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martes, 10 de septiembre de 2013

TECLEANDO EN VERANO (XII)

Traición

Viene de Los de la XIII legión Gemina



Las puertas de la sala de trabajo se abrieron y el lugarteniente entró sonriente, acompañado del lobo.
- Lobo Gris me ha dicho que venga.
- Sí -dijo la mujer-, se lo he pedido porque ha estado investigando según mis instrucciones.
- ¿Ha encontrado algo bueno?
- Tal vez... Mira esta lista, son sospechosos de traición - y le tendió un folio-
Nando fue leyendo los nombres. Ahora estaba serio, todos sus sentidos alerta; llegó con ganas de broma, como siempre; una vez, mientras la mujer firmaba un documento, él se entretuvo pintarrajéandole la mano con un boligráfo, con la que firmaba, sólo por bromear, esperaba que interrumpiese la firma o le saliera un garabato. Ni lo uno ni lo otro, la mujer acabó la firma, imperturbable y no dijo nada, como si no hubiera pasado. El lugarteniente admiraba a la mujer, la había puesto a prueba muchas veces y en una ocasión fue él quien le pidió ayuda en un asunto personal, muy íntimo.

Al leer el último nombre de la lista su rostro cambió, abrió la boca, en un gesto de franca sorpresa y miró a la mujer, aunque no le salían las palabras, sólo negaba con la cabeza.
- Lobo Gris no se equivoca, Nando, sabes que es imposible. Bucea en la mente y "ve" hasta lo más oculto y recondito.
Nando miró al huargo que estaba a su lado, el cual le devolvió la mirada, confirmando lo que había dicho la mujer. Se hundió. Apretó los puños y se volvió de espaldas, derrotado, se llevó un puño a la boca y lo mordió, un gesto característico en él cuando se sentía impotente, cuando sus casi dos metros de estatura y sus músculos de acero no le servían de nada ante algo que precisaba otros medios que no fueran la fuerza física y tenía que aparcar esta.
La mujer lo observaba con tristeza. Era consciente del tropel de sentimientos que embargaban a su lugarteniente y por un momento pensó si debía temer una reacción no deseada. Miró al huargo para que estuviera alerta, pero no era necesario, Lobo Gris no perdía detalle de la mente del hombre.

Detrás del vidrio, Tito Pulio apretó las mandibulas y su rostro era una máscara que reflejaba el odio a la traición. Lucio Voreno se mantenía sin expresión alguna, acostumbrado a ello, siempre sirviendo a los que mandaban, sin exteriorizar sus sentimientos, pero su mente volaba.
Atia estaba muy interesada, aunque por el lugarteniente. Nunca lo había visto así, las pocas veces que había entrado en la sala de trabajo fueron para detener a alguien y lo consideraba un soldado más, sin ningún interés, pero esta reacción, sumada al hecho de una traición, había despertado su instinto libidinoso. "Qué lástima que nos separe esta dura pared transparente", pensó, soñando en gozar sexualmente de él.
Marco Antonio seguía con su sonrisa sardónica, no muy consciente ya de dónde estaba, puesto que seguía viendo a Octavio como el adolescente del principio y no se había dado cuenta de la ausencia de los otros.
En cuanto a César Octavio, luego llamado Augusto, continuaba tranquilo, observando lo que ocurría, esperando la promesa de la mujer del teclado. Así sería su vida al casarse con Livia, siempre dejando en manos de una mujer inteligente el gobierno de Roma.

Continuará...

lunes, 9 de septiembre de 2013

TECLEANDO EN VERANO (XI)

Los de la XIII Legión Gemina

Viene de La misión de Lobo Gris





Lobo Gris entró en la sala de trabajo y fijó los ojos en su ama. Bastó poco para ponerle al corriente de lo que había descubierto, mientras Atia seguía chillando histéricamente.
"Menuda pesada", pensó ésta, "Parece una de esas tertulianas de programas basura de televisión". Afortunadamente no era la TV y la mujer del teclado siguió ignorándola. Había decidido no responder más que a quienes mostraran un mínimo de educación porque ya se estaba hartando de que ni siquiera le dejaran hacer el trabajo, y eso que era por su bien. En realidad, sólo Atia era inaguantable.

 Después de "escuchar" a Lobo Gris, le hizo un leve gesto con la cabeza y el huargo se sentó a su lado. Tecleó en su ordenador, cuya pantalla, enorme, estaba detrás de ella, a la vista de los "visitantes" y empezaron a salir fotos de todos los residentes en el edificio, uno a uno.
El lobo dejó ir un gruñido ante uno u otro y la mujer tomaba nota rápidamente, confeccionando un fichero. Eran pocos, pero importantes por el significado. Hasta que se quedó anonadada. Lobo Gris había gruñido ante una foto y ella no se lo esperaba. Lo miró a los ojos, pero el huargo se lo confirmó sin lugar a dudas. Ella no dudaba de Lobo Gris, sabía que no se equivocaba.

Guardó el fichero y quedó triste, muy triste. Tanto, que el huargo se alzó sobre sus patas hasta los hombros de ella, queriendo consolarla, o tal vez infundirle ánimos. Ante la evidencia, ella no supo lo que "decía" el enorme huargo.

Detrás del vidrio, dos personas entendieron algo de lo que pasaba por haber sufrido en sus carnes la traición: Lucio Voreno y Tito Pulio, los valientes de la XIII legión Gemina. El primero era rubio y de ojos azules, gran jefe; el segundo, siempre con el pelo casi rapado, putero, borracho y buscando pelea, pero, a pesar de ser como la noche y el día, eran amigos. Cuando Tito Pulio fue sentenciado a morir en las arenas del circo por haber matado a un comerciante muy conocido -lo cual fue por órden de Julio César, por cierto, pero era un secreto...-, luchó bravamente aunque primero no quiso defenderse, aceptando su destino, pero cuando los gladiadores insultaron a la XIII legión por haber pertenecido a ella, saltó como un tigre y los derrotó. Más entonces salió un gigante y Pulio ya estaba que no se aguantaba. Lucio Voreno era entoces cónsul, estaba allí, mirando los acontecimientos y finalmente se quitó la toga, saltó a la arena y cogiendo una de las espadas esparcidas en la arena ayudó a su amigo contra el gigante.
Ambos fueron famosos, el pueblo gritaba enfervorecido. "Pan y circo". Aún faltaba mucho para que Marco Antonio se fuera a pegarle polvos a Cleopatra y el grano no llegase a Roma.

¿La traición? A Lucio Voreno su esposa, que mientras él se mantenía casto en la Galia durante ocho años, sin tocar a ninguna mujer, ella tuvo un hijo con el marido de su hermana, convencida de que había muerto.
Lo del putero fue peor, ya que cuando al volver a Roma se enamoró y esperando ser padre, su esclava envenenó a su esposa y al hijo que llevaba en el vientre para hacerse con él. Lo descubrió cuando la esclava -ya su pareja de hecho-, agonizaba. La fulana temía que Nemésis no le dejará entrar al Más Allá, así que largo con pelos y señales. Tito Pulio la estranguló y luego tiró su cadáver a una charca ante los ojos de todo el vecindario.

Los antiguos legionarios entendieron más que nadie a Lobo Gris y a la mujer del teclado, era como si ellos también gozaran de telepátia.

Continuará...