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viernes, 27 de septiembre de 2013

TECLEANDO EN... OTOÑO. (XVI DE VERANO)

Un visitante sorpresa

Viene de La ira de los machos

El ambiente en la sala de trabajo estaba al rojo vivo. La mujer del teclado ordenó a Nando que sentara a Rosa en la silla de brazos en la que había estado aposentada antes de saltar sobre él como una hiena rabiosa.
- ¡Me importa una puta mierda Álex! -vociferó la traidora mientras Nando la obligaba a sentarse y la miraba, entre rabioso y consternado-
- ¿Qué dices? ¿No te importa que Álex sufriera daño, que pudiese morir por tu culpa? -preguntó el lugarteniente atónito-
- ¡Álex es tu amigo, no el mío! ¡No me importa si le pasa algo!
Nando estaba anonadado. Tantos años juntos los tres, él, Álex y Rosa, en el gimnasio donde entrenaban y preparando a niños en colegios...

Lobo Gris alzó las orejas, miró hacia la puerta y sin esperar permiso de su ama se puso delante para abrirla.
Allí estaba Álex. Había estado dudando de si abrirla tecleando su identificación porque sabía que algo grave ocurría dentro y no quería interrumpir, pero el huargo le dió paso tranquilamente y la mujer comprendió que se trataba de algo importante.
- ¿Qué hay, Álex? -preguntó la jefa con su tranquilidad habitual-
Rosa y Nando también lo miraron, ella inquieta y el lugarteniente sorprendido.
- Perdón por interrumpir... Yo no he abierto la puerta...
- Lo sé, Álex, ha sido Lobo Gris -le tranquilizó la mujer- ¿Ocurre algo?
- Hemos encontrado a un hombre vagando por las instalaciones. No es de los nuestros, no lleva el uniforme y parece perdido, quiero decir que asegura no saber qué hace aquí.
- ¡Otro infiltrado tuyo, Rosa! -bramó Nando furioso-
La mujer se levantó y puso su mano en el hombro de su lugarteniente para recomendarle calma, al tiempo que se dirigía a Álex.
- ¿Lo has interrogado? ¿Qué dice? ¿Cómo se llama? ¿Has sacado algo en claro?
- No mucho -contestó el guerrero con su habitual rostro impasible- Dice llamarse Bonifacio, o Mencigüelo, o... -y Álex se encogió de hombros en un gesto de impotencia- Creo que está chiflado... No sé... Pero no parece peligroso.
La mujer del teclado abrió unos ojos como platos.
- ¿Qué aspecto tiene?
- De unos cincuenta años, baja estatura, dicharachero, cuenta muchas cosas divertidas, no calla y...
La mujer estalló en una enorme carcajada que dejó a todos atónitos, delante y detrás del vidrio blindado.
- ¿Sabes quien es? -preguntó Nando-
- Creo que sí, a menos que se trate de "las cosas" de Rosa, pero por la actitud de Lobo Gris, pienso que no -y dejó ir una sonrisa- Nando, lleva a Rosa a una celda, la interrogaré más tarde. Y Lobo te acompañará -añadió sin dar pie a discusión alguna-
- Bien...
- Y no te quedes con ella a hablar, por esto quiero que Lobo te acompañe. ¿Entendido?
El lugarteniente asintió. Era consciente de su tremendo error que había puesto en peligro a sus amigos y al mundo entero, así que bajó la cabeza y se dispuso a cumplir las órdenes de quien siempre se había mostrado más inteligente que él.

- Llévame ante el Paeloris, Álex -dijo la mujer, aunque éste no comprendió la palabra, pero supo a quien se refería-
Los cinco salieron de la estancia, dejando a los romanos sorprendidos. Atia hizo un mohín desdeñoso mientras se llevaba a la boca una pasa -porque aquella gente comía sin parar, picando a todas horas-, y ante la mirada perpleja de los demás se limitó a masticarla con fruición mientras pensaba para sus adentros que el hombre encontrado era como Timon, el judío que ella usaba para sus necesidades varias, ya en la cama, ya asesinando a quien ella le indicara. Qué equivocada estaba. En todo.

Continuará...