lunes, 28 de julio de 2014

Concurso Veraniego de Relatos Cortos 2014 (7)

Pinchar aquí para ver las normas del concurso.
 
Relatos anteriores:

1- Fieras en la playa. De Iñaki Zurbano Basabe
2- Llegado el verano. De Enriqueta Jiménez Herrera
3- Empanada gallega. De Iñaki Zurbano Basabe 
0- Sadismo en el hospital. De Leona Catalana (Fuera de concurso)
4- El verano de Rupertina. De Enriqueta Jiménez Herrera 
0-2-  Un ángel veraniego. De Leona Catalana (Fuera de concurso)
5- Un verano triste. De Enriqueta Jiménez Herrera 

6- Campo o playa. De Iñaki Zurbano Basabe

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Autor: Jesús

VACACIONES SOÑADAS

Por fin vacaciones, y como tenía previsto enfile para el Camino de Santiago catalán, del que ya había hecho una etapa el año pasado. Justamente de Montserrat a Jorba.



No me costó nada superar el jet lag, a día siguiente de acabar el trabajo, ya dormí toda la noche de un tirón, en vez de los 3 o 4 días que había calculado que me costaría superar el cambio de ritmos de vida. La mochila la monte en un plis plas, no me faltaba de nada del equipo necesario, y encima parecía que no pesaba nada. Así que a la mañana siguiente, enfile para la estación de la plaza España para ir hasta Igualada. Justo salía un tren nada mas llegar, que poco mas de una hora me situo en Igualada. Allí al momento enlace con el autobus a Jorba. El Principio de la etapa y donde lo dejé el año pasado.
Era mediodia, imposible aventurarse hasta la nueva étapa, en La Panadella, así que aproveche para comer en el refugio que regenta el mosen del pueblo, cocinero y hostelero. Un menu de autentica comida catalana por cuatro perras. Allí mismo deje la mochila en una de las taquillas, y me fuí para la piscina municipal a fin de aliviar los calores del mediodía. Donde pase una tarde fresquita y animada en la observación de las lugareñas en top less.
A las cinco llego mi hora de partir. Los 15 kilometros cuesta arriba hasta La Panadella se hicieron casi volando, mas bien parecían cuesta abajo. Llegue sobre las nueve. El hotel estaba lleno pero el refugio casi vacío, de hecho solo habia una pelegrina.
Una brasileña con un parecido extraordinario a Gisele Bundchen. Seguirdora de Paolo Cohelo y mienbra de una secta macumba que había hecho la promesa de acostarse con todos los pelegrinos que encontrara de aquí a Santiago. Pasamos la noche en alegre fornicio.


 A pesar del ajetreo, a la mañana siguiente estaba fresco como una rosa, y encaré con alegría la siguiente etapa, Cervera, donde llegue en tres horas y sin despeinarme.





 Grata fue mi sorpresa al llegar a Cervera que seguian fieles a España igual que en 1714, y lo estaban celebrando con diversos actos patrioticos. Todo eran banderas españolas, no se veía ninguna estelada, ni siquiera senyeras catalanas. Me sentí como en casa. 


Concurso Veraniego de Relatos Cortos 2014 (6)

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Relatos anteriores:

1- Fieras en la playa. De Iñaki Zurbano Basabe
2- Llegado el verano. De Enriqueta Jiménez Herrera
3- Empanada gallega. De Iñaki Zurbano Basabe 
0- Sadismo en el hospital. De Leona Catalana (Fuera de concurso)
4- El verano de Rupertina. De Enriqueta Jiménez Herrera 
0-2-  Un ángel veraniego. De Leona Catalana (Fuera de concurso)
5- Un verano triste. De Enriqueta Jiménez Herrera

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Autor: Iñaki Zurbano Basabe

Campo o playa

Era el gran dilema familiar de todos los veranos para los Berzosa. Don Atanasio Berzosa, el orondo cabeza de familia, solía decir que le daba lo mismo. La opción campestre era el camping "Los Pinillos", y en los bares del pueblo, "Pinillos del Duque", servían exquisitas paellas y jarras de cerveza muy fría, lo mismo que en los chiringuitos de "Playa del Conde", el pueblo de la playa. Por lo tanto, a Don Atanasio y a su monumental barriga paellera-cervecera, les daba igual arre que so, playa que campo.
Doña Sonsoles, la esposa, se decantaba por el camping sin ninguna reserva, porque no soportaba madrugar para clavar la sombrilla en la primera línea de playa. Además, la "piscina olímpica" del camping le era más que suficiente para poner a remojo sus magras carnes.
Felicitas era una catorceañera rechonchita y muy protestona, y sus protestas subían de tono en estas fechas porque ella prefería la playa.
"Jo, el camping es un muermo, no va ninguna amiga mia del cole!"... "Papá, a que te da igual comerte la paella en la playa?"
Don Atanasio sonreía o respondía ambiguamente porque su señora imponía mucho y al final había que hacer su santa voluntad.
Gilbertito tenía sólo siete años, pero también opinaba. El quería playa, como su hermano, porque en la piscina del camping no había rocas para coger lapas ni se veían mamás con las tetas al aire.
Sin embargo, la elección campestre triunfaba casi todos los veranos porque la abuela, Doña Anunciata, era una enemiga declarada de la playa, y tanto que su cantinela se había hecho célebre: "Las playas son muy, muy, muy peligrosas!"
Si a esto le añadimos que el camping - un camping de tercera categoría - salía más barato que alquilar una vivienda de mala muerte en Playa del Conde, lo cual significaba que podían permitirse incluso el lujo de acampar más días, pues santas pascuas, todos al camping de Pinillos del Duque... para desesperación de Felicitas y Gilbertito.
"Pero al final siempre termináis pasándolo bien, y haceis amigos nuevos", les recordaba Doña Sonsoles cada verano, con lo cual sólo conseguía que se enfurruñasen más.



El camping de Los Pinillos estaba situado a unos 150 metros sobre el nivel del mar, y la playa de Playa del Conde se les ofrecía en una hermosa panorámica. Felicitas y Gilbertito hubiesen preferido no verla para no pasarse todas las vacaciones pensando amargamente en ella.
Cierta noche, cuando ya llevaban una semana instalados en el camping, al viento le dio por soplar de una manera inusual para ser verano. Ningún campista pudo pegar ojo en toda la noche e incluso salieron volando tres tiendas de campaña de pardillos que las tenían mal sujetas.
Alguien dio la alarma por la mañana y todos salieron corriendo hacia el mirador desde el que se podía observar una larga distancia de costa y playas. Y lo que vieron les puso la carne de gallina: olas gigantescas estaban convirtiendo Playa del Conde y otros pueblos próximos en una prolongación del mar.
Un señor mayor tenía su transistor puesto al máximo de volumen, y todos pudieron escuchar esto: "Se calcula una cifra aproximada de 1.500 muertos hasta este momento. Algunas personas han logrado escapar. Otras muchas luchan desesperadamente por sobrevivir"
Felicitas se agarró a su padre, estaba asustadísima.
- Papá, eso es un tsunami?
- Sí, hija, sí. Bueno, en mis tiempos se llamaba maremoto.
La abuela aprovechó la conyuntura para soltar su frase fetiche:
- Las playas son muy, muy, muy peligrosas!
Doña Sonsoles le lanzó una mirada furibunda a su marido para espetarle a renglón seguido:
- Atanasio, por Dios, cómo es posible que te estés tomando una cerveza a las siete de la mañana?!
Pero fue Gilbertito el que puso la guinda:
- Mamá, bajamos a ver cómo se ahogan?

sábado, 26 de julio de 2014

Concurso Veraniego de Relatos Cortos 2014 (5)

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Relatos anteriores:

1- Fieras en la playa. De Iñaki Zurbano Basabe
2- Llegado el verano. De Enriqueta Jiménez Herrera
3- Empanada gallega. De Iñaki Zurbano Basabe 
0- Sadismo en el hospital. De Leona Catalana (Fuera de concurso)
4- El verano de Rupertina. De Enriqueta Jiménez Herrera 
0-2-  Un ángel veraniego. De Leona Catalana (Fuera de concurso)


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Autor: Enriqueta Jiménez Herrera

Un verano triste




Rupertina normalmente trabaja por las mañanas, a veces por la tarde y algún fin de semana. La convivencia es difícil en algunas ocasiones, y ahí de todo un poco. Un día recibió una llamada de su orientadora Quintina, ¡¡ rim rim!!! 

- Digame, Rupertina al habla.
- Hola, soy Quintina. Mañana vamos a un domicilio donde trendras que asistir una larga temporada.
- Muy bien.
- Apunta la dirección. A las diez te espero. Hasta mañana.
- Hasta mañana- le dijo Rupertina.

Dadas las circunstancias ya no sentía miedo, ni correr al baño, pues se sentía segura y sin miedos.

Llegada la mañana me presento al domicilio, y espero a mi Quintina. "Será raro que llegue puntual, es muy despistada con los horarios". Mi mirada se queda fija en una calle, y a lo lejos veo a una mujer muy acelerada, y conforme se acercaba veía que era Quintina, al llegar a mi lado me dice:

- ¡¡¡Rupertina!!! ¡¡¡Rupertina!!! ay ay ay, vengo a uña caballo, y afisia.

- Tranquila mujer que no e pa tanto, a ver que no te cunda el pánico, ya estamos aquí.
- Tu sabes que yo soy muy puntual.
- Si lose no te preocupes- Rupertina pensó,"si si si sobretodo puntual" -anda mujer bebe agua que te va hadar un jamacuco, vamos subiendo anda anda.

Tocamos a la puerta , y nos abre una señora de pelo rojo y sus gafas también, iba muy conjuntada.
-Hola, me llamo Lumi de Iluminación.
Nosotras también nos presentamos. A mí su nombre se me quedo grabado en la mente, ¡¡COÑO¡¡¡¡ Iluminación. Entramos al piso, era muy grande y muy completico de todo, fotos, figuras, cuadros, vaya de todo, al llegar a la salita estaba sentado en una silla de ruedas un señor, calvo con gafas y parecía bastante alto, nos miro con un semblante muy serio, apenas hablaba pues su enfermedad no se lo permitía. 

Rupertina lo miraba con disimulo mientras transcurría la conversación, con Lumi y sus hijos. Juan Pepe es doce años mayor que Lumi, llevaban toda la vida juntos, él se acuerda cuando nació su mujer y la vio crecer, le enseño a escribir y leer. Juan Pepe y Luminación llevaban toda la vida juntos, se casaron y tuvieron tres hijos.

La convivencia transcurre con normalidad, días semanas meses, hasta poco mas de un año, una noche Rupertina recibe una llamada, que ya esperaba mas tarde o mas temprano.

- Rupertina mi padre esta muy grave.
- Vaya por Dios hijamia. Mañana nos vemos. Adiós.
- Adiós.

A la mañana siguiente sentí mucha tristeza pues sabia lo que estaba por venir, toco la puerta y Lumi se abraza muy fuerte.
- Ya no podemos hacer nada, sólo esperar.
Yo no podía hablar, sentia que me ahogaba, tuve que esperar a ir. Cuando entre a la habitación realice mi trabajo como siempre, pero con mucha delicadeza, a Juan Pepe le quedaban horas de vida. 
- Ya me tengo que ir. 
- Gracias muchas gracias decía Lumi.
- De nada.
 Aquella mañana hablemos lo justo. Al bajar las escaleras estaba muy mal, sentí que me ahogaba, llegando a mi coche arranque y tire calle arriba, las lagrimas caían una a una por mis mejillas pecosas, no veía las calles ni las señales, pare el coche unos metros mas lejos de la prosima casa que tenia que llegar y continuar con mi trabajo, tranquilizarme y pensar, así es la vida,doy gracias a Dios por darme la oportunidad de haber conocido a Juan Pepe y Lumi.


BESOS Y ABRAZOS MUY FUERTES PARA TODAS LAS PERSONAS QUE CONOZCO Y HE CONOCIDO.

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Enriqueta dedica este relato a su prima Carmén Aguilera Herrera