Andalucía, ¡qué hermosura de sol!
- Eres una exagerada, Conchi, jamás podrán igualar al sol natural de Andalucía... ¡ni al de Alicante!, es decir, al sol verdadero.
- Oye, me acuerdo ahora de una canción que solía cantar mi madre, una de su época: "¡Vamos a la playa, calienta el sol!, ¡chiri-biri-bi, porom-pom-pom!", no me acuerdo de más.
No hubo tiempo para más charla ni viejas canciones de verano. El elevador se detuvo en la planta 61 y las dos amigas se despidieron con otro par de besos escandalosos.
Irma y sus tres nietecillos disfrutaron de lo lindo en aquella mañana playera. Los niños se dieron al gozo del baño entre olas y remolinos especiales para niños, y montaron en barquichuelas de pedales, y corretearon por la arena, un tipo de arena especial para hacer castillos y otras figuras.
La abuelita Irma y sus nietecitos almorzaron a media mañana en el chiringuito playero, sentados ante una mesa ubicada junto al gran ventanal desde el que se veía una panorámica impresionante de la costa.
La abuelita no pudo reprimir que un par de lágrimas resbalasen por sus mejillas al ver ahí abajo la Playa de San Juan, su playa, la playa de su infancia y juventud, ahora convertida en un vertedero de inmundicias tóxicas, cadáveres de peces mutantes, basura arrojada desde los "cruceros de placer", ballenas y delfines en descomposición... Estaba rigurosamente prohibido el acceso a las "playas antiguas" La Humanidad aún no había resuelto sus graves problemas relativos a la ecología y el medio ambiente. La Amazonia ya era casi un páramo. Pero avanzaba mucho en tecnología punta para crear edificios altísimos e inteligentísimos, así como barcos, trenes y aviones que surcaban el mundo a velocidades escalofriantes. Y el hombre ya había llegado a Marte. El planeta rojo estaba habitado ahora por rusos, estadounidenses, chinos e iraníes y ya se avecinaban los primeros conflictos bélicos interplanetarios.
Regresó a la mente de la abuelita Irma la canción que le había recordado su amiga Conchi y se sintió estúpida al llenársele la cara de lágrimas. 
"¡Vamos a la playa, calienta el sol!, ¡chiri-biri-bi-porom-pom-pom!"




jueves, 27 de agosto de 2015

Concurso Veraniego de Relatos Cortos 2015. XVI

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RELATOS ANTERIORES:



Fábrica de Sueños 
Risa cantarina
¡Antes le pegaré fuego! 
El chuchete poseido por la nutria
MOSQUITO 
La playa de mamá 
DESTINO FINAL 
Descubrimiento y castigo 
VACACIONES EN EL MAR
LOS PROTOCOLOS NO SON PARA EL VERANO...
Posiblemente una historia triste 
LA OTRA CARA DEL VERANO
Saque de honor 
LA CHAPA
Trueque de amor


KUNG FU de verano. Leona Catalana






Catalina era muy inquieta, guasona, y gozaba de gran inventiva para enredar a sus amigos, los cuales solían picar incautamente porque no sólo era buena actriz, sino que se preocupaba de armar sus trolas con toda seriedad y lujo de detalles.
A sus doce años ya gozaba de un amplio historial de bromazos de gran calibre, como cuando le dió a un compañero de clase  un buñuelo de plomo la mar de brillante y guapo, resultado de los trabajos de su padre con el soldador de mano, residúos que quedaban en la tabla de madera, gota a gota, formando casi una joya brillante y que ella despegaba. Le dijo a su amigo que era una joya extraterrestre y se la daba en agradecimiento a su amistad. Su amigo se tragó la trola con un agradecimiento infínito, flipando extasiado.
Claro que luego le contó la verdad, siempre lo hacía y nadie se enfadaba, tal vez por la vergüenza de haber picado, je je je...

Aquel verano estaba de moda la serie de televisión KUNG FU y a Catalina le encantaba. Bajó al pueblo y se compró unas pegatinas corporales con las improntas del dragón y el tigre que "el pequeño saltamontes" se grabó a fuego asiendo con sus brazos el caldero al rojo vivo donde dichas imágenes estaban grabadas.



Se las aplicó en la cara interna de sus antebrazos y salió la mar de chula a lucirlas sin más. Pero... ¡Paf!, era su sino: un chaval de la urbanización le preguntó cómo se había hecho esas marcas. Catalina pensó que si era tonto, había que aprovecharlo.
Le contó una trola de tres pares, que naturalmente, había asido el caldero al rojo vivo en una ceremonia secreta y tal y tal..

- ¿Dónde?
- En una cueva.
- ¿Cual?
- Ahí abajo, debajo de La Miranda.

Esa cueva existía, Catalina había estado con su hermano y otros amigos, pero era de muy difícil acceso, peligroso.
El pesado no la conocía, no era capaz de semejante hazaña, ¡pero ahora sí sabía dónde estaba!
Catalina se dió cuenta de su error demasiado tarde. Bocazas.

- ¿Y puedo ir y encontrar el caldero?
- No. No encontrarás nada, no eres un iniciado.

El chaval empezó a mosquearse: "¡Es mentira!". Catalina intentó mantener su prestigio y dijo que sólo se podía ver de noche, que de día nanay. "Pues esta noche bajaré", dijo el inconsciente antes de irse airado.
"Horror -pensó Catalina- Si de día ya es peligroso y no sabes dónde poner los pies si no te guía alguien que ya haya estado, este gilipollas se me mata esta noche".



Esa noche Catalina apenas cenó. No dejaba de darle vueltas al asunto, preocupada por el chaval.
Cuando se fue a la cama, en la habitación que compartía con su hermana y una amiga de esta que estaba unos días con ellos, les explicó lo sucedido.
Tomó la determinación de salir cuando sus padres se hubieran acostado e ir a La Miranda. Sabía que el chico, igual que ella, pues además, tenía menos edad, no saldría de casa hasta que sus padres se acostasen, antes era impensable.

Cuando la casa quedó a oscuras, Catalina se deslizó silenciosamente hasta la puerta y la abrió. ¡Ja!, la maldita puerta chirrió como un gato al que han pisado la cola. "¡Joder!, nunca me he fijado".
Salió, la cerró y corrió a esconderse debajo de la escalera. ¡Justo a tiempo! Su madre apareció con su viejo camisón y mirada de lechuza, dió un vistazo, no vió nada sospechoso, y cerró.
"Ahora sí que la he hecho buena -pensó Catalina- no podré volver a entrar porque ha echado la llave. En fin, vamos al asunto primero y luego veremos".

Se dirigió a La Miranda, que estaba cerca de su casa, dió un vistazo abajo y no viendo movimiento, se sentó en el suelo, junto al murete de piedra, y se dispuso a esperar. "Anda que si el bobo ya está estrellado más abajo... Glubs". Procuró no pensar en ello y mantuvo sus sentidos alerta.

Calculó que habían pasado como dos horas y nada. "Debe estar durmiendo a pierna suelta y yo aquí, como una tonta".
Se levantó, anquilosada, y regresó a casa, añorando su cama. "¿Y ahora cómo narices entro?"
Saltó la valla del jardín, igual que antes, rodeó la casa y, cogiendo un puñado de gravilla del suelo, se plantó debajo de la ventana de su habitación. Tiró la gravilla a lo alto. La ventana estaba abierta, era verano, pero les había dicho a su hermana y su amiga que estuviesen alerta por si necesitaba su ayuda.
Ni flores. Nada de nada.
"Bueno -pensó- dormiré en la leñera y mañana haré ver que he madrugado".
Narices, la leñera, era incomódisima. "No fastidies, Bobi es capaz de roncar aquí, tan feliz". ¡Ja! Bobi, el pointer, se echaba unas siestas en la leñera porque le daba la gana, que su colchoneta la tenía dentro de casa y allí hacía horas que roncaba, no se había coscado de nada.

Catalina claudicó, se le cerraban los ojos y sólo pensaba en su camita, su blando colchón y su almohada.
Subió y llamó a la puerta. Su madre se pegó un susto al verla.

- ¿Dónde estabas?
- En la leñera -era cierto, ¿no? Je je je...
- ¿Qué bañera? -¡Otia!

Le contó a su madre una trola de las suyas, que había hecho una apuesta con su hermana y la otra a que pasaría la noche en la leñera, pero que había perdido. Mami se lo tragó sin pestañear y le dió un beso de buenas noches.
Cuando entró en su habitación, aquel par de traidoras estaban despiertas, ¡por supuesto! Estaban cagaditas de miedo, las muy cobardes. Claro que habían oído caer la gravilla en el suelo de la habitación, pero no se atrevieron a moverse de sus camas, ¡no se atrevieron ni a respirar!

En cuanto al chaval, se rajó y no fue a la cueva. "Panda cobardes - pensaba Catalina furiosa- todos son unos cobardes de tres pares".